La odisea del Corynthia

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En la tarde del 24 de mayo de 1957 alguien, en algún punto del archipiélago cubano, enciende la radio. De repente, interrumpen la programación habitual para dar la noticia: en la madrugada desembarcaron 27 expedicionarios por la bahía de Cabonico, en la provincia de Oriente.
¿Quiénes son estos nuevos expedicionarios? ¿A qué vinieron? Se pregunta quizá, cuando el locutor termina de leer la información “de último minuto” sobre un hecho acontecido hace ya muchas horas. A estas alturas… ¿cuál será su suerte?
 
Aquellos hombres, con Calixto Sánchez White al frente, eran parte del plan de Carlos Prío para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista, quien lo había sacado del gobierno con el golpe de estado en 1952, obligándolo a huir de su finca “La Chata” y a pedir asilo en la embajada de México.
 
corinthia
 
Sin embargo, uno de sus colaboradores cercanos, el periodista Mario Kuchilán, opinaba que el expresidente de Cuba quería precipitar la expedición para crear un frente guerrillero alternativo al que ya desarrollaba Fidel.
 
Cuentan también que la mayoría de los expedicionarios habían aceptado la misión para contribuir al derrocamiento de Batista, y al conocer las verdaderas intenciones de Prío, comenzaron a valorar la idea de romper con el Partido Auténtico y sumarse a la guerrilla que desde hacía cuatro meses operaba en la Sierra Maestra.
 
Pero el 19 de mayo, a las 6:00 pm, cuando estaban en su apartamento de Miami, recibieron la orden de partir. Y tres horas más tarde zarparon a bordo del Corynthia, el yate de 100 pies de eslora, 12 de manga y algunos fallos técnicos serios, que Prío había comprado por 9 mil dólares.
 
El destino de la expedición era harto conocido por los servicios de inteligencia de Batista, pues, según Kuchilán, una mujer muy cercana a Prío los mantuvo informados desde que recibían entrenamiento en Santo Domingo.
 
Pero el yate, con sus desperfectos, los obligó a desembarcar en Cayo Saetía, frente a la Bahía de Cabonico, en la costa norte de la actual provincia de Holguín, y no cerca de Baracoa, donde los esperaban las fuerzas de Batista. Así, el Corynthia les proporcionó cuatro días más.
 
Con ayuda de los lugareños llegaron a tierra firme. Entonces, Calixto Sánchez les sugirió, para librarlos del peligro, que dieran parte a las autoridades. Una acción noble que les costó la ventaja de la sorpresa.
 
Emprendieron la marcha, hasta que dos de los expedicionarios se negaron a continuar. Cansancio, aludieron. Los desertores son siempre un peligro, pues se convierten en fuentes vulnerables de información. Para decidir su destino, la jefatura tiene que colocarse entre la espada y la pared.
 
Los dejan atrás, custodiados. Ellos escapan, y como impulsados por el azar inevitable que desde un principio determinó el fracaso de aquella expedición, son capturados por el ejército batistiano. Quieren salvar su vida, y hablan. Hablan con el mismísimo “Chacal de Holguín”, el jefe del Regimiento 8 de la ciudad, Fermín Cowley Gallegos.
 
El 25 de mayo la noticia del desembarco alcanzó las alturas de la Sierra: “nos hizo ver la necesidad imperiosa de distraer fuerzas del enemigo para tratar de que aquella gente llegara a algún lugar donde pudiera reorganizarse y empezar sus acciones. Todo esto lo hacíamos por solidaridad con los elementos combatientes, aunque no conocíamos ni la composición social ni los reales propósitos de este desembarco”, escribió después Ernesto Che Guevara, en sus Pasajes de la guerra revolucionaria.
 
También escribió: “pocos días después conoceríamos el desastroso resultado de esa expedición; Prío enviaba a sus hombres a morir sin tomar nunca la decisión de acompañarlos”.
 
En la madrugada del día 26, Cowley inició la operación de cerco: 500 soldados y 200 guardias rurales contra un puñado de hombres perdidos. Una ocasión para presumir. En la mañana del 28, en Monte Santo, los encontraron. Los expedicionarios se rindieron, pero la rendición no era suficiente...
 
Alguien, en algún punto del archipiélago cubano, enciende la radio. Trasmiten otra información sobre los expedicionarios que desembarcaron por Cabonico: muertos en combate. Mientras, 16 cuerpos se desploman tras la descarga de fusilería y las ráfagas de subametralladoras, en un pequeño naranjal, junto al arroyo La Marea.

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Comentarios  

# Eliades Hidalgo Torres 25-05-2019 10:53
Como anillo al dedo me vino este trabajo periodístico suyo. En el matutino del Lunes lo estaré desarrollando dentro de las efemérides de la semana porque el día 28 de Mayo de 1957 se produce la masacre cuando fueron asesinados por el ejército de Batista.
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