El mejor amigo de Cuba
- Por Rodobaldo Martínez Pérez
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Foto: Archivo
El 5 de marzo 2013, a las 4:25 de la tarde, el protector de su pueblo venezolano y mejor amigo de Cuba parte a la eternidad: Comandante Hugo Chávez Frías.
A 13 años de su adiós hacia la gloria para descansar en la paz que merece y vivir para siempre en su pueblo se hacen más prepotentes los retumbos de los tambores bélicos de los odiadores por las ambiciones del gran poder hegemónico, al mostrarse como amos del ya oscuro mundo.
Este soldado venezolano en cuya “mente germinaron, de modo natural, las ideas de Bolívar”, como reconoce Fidel enfrenta constantemente torbellinos imperiales porque saben de su pasión por los más humildes en la alegría de hacer soberana a su Patria.
Decir que el pueblo es el dueño de su petróleo, donde hay una de la mayor reserva del mundo, codiciadas por los Estados Unidos y sus aliados, sabía conscientemente el peligro que iba a correr.
Defiende el socialismo, el bolivarianismo en honor a Simón Bolívar, el libertador del yugo español de varios países latinoamericanos hermanos, durante el Siglo XIX y a quien tanto admira José Martí Pérez.
Aplica compasión y justicia para los pobres, una de las enseñanzas de Cristo, educación, salud, alimentos, viviendas subsidiada a los más desposeídos, seguridad social con las más humanas políticas internas jamás conocida en Venezuela.
Pese a las conocidas conspiraciones contra gobiernos incompatibles y la más férrea oposición estadounidense, de las instituciones financieras internacionales y las multinacionales petroleras occidentales Chávez logra cuatro victorias consecutivas en las urnas -la última en octubre de 2012-, con el 54 por ciento de los votos. El respaldo al Chavismo siempre fue masivo de la población indígena, ignorada anteriormente.
Esa riqueza petrolera ahora beneficia al pueblo y Chávez, además, obliga a pagar el verdadero valor a compañías petroleras occidentales como: Gulf, Shell, Standard Oil, que eleva el apoyo entre los más humildes al recibir beneficios por sus riquezas, saqueadas anteriormente y extiende ese justo fin a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Con su característica firmeza y sin el más mínimo ambage defiende la lucha correcta contra el terrorismo, pero no como pretexto “de un cheque en blanco para que se haga cualquier cosa”, como lo hacen ahora con el agregado de narcotraficantes, amenazas al todopoderoso imperio que desata su apasionada dinámica belicista contra países que no se subordinan. en momentos en que cree ser todopoderoso y solo aceptan a gobiernos de subordinación a sus posturas guerreristas?
La intransigencia de Chávez y decisión de echar su suerte con los pobres y vilipendiados molesta en exceso a Washington, que le hizo un expediente desde 1999 por el desempeño transformador dentro de Venezuela y la política exterior independiente.
Importuna, sobremanera, su pasión por Fidel y Cuba, liderazgo en la OPEP, creciente ascendencia en América Latina y el Caribe, rechazo ALCA, proximidad a China, Rusia, Irán, otras naciones y defensa de un mundo multipolar.
La digna postura de Chávez provoca ira y soberbia entre los enemigos de la soberanía de los pueblos.
Crecen las tensiones y es centro de la maquinaria belicista de George W. Bush, campeón en pretextos de combatir el terrorismo en cualquier rincón del planeta, quien no se doblega entra en ese exclusivo saco.
Con la poderosa maldad sin límites cae el odio imperial contra la Patria de Bolívar que, en valiente resistencia, sin tener miedo defiende que la dignidad no se negocia y la solidaridad no es un discurso sino práctica diaria, acto de amor colectivo, en fuego intenso por cuidar lo del pueblo, para más vida.
Chávez desafía al Diablo, con su olor a azufre, como califica el nuevo emperador e incluso recibe la perversidad de otros presidentes del imperio que se estrellaron ante su genio político y la unidad de su pueblo.
El 30 de enero de 2005, en el Foro Social Mundial, afirma: “No quiero sobredimensionar las debilidades del imperio, sería fatal subestimar al adversario. No. Y menos a este adversario, (…) pero, sin embargo, lo que sí es conveniente es reconocer objetivamente las debilidades del adversario; porque si uno cree que el adversario es invencible, pues es invencible. No es invencible el imperialismo norteamericano (…). Ahí está Vietnam en la historia, (…) Ahí está Cuba revolucionaria, (…) ahí está Venezuela Bolivariana, resistiendo desde hace seis años al imperialismo norteamericano. No es invencible el imperio...”
En este 2026 despierta el mundo con lo imaginable de los imaginables en violación de todos los principios y ética entre países invade Estados Unidos a Venezuela y roba su legítimo presidente Nicolás Maduro, por órdenes de Donald Trump, el mismo que junto con Israel acaba de invadir a Irán, como ley de la jungla.
