Historia de un fósil

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ancianos cubaFoto: Agencia Cubana de NoticiasUn buen día Miguel despertó y, como nunca, fue consciente de sus 89 años. El espejo le devolvía unos ojos llorosos y marchitos. La edad le pesaba y se aferraba a sus huesos como hierro fundido. Era un fósil. Así lo llamó ayer su nieto Jorgito, simplemente porque le pidió que bajara la música. “¡Qué muchacho ese, caray!” Ya no le teme a la oscuridad, ni llora para que lo lleve al parque o le haga un cuento antes de dormir. Ahora le grita que se vaya para un museo, donde están las “cosas de la prehistoria”.
En la casa solo queda un espacio del cual es dueño y señor: el balance. Allí anida su vida aburrida y pastosa. Tiempo atrás los días eran más llevaderos, pasaba horas escuchando a “Progreso, la onda de la alegría”. Hoy su radio permanece mudo. En los días sin “luz”, después del ciclón, su nieto le sacó las pilas para ponerlas en la linterna. Le dijo que le compraría otras. Él entendió, pero han pasado tres meses.
 
Ya no es antes, piensa. Antes tenía a su esposa Berta y músculos fuertes. Había que contar con él para todo, porque era el puntal económico y moral de su hogar. Trabajaba “como un caballo”, mientras veía a su hijo crecer, hacerse un hombre, un universitario. ¡El primero en la familia!

En los duros años 90´, “luchó” por su gente. Además de su oficio, también hizo de todo: armó un bicitaxi y pedaleó enterita la ciudad, inventó unos zapatos artesanales para calzar a todos, sembró lechuga en el patio y la vendió por mazos… Y se emocionó con la llegada del nieto. Para celebrarle el año, crio un “puerquito” en la terraza, y así el niño tuvo un cake inmenso, piñata, ropa de marinero. Ah! y la foto de las cinco caritas, que ahora cuelga de la pared.

Luego, Berta murió y la lloró mucho. Junto con la soledad, llegó la jubilación y la chequera. Fue difícil acostumbrarse, pero entonces asumió otras prioridades: ir a la bodega, al círculo de abuelos, buscar el pan de cada día y la “balita” del gas en la carretilla. Tres cosas le generaban mucho placer: escuchar “Alegrías de sobremesa”, jugar dominó en la esquina, llevar y recoger a Jorgito en la escuela, mimarlo. Así acompasó sus jornadas, hasta aquel día funesto, hace siete años, cuando caminaba por la acera y de pronto su pie izquierdo no encontró más superficie. Su cadera no volvió a ser la misma.

Desde entonces necesita ayuda para bañarse, camina con un andador y cuando va por pasillo es atenazado por la impaciencia de todos. “Coño viejo, vives atravesa´o”. Le gustaría tener a alguien para conversar, darle una pausa a su monólogo. Hace rato que en la esquina comenzó el juego de dominó. ¡Qué añoranza! Los alaridos llegan a la tercera planta en la que vive, y de la que no puede bajar sin ayuda.

Dicen que los viejos se vuelven niños, con sus caprichos. La verdad es que hace días tiene deseos de probar un helado. Busca en el bolsillo de su camisa un billete de 10 pesos y le pide a su nieto Jorgito que le traiga una barquilla. “¡Ay, viejo, déjame vivir, anda!”. Será otro día.

***

El abuelo Jorge despertó. Tres bocinas acaban de taladrarle los tímpanos y el corazón se le quiere salir del pecho. Reclama, pero nadie parece oírlo. Se siente herido de muerte por la indiferencia. Ya no es antes, piensa. Antes era “Jorgito” y tenía músculos fuertes, no esta piel cetrina y ajada. Pedazos de su juventud comienzan a llegar en oleadas de nostalgia, y se acuerda de su abuelo… el fósil.
 
Elizabeth Velázquez Rodríguez
Author: Elizabeth Velázquez Rodríguez
Máster en Comunicación Social. Licenciada en Periodismo. Prefiere las imágenes y el sonido para contar historias. Obsesionada con obtener la mejor versión posible de la verdad. Dispuesta a innovar y experimentar nuevas narrativas.
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Comentarios  

# Minardo Paneque Pérez. 20-01-2018 07:18
Que bueno que una joven periodista, escriba sobre este tema tan importante, y tan necesario para la reflexión, todos llegaremos a esa edad, o por lo menos es un anhelo, y una suerte llegar, pues ¨Como te ves me vi, y como me ves te verás¨ así reza un viejo refrán, y por muchas causas los jóvenes no lo tienen en cuenta.
Siga escribiendo así, tocando la fibra interior de los seres humanos.
Gracias Elizabeth.
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# Eliza 24-01-2018 09:41
Gracias Minardo por compatir tu punto de vista. Realmente el tema del envejecimiento debe ser prioridad en nuestras agendas. Cada día son más los ancianos y Holguín es la cuarta provincia más envejecida del país. Hay mucho por hacer para responder efectivamente esta situación, que es un logro social, sin dudas, pero también pone en tensión la dinámica poblacional. Se necesitan más casas de abuelos, más espacios pensados para la tercera edad... Pero desde el hogar comienza todo, hay que respetar a estas personas, y amarlas...
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