Algunos le dicen “Lázaro Peña”. Imagínese usted. Tiene sobre los hombros un apodo fuerte, histórico. Él lo ve desde el orgullo, desde el compromiso, como lo sintió y lo vivió en carne propia el Capitán de la clase obrera, como una credencial para representar a los suyos, darle la voz que necesitan, defender los derechos de sus trabajadores.