El Rey de los mapas

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profe eppd 01Foto: Alexis del Toro

Casi ochenta años de edad y alrededor de cincuenta dedicados a la vida militar y a tareas vinculadas a ella como trabajador civil, cuentan la rica trayectoria de vida de Germán Jordán Oliva, iniciada en el corazón de la Sierra Maestra, donde creció y se convirtió en el hombre incansable, fiel a las causas de la Revolución cubana.

Jordán o el Rey de los mapas, como le conocen sus colegas en la Escuela provincial de Preparación para la Defensa “Comandante Juan Vitalio Acuña”, atesora un sinnúmero de anécdotas de su infancia relacionada con Fidel, el Che, Camilo y la vida de los rebeldes, que bien pudiera escribir un libro con sus memorias.

Aunque de eso no habló, seguramente lo ha pensado, pues su admiración por esos grandes hombres de la historia, principalmente el Che, es la fibra que permea sus principios y lo inspira a mantenerse firme en sus ideas y en la misión de contribuir con la preparación para la defensa de los holguineros que transitan por la escuela, pese a su avanzada edad.

De cuna muy humilde, el integrante de una prole de ocho hermanos, habla de su eterno agradecimiento a la Revolución porque fue lo que dignificó a su familia y al campesinado cubano, que hasta entonces solo conocía de explotación y maltratos.

Bien lo sabe él, que vivió las crueldades del capitalismo de los años 50, bajo la dictadura batistiana y la feroz arremetida contra quienes facilitaban la vida de los rebeldes, como “el caso de Antonio, dueño de una bodega que por suministrarles mercancía lo torturaron, le sacaron los testículos, los ojos y las uñas. Todo lo contrario a Fidel y su tropa”, recuerda.

En lo más intrincado de la Sierra Maestra creció Jordán, “el profe” que hoy dedica su tiempo a formar a las nuevas generaciones en la defensa de la Patria.

¿Cómo recuerda aquellos años?

De mucho trabajo y sacrificios. Nos levantábamos por la mañana y nos íbamos para el trabajo hasta por la tarde, junto con el viejo. Mi papá fue bastante duro en la crianza, pero yo lo agradezco, porque nos formó. Quería que sus hijos fueran igual de trabajadores.

Llevábamos una vida de “indígenas” prácticamente. Nos movimos de dónde vivíamos para un claro, (lugar menos montañoso). No había casas. Hicimos un “vara en tierra” y ahí seguimos nuestra vida. Tenía que esperar la noche y mirar las estrellas, porque allí no se veía la luz”.

¿Cómo conoció a Fidel?

Lo vi por primera vez en un lugar llamado Los Arroyones. Estábamos allí porque nos habían desalojado. Eutimio Guerra, que luego resultó un traidor, había corrido la noticia de que iban a bombardear la Sierra y teníamos que abandonar el lugar. Nos establecimos en una casa que era punto de reunión y ubicación de los rebeldes que subían a la Sierra.

¿Qué recuerda de ese primer encuentro?

Después que el avión bombardeó el Cerro de Caracas, ellos se dispersaron, pero volvieron al punto de reunión, parte de las estrategias de la guerra de guerrilla. Nosotros no nos imaginábamos que eran los rebeldes. Una tarde, día 4 de febrero de 1957, mi hermano mayor y yo estábamos jugando en un secadero de café cuando vimos llegar a un grupo de gente armada. Entre ellos Raúl Castro, Camilo Cienfuegos…andaban con casco. Pensé que eran los casquitos. Después mi hermano me dijo que era Fidel Castro con los rebeldes. Ya teníamos conocimiento de que andaban por allí y a qué se dedicaban. Me embargó la emoción.

¿Qué les hacía creer en Fidel?

Sus valores. Fidel respetaba hasta al enemigo. Cuando el combate de La Plata pidió al Che curar primero a los prisioneros. Era grande su humanidad, su fé en el triunfo, las ideas, y el optimismo pese a las difíciles circunstancias. Lo escuchaba mucho hablando de lo fundamental que era el hombre, el campesino, darles las tierras si triunfaba la Revolución y así lo hizo con mi padre, le dio propiedad que nunca habíamos tenido. Los rebeldes decían que Fidel no debía morir, había que cuidarlo.

Yo soy fidelista. Crecí con esas influencias. También conocí al Che y a Camilo. Vi como actuaban con los niños, como nos apadrinaban, la forma en que vivían, lo que comían…tan iguales como nosotros.

¿Y después del triunfo de la Revolución?

Me incorporé a la milicia. Tenía 14 o 15 años cuando la Crisis de Octubre. Tuve que movilizarme. En mí nació el espíritu de los rebeldes que luchaban, no tenían miedo, enfrentaban al enemigo. No pude irme para el Escambray porque me dio paludismo, pero en la Sierra, al este del Turquino, tuvimos acciones.

Estuve en un sector de lucha contra bandidos que se creó en El Uvero, hasta el año 65 que me mandaron a pasar una escuela de guerra de guerrilla, en la que fui luego profesor de ingeniería militar. Impartí como tres cursos, uno de jefe de compañía. Y yo, con un tercero o cuarto grado, tuve que aprender las fórmulas matemáticas para calcular el explosivo que llevaba la madera, el hormigón armado, el metal. Me preparé y sentí que los compañeros aprendieron. Ese mismo año pedí la baja porque ya había cumplido mi tarea, defender la Patria, mi objetivo no era hacer vida militar ni ascender en grados.

Mientras llegaba estuve movilizado en tareas de la caña, el café. Pasé luego al batallón de seguridad del Estado Mayor del Ejército. Yo había transitado por unidades en las montañas, en Baracoa, Manzanillo, pero no en una como esta, con otras condiciones de vida. Ya tenía mi familia, tres hijas y mi esposa. Me asenté ahí hasta que regresaron las tropas de Angola.

Yo quería ir, porque quería ser útil como el Che, siempre dispuesto a dar la vida por la liberación de los pueblos, pero ya había otra persona designada para la misión que me correspondía como jefe de grupo y me bajaron del avión. Pedí ir como soldado. Nunca llegó la oportunidad.

¿Cómo llega entonces a ser profesor en la Escuela de Preparación para la Defensa?

En el 1997 me licencio y me voy a trabajar como técnico de seguridad en Planificación Física. Luego me llaman de la Región y me proponen ser profesor de Topografía en la escuela. Otro reto. Cogí el programa y me preparé en los temas. El jefe de la cátedra me ayudó bastante. Durante mi estancia en las FAR aprendí muchas materias, clases tácticas y de tiro. Ese conocimiento general es útil para llevarlo a la práctica en una acción combativa. Y eso me dio la base para ser profesor, tenía una idea general.

¿Qué importancia le concede a la preparación?

Es donde el hombre adquiere los conocimientos. Por ejemplo, en lo que a topografía se refiere, hacer uso lógico de las características del terreno, que se dice es el dictador de la guerra, por eso es importante conocer las cualidades tácticas que brinda, para aprovecharlas en beneficio de la misión. Todas las asignaturas aportan conocimientos de cómo defenderse, y desplazarse en el terreno, para no convertirnos en un blanco fijo del enemigo.

¿Por qué le dicen el Rey de los mapas en la escuela?

Uno de los temas que se imparte sobre la topografía es el uso y explotación de los mapas, que son una representación gráfica de la superficie. A través de las curvas de niveles que aparecen en los mapas se tiene una idea de las características o la forma típica del terreno. Pienso que el mote viene por mi desempeño, aunque no me considero un as en la materia, solo estudio para poder enseñar.

Satisfacciones...

He aportado a la Patria todo lo que he podido. No hay algo más justo que la sociedad nuestra a pesar de todos los problemas. El sistema no está diseñado para lo que está sucediendo, ha fallado la conciencia del hombre.

¿Qué mensaje le transmite a las nuevas generaciones?

Que como nos enseñaron Fidel y el Che, el hombre es lo fundamental. Hay que defender las ideas. Cuando peor está el momento y más peligro se siente, es cuando más seguro y optimista hay que estar. Y que la fuerza moral es lo que nos sostiene y defendemos.

Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
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Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fan de las redes sociales

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