Vivir la aventura de ser periodista

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Periodista
 
Al periodista más inexperto le toca escribir y decidir en esta crónica. Carne fresca, casi estéril, dispuesto a cualquier prueba de fuego, que implica “quemar” su celular los fines de semana porque tiene cobertura o recorrido con ministros, a que lo manden al Plan Turquino sin fecha de retorno, a escribir de todas las culturas posibles, incluyendo las agrarias. El periodista, eso, lo tiene claro y no le teme.
 
Su jefe lo manda, y su jefe, que es medio militar, no cree en titubeos, ni en pasos cortos. Acepta, solamente, la marcha a paso de revista, o lo que es lo mismo: textos con calidad, precisos. Su jefe es exigente, sin duda.

Pero el periodista sabe que la creatividad es un acto que no se puede o debe forzar, alguien lo dijo alguna vez, y quedó grabado en el diccionario de frases universitarias. El jefe quiere que se inspiren, que relaten, que investiguen. El periodista lo asume, lo procesa, lo interpreta. Y cree, que más que una orden, es un privilegio asumir este espacio, una responsabilidad, un compromiso con la gente. El jefe es también periodista, y confia en el poder de las palabras, confía en sus “hijos”, en hacer un periódico más parecido a los holguineros, en hacer vibrar y emocionar al pueblo, cree en el futuro.

El periodismo no lo heredé de nadie, no llegó de casualidad, no me rendí ante él, no me enamoró precozmente, no fue Serrano ni el Noticiero, no fue el micrófono ni las cámaras, fue la vida, el deseo de contar historias; fue el verbo escrito, Eduardo Galeano, García Márquez, Leonardo Padura; fue el deseo de construir caminos, de provocar y ser provocado por los lectores; fue la sensiblidad martiana, el olor de los periódicos, la tinta impresa. El periodismo lo escogí como puente, como refugio, como la esencia de aprender cada día lo desconocido, la manera de describir y descubrir esta Isla desnuda e infinita.

Este oficio, cuestionado por algunos, alabado por otros, se ha ido convirtiendo, para el muchacho novato del periódico ¡ahora!, en alma, aliento y gozo. Ha ido ocupando, poco a poco, los silencios y los ruidos, llenando páginas en blanco, ha ido respondiendo preguntas.

A donde vayas siempre te acompañará, en la “legible” y popular lista de espera de Ómnibus Nacionales, la oficina de Correos, las discotecas o Etecsa, estará ahí, pidiendo “cordura” o entrevistas para un nuevo trabajo, exigiendo explicaciones, pasará a ser tu sombra, tu sello, tu fantasma.

El periodista inexperto tiene por delante un largo camino y caminar vale la pena, aunque tropieces, pero será vital sostenerse en la verdad, darle voz al público, cambiar… a fin de cuentas, el periodismo cada día cambia y sería delito estancarnos.

Desde la cárcel Julius Fucik escribe el hito titulado Reportaje al pie de la horca. Corrían los pimeros años de la década de ´40 del pasado siglo. Eran otros tiempos, otro contexto, la misma esencia. Cada 8 de septiembre, en su homenaje, se celebra el Día Internacional del Periodista ¡ahora! quiere sumarse, quiere sostener este desvelo diario, para que los sábados usted tenga el periódico en sus manos y “devore” una por una sus páginas.

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