Que no se nos rompa la sensibilidad
- Por Reynaldo Zaldívar
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Fotos: Del autor
No hacía falta un gran presupuesto ni una campaña oficial. Bastaron escobas, trapeadores, detergente, un poco de cloro y, sobre todo, la decisión de hacer el bien. En el hospital pediátrico de Holguín, un grupo de jóvenes y profesores de las Universidades de Holguín y Ciencias Médicas, junto a un grupo de trabajadores y directivos de la Cervecería Bucanero, han puesto en evidencia una verdad incómoda, pero luminosa: cuando se tambalean las estructuras entre la crisis económica y los problemas orgánicos, aún puede salvarnos el alma colectiva.
Mientras limpiaban salas y baños, Emily Daniela, estudiante de primer año de Ingeniería Industrial, recibió quejas de una madre molesta por el agua en los pasillos. "Pero solo fue una madre. Los demás de las salas sonreían y hablaban entre ellos de la hermosa obra de limpieza que se estaba haciendo. Saben que la sala quedará limpia", dijo. Y Rocío Isabel Oliva, de primer año de Medicina, lo resumió con una verdad sencilla: "Si todos los jóvenes se sumaran a labores como estas, nuestro país sería un mejor lugar".

No se trata de un acto aislado. Es la tercera vez que Erick Justo Laffita, de 21 años, promotor de salud de la Red Jóvenes por la Vida, participa en estas labores. "Me emociona el cambio que dejamos, pero sobre todo la satisfacción de los niños, sus ojos llenos de agradecimiento", confiesa. Liliana Peña Isada, enfermera con dos años en el centro, nunca había visto una limpieza tan profunda. "Ni aunque la auxiliar se esfuerce mucho puede hacer lo que estos muchachos han hecho hoy", admite.
El doctor Héctor Pupo Rodríguez, director del hospital, lo calificó como "una actitud maravillosa". Comentó que la acción implica un impacto social de incalculable beneficio, "sobre todo para nuestra institución, porque tenemos baja cobertura de auxiliares. La madurez y el respeto con que lo hacen, la energía... las enfermeras, los especialistas, todos agradecemos mucho este trabajo", expresó.

El director explicó la correlación entre la salud y la higiene. "Prevenir enfermedades y dar confort a las salas no es un lujo; es un derecho elemental que estos jóvenes han restaurado con sus propias manos."
Pero no todo es épica. La Dr.C Anabel Naranjo Paz, coordinadora del Observatorio Social de la Universidad de Holguín, hizo una reflexión necesaria: "Que se acumule tanta basura responde en gran medida a la falta de higiene de muchos padres. Tiran los desechos en el piso, dentro del baño". No se trata de culpar, sino de asumir que la limpieza no puede ser solo un acto heroico de trabajadores o voluntarios, sino un hábito compartido.

Alberto Willian Rodríguez, secretario de la UJC en la Universidad de Holguín, recordó: "Se ha pedido que los jóvenes tengamos protagonismo en la cotidianidad del país. Aquí estamos. Esta es nuestra obra".
La acompañante Nathali Gómez Ochoa, mientras subía las imágenes desde el perfil de su madre —porque su teléfono estaba apagado—, sentenció: "La gente acostumbra subir a Internet solo lo malo, las críticas. Esto hay que mostrarlo".
Y entonces aparece Yúlyen. Tiene cinco años, su nombre significa "Niña de la luz" en japonés, y mientras dibujaba en su cuaderno dijo: "Respiraremos aire puro". Quizá sin saberlo, ella entendió lo esencial. Porque esta jornada, que fue mucho más que un voluntariado, se inscribe en la Jornada del Cariño "Martí en los holguineros": una iniciativa que potencia el cariño y la unidad como principal arma ante la crisis social.

José Martí advirtió hace más de un siglo que hacer bien a otros es el único modo de alcanzar la verdadera felicidad. Sentenció que los hombres han de ser, además de cultos, útiles. Estos jóvenes no esperaron que la solución llegara como notas al pie de un documento oficial. Se vistieron "de andar", como decimos los cubanos, cogieron los trapeadores y se pusieron a limpiar.
El padre Esteban Malariaga había comprado útiles de limpieza y ya tenía pulcro el baño cercano donde su niña está hospitalizada. "Pero sé que no todos pueden o desean hacer lo mismo. Estos muchachos han dado solución a una problemática medular. Dios ha de estar muy feliz al verlos".

"Recuerdo cuando vine la semana pasada a visitar a una amiga que estaba aquí ingresada con su niña. El olor no es el mismo. Hay un olor a limpio incomparable", dijo la estudiante Melani Blanco Caballero, que participó en las labores.
Andrea Sánchez Osorio (quien lleva algunos días ingresada con su niña, enferma de bronconeumonía) comenta que ha estado ingresada muchas veces, pero que es la primera vez que ve una limpieza tan profunda. "Ellos están limpiando con tremenda intensidad, amor, con detergente que no afecta a los niños de respiratorio".

"Que no se nos rompa la sensibilidad", pidió el Dr. C Alexander Abreu al concluir. Esa sensibilidad, la que empuja a alguien a fregar un piso ajeno como si fuera el suyo, es hoy el mejor ejemplo de que Cuba no sanará con discursos, sino con el concurso de todos.
En medio de tantos problemas que enfrenta nuestra sociedad, todavía hay quien levanta actos de servicio público con humildad y eficacia. La máxima martiana de "Patria es humanidad" se traduce aquí en jóvenes entusiastas que han regalado a niños, padres y profesionales de la salud un pedacito de Patria.

