Amor inmediato puesto al fuego

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madres1Foto: Elder Leyva

He visto a Madre rezar a un dios muy pequeñito por el éxito de los planes futuros y por mí. Madre reza por mí como si en la oración elevara todo su miedo y su gozo. Hay detrás del altar una bandera en la que reconozco la Patria. Madre dice que la Patria necesita que más hijos se preocupen por cuidarla. Lo dice a toda voz, como una orden de combate.

 Hace días me cuenta la historia de una mujer que en Santiago de Cuba sostenía con sus oraciones el equilibrio de la guerra. Sus hijos levantaron el machete contra el fusil invasor y ella juntó en la manigua a todas las madres de la Patria para rezar por ellos y curarlos de los tiros y el miedo.

Los traían llenos de sangre, perseguidos por la fiebre y el enemigo. Los hijos rotos sobre las hamacas que se tambaleaban para ahuyentar los bichos del monte, que no saben la diferencia entre los héroes y los perros. Día y noche velaban su fiebre. Ponían yerbas maceradas con la boca sobre la herida enferma y rezaban una y otra vez a los dioses de la manigua para que mantuvieran vivos a sus pequeños, que no cometían mayores pecados que aquellos que han de atribuirse a los hombres que luchan por la libertad y la familia.

"Y tú empínate que ya es hora de que te vayas al campamento", grita mi madre. Y lo dice a toda voz, como buscando que la escuchen todos los hijos del barrio. "La Patria necesita de ustedes y la manigua es ancha. Hay gente que ha venido a rompernos el sonido de la paz. El miedo es mío. Déjame a mí el miedo, que no es, sino el amor inmediato puesto al fuego. Levantaré mi rezo sobre ti para que no te alcance la última bala. El rezo y estas manos. Las mismas manos que prenden el carbón sujetarán el arma para defender nuestra casa. Y si llega a ser necesario, y comprendo que lo será, todos los dioses de la manigua se juntarán para defendernos de aquellos que intenten rompernos la Patria.


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