¿Quién le tiene miedo al fisco?

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El fisco o tributo no es un invento cubano. La política fiscal existe desde el Antiguo Imperio Romano, donde se recogían bienes para la administración del Estado. El fisco estaba formado por el tesoro recaudado en las provincias imperiales y era el Emperador, quien disponía de su manejo con libertad absoluta.
 
Si bien el impuesto ha sido causa de muchos dolores de cabeza e incomprensiones desde la antigüedad hasta ahora, es importante saber que toda economía necesita de una Ley Tributaria para funcionar de manera equilibrada. Su principal destino es la redistributiva para lograr redistribuir los ingresos en la sociedad desde los sectores de mayor ingreso hacia los de menor entrada.
 
Cada año se realiza en Cuba la Campaña de Declaración Jurada (CD) y Pago de Tributos, amparada en la Ley No. 113 del 23 de julio de 2012, del Sistema Tributario (con el Decreto No. 308), que derogó a la Ley 73 de agosto de 1994.
 
Precisamente sobre esta reflexionaremos.
 
La aprobación de dicha legislación provocó no pocos comentarios escépticos seis años atrás, y aún crea algo de polémica. Es por eso necesario retomar el análisis de esta ley bajo la cual más de 15 mil holguineros deberán liquidar el impuesto sobre sus ingresos personales antes del 30 de abril del 2018.
 
Algunos cubanos preocupados por la aplicación de la Ley No.113 opinaban que “nos hemos convertido en especialistas de recoger dinero sin aumentar los salarios”, “hemos creado la escuela cubana de los Impuestos” hasta dijeron “ahora sólo están preocupados por recaudar cualquier cosa que puedan” y “a mí lo que me preocupa es que me vayan a descontar de mi salario”.
 
Todos a años luz de la realidad. Debido a la actualización del Modelo Económico cubano era necesario la implementación de una ley atemperada con la realidad económica nuestra. Para favorecer el desarrollo resulta fundamental conservar el déficit fiscal en rangos soportables para la propia economía.
 
De lo primero que debe ganarse conciencia es que entre las aspiraciones que tiene esta ley están: crear condiciones favorables para la eficiencia empresarial, la concientización del pago de los tributos y, en particular, la necesidad de inculcar en la población una cultura tributaria.
 
De acuerdo con especialistas en el tema su estructuración está en función de garantizar la recaudación de un respaldo financiero, que el Estado reciba los ingresos necesarios para sustentar su presupuesto, que es el que ha financiado por otras vías el gasto social en las esferas de educación, salud pública y asistencia social.
 
Otra de las misiones que tiene la legislación del Sistema Tributario es garantizar los equilibrios financieros; flexibilidad e integralidad que no poseía la anterior, por eso esta posee 19 impuestos, tres contribuciones e igual número de tasas.
 
Referidas a los trabajadores por cuenta propia incluye la disminución de la carga tributaria, entre el tres y el siete por ciento para mayores y menores ingresos, respectivamente. Aún en este acápite existen fundamentadas inquietudes en la población. Por ejemplo, el dueño de una barbería ubicada en la periferia paga lo mismo que una del centro de la ciudad, así sucede con las cafeterías y otras formas de trabajo.
 
Se impone el análisis de la diferenciación de la tasa a pagar de los patentados de una misma actividad atendiendo ubicación, cantidad promedio de posibles clientes y horario de funcionamiento.
 
Asimismo, al arrendatario, que antes tenía una vía diferente para ingresar de manera mecánica el impuesto por arrendamiento, sin considerar la marcha real de sus ingresos, ahora con las modificaciones tributarias, puede incorporarse a un aparato de liquidación similar al resto de los trabajadores por cuenta propia.
 
Un elemento fundamental es que el Estado cobra el impuesto en una sola moneda, el peso cubano, aun cuando los ingresos de una persona sean en CUC. Este paso responde a las pretensiones existentes en el país de eliminar la dualidad monetaria, como se recoge en los Lineamientos de la Política Económica y Social del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba.
 
Uno de los más controvertidos tópicos de esta ley ha sido los gravámenes sobre el salario y la propiedad de la vivienda, a todas luces porque muchos no han leído lo publicado al respecto, donde se explica que por el momento no se harán efectivos. Nuestro país no dispone de las condiciones socioeconómicas para aplicarlo ahora. La decisión se adopta porque es evidente que lo devengado hoy por un trabajador no alcanza para cubrir todas las necesidades del cubano. Habrá que esperar a que la economía mejore, y en consecuencia, el sueldo, para poderlo gravar. Lo mismo se extiende para el impuesto sobre la propiedad de la vivienda.
 
Resulta esencial que la población se instruya y conozca la Ley No. 113 del 23 de julio de 2012 del Sistema Tributario (con el Decreto No. 308). Este es un tema que compete a todos, no solo a cuentapropistas, como algunos, erróneamente, creen.
 
El sistema tributario nuestro apunta hacia las aspiraciones más generales que tiene la economía cubana, que es transitar hacia modos más eficientes de funcionamiento, apoyados en principios generales de derechos y de regulación económica y no, en disposiciones administrativas; entonces, ¿por qué debemos tenerle miedo al fisco?

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