Ojo, estafadores al acecho

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estafa oro

Desandan las calles una y otra vez. Estudian minuciosamente las posibles víctimas, que sin percatarse del escrutinio al que son sometidas caminan, permanecen en una cola del banco, una tienda, esperan un transporte o transitan por aceras.

Estos estafadores se han multiplicado y también perfeccionado su modus operandi, con tal destreza, que las personas objetivo de sus marañas difícil se percaten del ardid de estos delincuentes, ya con currículum bien abultado por sus fechorías.

Hay decenas de historias narradas por los propios perjudicados de las felonías de esos atrevidos malhechores, cuyas actividades las protagonizan, cara a cara, con el mayor descaro y cinismo inimaginables.

Contaba una señora de un municipio cercano a Holguín, que el deseo de su hija para los 15 años era tener una sortijita de oro, pero ella no tenía cómo comprarla y un día que andaba por la Ciudad de los Parques, una mujer se la acercó a ella y propuso comprarle la cadenita que traía en el cuello, a lo cual respondió tenerla destinada a cambiar por un anillo para su hija. Aquella ágil como águila contestó, que "casualmente traía una muy bonita".

Del cuello de la madre salió la cadena de oro y el anillo de una bolsa de la fullera. Hasta ahí el trueque y ojos que te vieron ir, cada una tomó su rumbo, pero a la ingenua se le encendió tarde la chispa y fue hasta un joyero a comprobar la prenda recibida.

"Mire, en la primera alcantarilla que encuentre en su camino, puede tirarla", así sin mucho miramientos le dijo el experto en la materia a la atribulada señora, tras los exámenes de rigor, aunque desde que aquel miró la prenda supo que aquello era cualquier cosa menos oro.

El padre de una vecina abordó un bicitaxi y dió una dirección para que lo llevarán, pero a mitad de camino vio que el conductor lo llevaba por lugares distintos a los normalmente tomados para llegar al destino solicitado, preguntó cuál era el motivo y contestaron: "para acortar distancia y evitar los inspectores".

Poco después, en un tramo desolado el bicitaxista se detuvo, bajó e hizo como que acordonaba los zapatos y al levantarse intentó arrebatar una cadena de oro del cuello del pasajero, quien se había mantenido atento a los movimientos de aquel, lo enfrentó y dió escarmiento merecido.

La historia esta sí nadie me la contó, participé como una de sus protagonistas hace unos días. En calle Máximo Gómez tras comprar un pedazo de lo que anunciaban como jamón ahumado (al probarla en casa era una jamonada de pésima categoría) en punto de venta de la esquina a Agramonte, seguí subiendo y a menos de cuatro metros un joven a mi lado comenzó a hablar de precios altos y más.

Él, un mulato de no más de 1,60 de alto, de pelo con mechas amarillas en la moña y bolsa verde con letras Vima- marca Todos Tenemos- casi al llegar a la esquina de la "Garayalde " hizo ademán rápido hacia el piso e irguió rápido y con la mano derecha apretada aseguraba haber encontrado un rollo de billetes.

Como artista de teatro fingió alegría mezclada con sorpresa y susto. "Sí, son billetes de mil, estamos hechos, qué suerte..., Pero mire, mire lo que hay dentro", dijo mientras zafaba una liga y dejaba ver un nailon con varios anillos y también un papel de su interior.

"Tome, lea lo que dice y camine, camine", solicitó. A esta altura todavía no imaginaba la estrategema de aquel que aparentaba un nerviosismo exagerado. A grandes rasgos lo que se leía en el trozo de papel impreso era que los anillos eran de oro antiguo valorados entre 500 y 600 USD que lo entregara a Fabio el italiano y no los fuera a dar en menos, que luego mandaba el otro dinero y firmaba Toni.

Incrédula miré hacia todos lados pensando a quién se le habría perdido tal fortuna y tratando de ver si alguien buscaba algo, pero nada y entonces en esta película llegó lo que faltaba: " compro cualquier pedacito de oro, prendas rotas... y lo pago bien" y el joven "afortunado" llama al otro especulador y entrega un anillo para "venderlo".

El nuevo timador saca de una cartera sus "medios de trabajo" para "comprobar" la prenda: "Sí, es oro y pesa 11 gramos" y ahí al aire sumó, multiplicó y restó y el dinero que traía no alcanzaba para pagar el anillo, sugirió que lo esperarán para buscar el faltante.

Y ahí es cuando pensaron engañar a la que cuenta este cuento. "Mire deme la cadena suya y anillos que trae y le doy un anillo de estos". Miré a uno y a otro con la certeza de que estaba frente a dos delincuentes de la más baja catadura.

Nunca me he desprendido de una prenda, porque todas guardan un valor sentimental muy grande, unas son recuerdos de mi madre y otras dejadas a resguardo por una hija. Ante la negativa firme, el primero salió alma que lleva el diablo doblando por una y otra calle abajo y el segundo, que le había "maleado" el negocio.

Son tres hechos que ilustran cómo delincuentes, en su mayoría jóvenes, han buscado la manera más fácil de buscar dinero, de vivir la vida del sacrificio de otros. Son vagos convertidos en estafadores a través diferentes vías de actuación.

¿Cómo llegaron hasta ese estado de degradación?, es la pregunta que muchos nos hacemos, sin lograr una respuesta única, una explicación convincente; por nuestra parte sí pensamos en la cuota de responsabilidad de la familia. Esa mamá y papá que, por lo regular, sueltan la mano a sus hijos en edades tempranas, no son ejemplo y mucho menos velan por el normal desarrollo o bienestar de la prole concebida.

A esto sumamos la obligación de la escuela de enseñar y también de contribuir a moldear conductas de alumnos; la competencia en el asunto de organizaciones y organismos encargados de desempeñar el rol de supervisión y control desde la comunidad de los casos que tempranamente dejan el estudio o el trabajo y toman caminos equivocados hasta llegar a la delincuencia.

Son estos tiempos difíciles en los que llevar adelante un hogar, la famila resulta un reto grande, fuerte y cargado de tropiezos, pero estas circunstancias no pueden llevarnos a flaquear y menos a dejar de timonear nuestro barco hasta llevar a puerto seguro a los hijos, nietos; a los niños , adolescentes y jóvenes nuestros y del vecino.


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