Mi amigo Rubén Rodríguez y la otra historia sin fin

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Humildad, prudencia y discreción, me adoctrinó él desde el primer día de trabajo. Cuando comencé en el periódico el cumplía allí mismo 20 años en la profesión-oficio del periodismo, y yo, me convertí en su acólita. Humildad, prudencia y discreción, sugirió él. Es una máxima aplicable a cualquier circunstancia vital y yo trato de seguirla, aunque ahora no se note, pues de seguro la prudencia recomienda me aleje de este acto suicida de escribir, aún joven autora desconocida, sobre el multipremiado escritor que hoy estrena libro.
 
La humildad por su parte desaconseja presumir, no está bien porque afea el espíritu y enturbia el alma, pero voy a hacerlo, presumiré de un amigo. Ya sé que no parece algo extraordinario pero mi amigo es único. Este, señores, es realmente raro, ya saben lo que dijo la poeta sobre estos y los sellos. Mi amigo Rubén Rodríguez es como Ernesto, su personaje de esta saga que hoy llega a su cuarto libro, un cazador de palabras, no sé si luego de atraparlas las devuelve a su hábitat natural o si las cuelga como trofeos en las paredes de su casa.

Mi amigo pasa el tiempo contándome historias infinitas, las trae recién nacidas y yo las veo crecer y a él llenarse de luz mientras los personajes trágicos, simpáticos, arquetípicos o absurdos hacen de las suyas.

Porque Rubén no puede parar de narrar, si le hablo de mi día interrumpe para contarme cómo va el casting para el personaje de Mami Maritza; cómo la Ñusta Ñoña hace malabares con sus pretendientes; de qué color y cuál era el modelo de la ropa de Ibo en su Odisea por recuperar la sonrisa en un mundo de máscaras; cómo besan las muasas, o la densidad de la natilla que cae como llovizna inédita en el cremúsculo.

¿No entendieron? No se preocupen, si les sirve de algo, yo misma entreno a mi cerebro en una diaria gimnasia mental para poder seguirle el ritmo a la velocidad con que la imaginación prodigiosa de Rubén teje los hilos infinitos de sus tramas.

Tengo suerte, de eso es de lo que presumo, de verlo levitar en ese trance feliz del creador como un Prometeo moderno que moldea en la forja que es su mente a Mimundo o Garabulla, creando universos mágicamente parecidos a lo cotidiano, realmente similares a lo fantástico. Todo eso entre taza y taza de expresso o cortadito.

Y por ahí se va él mientras yo me agarro a los arneses de las líneas argumentales de sus relatos para no perderme. Me divierte encontrar a conocidos de ambos vueltos personajes tan distintos y tan iguales a quienes los inspiraron.

Por eso cuando las historias trascienden la mesa de un café y tras ese tortuoso camino que son los procesos editoriales o los concursos, nacen los libros, ya no recuerdo bien si el que sale oloroso a tinta lo he leído antes o es nuevo, me resultan tan conocidas esas páginas que me voy a hacer spoilers, o sea a fastidiarles los finales a los otros porque yo , en mi fortuna inmensa de amiga de mi amigo, tengo la primicia, el privilegio, el regalo de presenciar el nacimiento de la literatura, cuando aún no se ha escrito.

Y ahora les hablaré del libro recién nacido. ¿Han visto Kramer contra Kramer? Es un clásico entre las películas que tratan el tema de juicios donde los padres luchan por la custodia de sus hijos. De eso trata este libro, que anhelo salga pronto de los almacenes a las librerías y de ahí a las manos de los niños o cualquiera que desee disfrutar de la lectura de La retataranieta del vikingo. Le antecedieron El garrancho de Garabulla, Paca Chacón y la educación moderna y Rebeca Remedios y los niños más insoportables del mundo, y les advierto faltan aún otros que se escriben o se escribirán.

Pero La retatarnieta del vikingo cuenta por fin a los seguidores de la saga quién es el padre de Erika, esta niña que ha ido creciendo y ahora debe enfrentar no solo conocer a su padre biológico, sino la conversación muy importante donde entiende por qué tuvo una mamá al revés.

Con esta entrega es evidente cómo a medida que la niña crece los conflictos se complejizan pero las explicaciones se tratan con tal maestría y naturalidad que una pensaría que Rubén en lugar de periodista-escritor es niñólogo, fiñatra o chamaquista, como los especialistas que contrata Nereyda Moriarti, malévola abogada del padre de Érika y archienemiga del joven escritor del campo, ello claro, para obtener la custodia de la pequeña a favor del vikingo quien acompañado de sus 40 Erick junior llega una mañana al río de Garabulla para poner patas arriba las vidas de mami Maritza, Ernesto, Érica y toda su familia.

Es una historia simpática, llena de alusiones a otros productos de la cultura, deudora de lo cinematográfico, que muestra las habilidades del narrador para mutar en tonos y estilos, como evidencian los capítulos en que cada personaje cuenta una escena según su perspectiva.

Es entretenida y juega con el suspense, el humor es un ingrediente esencial y también hay un poco de melodrama, pero cada uno tan bien distribuido que la lectura fluye y una, que quiere su propio final, se sorprende, aunque no tanto, con la solución del autor…pero bueno, eso no se los puedo contar…por lo de la discreción que les dije antes, me trató de enseñar mi amigo. Si se quieren enterar aquí está para ustedes, aunque yo lo supe primero.
 
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Comentarios  

# #rompedoradecadenas 26-06-2019 19:59
Estudio detalladamente desde el Norte como romper la cadena q ata a mi Ruben a Liset Misandei Prego.un beso
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# VENTURA CARBALLIDO PUPO 28-06-2019 05:29
!!! Maravilloso !!! Atinado !!!! Sensacional !!!! todo lo narrado por la autora, con esa caracterizacion tan especial sobre el hijo de Rafael y Yolanda . Ruben, ese impresindible holguinero, oriental, cubano, del planeta, lo admiro a pesar de que no tenemos esa gran amistad. Mostré mucho satifaccion de que la talentosa comunicadora Liset Prego Díaz. dedicara su trabajo a ponderar a ese nativo de Floro Perez (Aura) . HIZO JUSTICIA Y A PESAR DE LA AMPLITUD EN LA DESCRIPCION, PUDO HABERSE QUEDADO CORTA.
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