La Instrucción Revolucionaria en Cuba

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escuelas pccFidel, vislumbró a tiempo el papel que debería desempeñar la cultura política en el hombre, para hacerlo capaz de pensar, sentir, hacer y defender una Revolución
 
Enemigos declarados, amigos escépticos y otros tantos, poco conocedores de la capacidad de resistencia del pueblo cubano, daban por hecho que tras el derrumbe del Campo Socialista, la desintegración de la URSS y el recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de los Estados Unidos, la Revolución Cubana se vendría abajo como castillo de naipes en los inicios de la década de 1990 del pasado siglo.

Unos y otros no acertaron en la diana. Cuba sobrevivió a la crisis y mantuvo en alto las banderas del Socialismo. La interrogante que muchos se hicieron y todavía se hacen, es comprensible: ¿Cuáles fueron las razones del aparente milagro político?

Los que creen en el valor de las ideas, encuentran la respuesta en la cultura de la resistencia aprendida por el pueblo cubano a lo largo de más de 100 años de lucha por la conquista primero y la defensa después de la libertad e independencia nacional; la creatividad desplegada para enfrentar los complejos problemas presentes en la vida socioeconómica; el arraigado patriotismo que alimenta cotidianamente el orgullo de ser cubanos; la lucha permanente por la justicia social, la solidaridad humana y la obra social construida en beneficio de las mayorías. Todos ellos, incorporados a la cultura de la resistencia y al amor por la libertad presentes en la mayoría de los cubanos a lo largo del proceso revolucionario.

La cultura política, componente principal de la cultura general e integral del individuo, no nace con él y menos se desarrolla al nivel requerido de forma espontánea. Es necesario pensarla desde un ideal social consensuado, concretarla en objetivos y contenidos significativos al aprendizaje de las masas y hacerla patrimonio de cada hombre y mujer mediante las instituciones educativas y mecanismos ideológicos creados por la sociedad.

Como arquitecto principal de la obra de la Revolución Cubana, su líder histórico, el compañero Fidel, vislumbró a tiempo el papel que debería desempeñar la cultura política en el hombre, para hacerlo capaz de pensar, sentir, hacer y defender una revolución. Por eso, consideró siempre como una tarea priorizada e impostergable la batalla por la instrucción revolucionaria.

Fiel a sus enseñanzas, tempranamente, en una celda de la cárcel de Boniato -antigua prisión de Oriente-, en Santiago de Cuba, su hermano y fiel compañero de armas e ideas, él hoy Primer Secretario del Comité Central del Partido, Raúl Castro Ruz, organizó con inmediatez la preparación ideológica de los combatientes hechos prisioneros por las acciones del 26 de julio de 1953, cuando aun no tenía noticias del paradero de Fidel. La primera de las sesiones estuvo dirigida a reflexionar crítica y colectivamente acerca de los hechos acaecidos ese día y extraer de su análisis, las mejores experiencias para la continuidad de la lucha revolucionaria.

En la cárcel Modelo de la antigua Isla de Pinos, adonde fueron trasladados los combatientes, después del juicio al que fueron sometidos por estos sucesos, tuvo lugar otro importante paso para la consolidación y el desarrollo de la conciencia política de todos aquellos valerosos jóvenes, integrantes de la vanguardia revolucionaria que asumió con lealtad su deber patrio ante la historia.

Los Moncadistas crearon allí, la academia Abel Santamaría, un reducido local dotado de una pequeña biblioteca que serviría como lugar de encuentro para las sesiones colectivas de estudio. Aquellos con mayor nivel cultural asumirían el papel de instructores políticos. Fidel, hombre de vasta cultura a pesar de su juventud y de firmes convicciones político-ideológicas, sería el primero de sus profesores. Fue aquella academia de estudios políticos, fragua de las ideas de libertad y justicia social entre los combatientes prisioneros. De los libros de Martí, de Literatura e Historia Universal, brotaron los conocimientos para ampliar la cultura y conciencia de aquellos jóvenes empeñados en cumplir el sagrado deber ante su patria: conquistar la libertad perdida.
Un método de aprendizaje resultó válido en medio de las arbitrariedades de las autoridades carcelarias y las difíciles condiciones existentes. Se estudiaba primero de forma individual y después de la lectura analítico-reflexiva, tenía lugar su discusión colectiva.
 
Se escuchaban todas las ideas, las que eran enriquecidas desde el conocimiento, las experiencias y vivencias propias. Este método sentaría las bases para momentos posteriores de la enseñanza y el aprendizaje político ideológico.
Las ideas construidas desde el pensamiento colectivo rindieron sus frutos. Llenos de optimismo revolucionario y amor por Cuba, aquella vanguardia de la juventud cubana, una vez en libertad por la amnistía política concedida por el gobierno de Batista, fundaron durante la travesía del barco “El Pinero” desde Gerona a Batabanó, el 15 de marzo de 1955, el Movimiento Revolucionario Veintiséis de Julio (M-26-7).

El conocimiento histórico y la experiencia adquirida durante la lucha revolucionaria, sistematizada desde el pensamiento crítico, cristalizarían en la creación de un movimiento revolucionario profundamente alejado de toda politiquería. Su objetivo supremo era alcanzar la libertad e independencia nacional para trabajar en la solución de los males sociales denunciados por Fidel en la “Historia me Absolverá”.

Otro hecho de suma importancia demuestra el valor práctico de la instrucción revolucionaria alcanzada hasta esos momentos por los combatientes. Agotadas las posibilidades de la lucha política por vía democrática, decidieron marchar a México, organizar una expedición armada y en apenas un año, regresar a su país a combatir en las montañas orientales, para ser libres o mártires a finales de 1956.

El espíritu de superarse política e ideológicamente jamás disminuyó entre ellos. Posterior al desembarco del Granma y ya en territorio libre de la Sierra Maestra fueron creadas aulas para la preparación inicial de los nuevos guerrilleros y los jefes militares. El Ché, Raúl, Vilma y el propio Fidel más de una vez, asumieron el deber de ser maestros de sus hermanos de lucha, desde el conocimiento y la autoridad moral conquistada a fuerza de inteligencia, sacrificio y ejemplo.

Los temas de las clases en las aulas a cielo abierto de La Sierra Maestra y el Segundo Frente Oriental Frank País, abordarían de manera imprescindible la preparación militar y los demás contenidos harían comprensible a la tropa, las razones de aquella contienda, la ética política del soldado rebelde y las tareas a enfrentar después del seguro triunfo de las armas. El respeto a la integridad física y moral de los prisioneros, el pago por la contribución de los campesinos a la vida rebelde y el apego a la verdad, se convirtieron en armas más poderosas que los propios fusiles. Desde entonces, una verdad se abría paso en el pensamiento de Fidel: “Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas”

Y así fue, alcanzada la victoria el 1ro de enero de 1959, nuevas y complejas tareas debían ser asumidas. Había que enfrentar a un enemigo, sutil y extremadamente peligroso: el analfabetismo. Era preciso contrarrestar la guerra de pensamiento orquestada por los enemigos internos y externos, defenderse de los ataques provocados por elementos desplazados del poder político que, apoyados por el gobierno de los Estados Unidos constituían un obstáculo al avance de la Revolución. Había que acabar con la ceguera ideológica que provoca la ignorancia y hacer a los cubanos cada vez, mejores videntes de las ventajas del socialismo.

Era preciso librar a toda costa, una batalla sistemática e inteligente por desarraigar de la conciencia y la conducta de las gentes, los valores del capitalismo y fomentar los propios del hombre socialista: la laboriosidad, la justicia social, la solidaridad, el antimperialismo y el patriotismo entre otros. Nada mejor para lograrlo que juntar ideas, coordinar esfuerzos y preparar a los cuadros, combatientes y al pueblo todo, para ser los forjadores de la nueva ideología socialista, no cualquiera, sino aquella, que hace al individuo consciente de su papel ante el trabajo, el estudio, la defensa del poder político, su lugar en la gestión de gobierno y sobre todo, el deber ante su pueblo.

Con este objetivo se funda por Fidel, en las primeras horas de la madrugada del 2 de diciembre de 1960, el Sistema de Instrucción Revolucionaria. El acto tuvo lugar en una casa ubicada en el patio interior de la actual escuela Superior del Partido Antonio “Ñico” López Fernández, en ciudad de La Habana. Hoy, en ella radica el museo de la Instrucción Revolucionaria en Cuba. Ya no serían acciones aisladas, ni mucho menos una que otra institución dando cumplimiento a tareas de preparación política e ideológicas dictadas por las urgencias del momento histórico. Se creaban las condiciones para asumir a nivel del país de forma institucionalizada y sistemática la instrucción de los cuadros, combatientes y de todos los hombres y mujeres dispuestos a llevar adelante las tareas que demandaba la joven Revolución.

Las nuevas escuelas de instrucción revolucionarias (EIR) diseminadas por la geografía de cada una de las provincias del país, asumieron la tarea, de elevar primero el nivel cultural de sus alumnos ante el analfabetismo reinante. Constituyó una necesidad enseñar a leer y escribir a más de un combatiente, cuadro administrativo o militante de las ya creadas Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) primero, después del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) y finalmente del Partido Comunista de Cuba (PCC), cuyo primer comité central sería constituido el día 3 de octubre de 1965.
 
Tal era el carácter elemental de la instrucción revolucionaria en los primeros años de la Revolución que solo fueron objeto de estudios políticos documentos esenciales como: La Historia me Absolverá, El manifiesto del Partido Comunista, El Hombre y el Socialismo en Cuba y la biografía política de Marx, Engels y Lenin, entre otros.

La formación de la cultura política de los jefes y combatientes que lideran los procesos emancipadores y del pueblo como fuerza impulsora de los cambios, es una tarea esencial que jamás debe ser descuidada por revolución alguna.

Consecuentes con este principio, los integrantes de la vanguardia revolucionaria que asaltaron la fortaleza del Moncada, se enrolaron en la expedición del Granma y tomaron a la Sierra Maestra como escenario principal de la lucha armada, asumieron de forma responsable y sistemática la instrucción revolucionaria como vía principal para formar en el hombre la conciencia política e ideológica capaz de hacer, sentir, defender y desarrollar la Revolución “de los humildes, con los humildes y para los humildes.”

La fundación del Sistema de Instrucción Revolucionaria por Fidel, hecho histórico cuyo 60 aniversario se estará celebrando el 2 de diciembre de 2020, fue un acontecimiento trascendental en la trayectoria política de la Revolución Cubana. Se organizó a nivel de todo el país la preparación política e ideológica a los cuadros y sus reservas, militantes, trabajadores seleccionados y al pueblo todo, para sembrar desde el conocimiento, las ideas con las cuales impulsar la construcción de una sociedad socialista en las mismas narices del imperialismo yanqui.
 
 
 

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