Cuando una mujer avanza...

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Hay organizaciones cuya historia no puede medirse únicamente en años. Se mide también en vidas transformadas, oportunidades conquistadas, prejuicios derribados y manos que, en los momentos más difíciles, han aprendido a encontrarse.

Cuando el 23 de agosto de 1960 nació la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), diferentes organizaciones femeninas existentes en el país confluyeron en un proyecto común que tendría a Vilma Espín como su primera presidenta. Sesenta y seis años después, aquel propósito de incorporar plenamente a las mujeres a la vida económica, política y social del país encuentra otros escenarios, otras urgencias y también nuevos desafíos.

Elizabeth Martínez Quintero, Secretaria General de la FMC en Holguín, habla de ellos con la seguridad de quien no observa la realidad desde una oficina. En sus palabras aparecen una y otra vez los barrios, las familias, las madres, las muchachas jóvenes, las personas mayores, las mujeres vulnerables. Aparece, sobre todo, el verbo acompañar.

Quienes la conocen descubren también detrás de la dirigente a la mujer. Elizabeth —Eliza para muchos de quienes comparten con ella la cotidianidad— conjuga carisma y carácter, delicadeza y firmeza. Es madre, centro de un hogar y de una familia que constituye su mayor tesoro; una mujer que conoce los mismos cansancios y preocupaciones de tantas otras cubanas y que, durante años, ha debido entregar una parte considerable de su tiempo a una responsabilidad que con frecuencia obliga a colocar lo personal en un segundo plano para ayudar a que otras mujeres puedan crecer y avanzar.

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Y es desde esa experiencia que mira el presente. Para ella, la complejidad del momento que vive Cuba pone nuevamente a prueba una cualidad que considera inseparable de las cubanas y que es su capacidad de sobreponerse.

"Si algo caracteriza a las mujeres cubanas es precisamente su capacidad para levantarse frente a las dificultades y convertir cada desafío en una oportunidad para hacer, para ayudar y para avanzar".

Recuerda que la FMC nació también en circunstancias difíciles, en una época en la cual las mujeres debieron asumir responsabilidades y conquistar espacios que durante mucho tiempo les habían sido negados. Las circunstancias actuales son otras, reconoce, pero sobre ellas vuelve a recaer una enorme carga: sostener las familias, participar en la producción y los servicios, acompañar a quienes más lo necesitan, proteger las comunidades y conservar la esperanza.

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En medio de ese escenario, insiste, las federadas holguineras no permanecen a la espera de que las dificultades desaparezcan. "Están en los centros laborales y en las comunidades rurales; participan en acciones de prevención social y en la atención a personas vulnerables; apoyan actividades productivas, hogares de alimentación comunitaria y otras iniciativas destinadas a aliviar los problemas cotidianos".

De esa experiencia extrae una de las ideas que atraviesa toda su concepción del trabajo de la Federación: "Las holguineras hemos aprendido que, cuando una mujer ayuda a otra, no solamente está resolviendo un problema individual: está fortaleciendo a la familia y, con ella, a toda la comunidad". Por ello considera imprescindible construir una FMC "más cercana, más sensible, más participativa", capaz de saber dónde se encuentra la mujer que necesita acompañamiento.

Precisamente por esta volunnnn de cercanía es que la celebración del aniversario no puede verse como una sucesión de actos formales. En Holguín, las jornadas por la fecha han incluido encuentros con federadas, actividades comunitarias y productivas, trabajo voluntario en hospitales y otras instituciones de Salud, intercambios con mujeres destacadas, propuestas culturales y recreativas, visitas a personas en situación de vulnerabilidad y reconocimientos a quienes han dedicado buena parte de sus vidas a la organización.

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Entre esos momentos estuvo el acto de condecoraciones realizado en el sitio histórico de Birán, donde 22 federadas con más de dos décadas de labor destacada recibieron la Distinción 23 de Agosto. También se organizaron actividades en las cuatro casitas de niños sin cuidado parental, una toma deportivo-cultural y un encuentro en La Periquera con trabajadoras del Inder, glorias deportivas y atletas holguineras.

Pero hay un escenario que resulta imprescindible: la comunidad. "La FMC no puede celebrar sus 66 años únicamente desde una institución; tiene que celebrarlos allí donde están las mujeres: en sus comunidades, en sus hogares, en sus centros de trabajo. Por eso jóvenes y adolescentes también han formado parte del programa con espacios de diálogo y acciones de prevención vinculadas a problemas que hoy preocupan a muchas familias".

La sede provincial por el aniversario correspondió al municipio de Frank País, decisión que obedece a los resultados en el funcionamiento interno de la organización, la consolidación de su equipo de cuadros, el cumplimiento de sus indicadores y, particularmente, la capacidad de movilización de sus federadas.

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"Allí, las mujeres han participado en las tareas comunitarias, fortalecido las estructuras de base, acompañado a familias e intervenido en las iniciativas convocadas por la Federación. La sede es, por ello, un reconocimiento a esa capacidad de las mujeres de Frank País para transformar las dificultades en participación, solidaridad y compromiso".

Hablar con Elizabeth del trabajo actual de la FMC conduce inevitablemente al barrio. Su estructura de base, explica, permite a la organización llegar hasta espacios donde muchas veces se encuentran los problemas que no siempre son visibles desde las instituciones.

Esa es también la lógica de la participación de las federadas en el movimiento Mi Barrio por la Patria, mediante acciones de higienización y embellecimiento, actividades culturales y educativas, iniciativas para mejorar la convivencia y, especialmente, el acompañamiento a familias y personas vulnerables.

Pero Elizabeth establece una diferencia importante: no se trata solamente de movilizar. "Las mujeres también identifican necesidades y proponen soluciones".

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Una federada puede advertir que una mujer vive sola, que determinada familia necesita atención, que una adolescente atraviesa dificultades o que un adulto mayor requiere ayuda. Esa posibilidad de mirar de cerca constituye "una de las mayores fortalezas de la organización".

Cuando la conversación llega a las personas en situación de vulnerabilidad, el tono de Elizabeth cambia. Lo define como uno de los trabajos "más humanos" de la FMC.

"La tarea comienza por localizar a quiénes necesitan atención y articular posibles respuestas con las instituciones correspondientes".

En esa cotidianidad hay federadas que visitan a personas mayores que viven solas, acompañan a madres con varios hijos, siguen de cerca la situación de adolescentes con entornos familiares complejos, llevan alimentos o medicamentos o, sencillamente, dedican tiempo a escuchar.

Y en ese último gesto se detiene: "A veces pensamos que ayudar significa resolver grandes problemas, y no siempre es así. A veces una visita, una llamada telefónica, una gestión o simplemente decirle a una mujer 'no estás sola' puede tener un enorme significado. He conocido casos en los cuales una federada llega a una vivienda para interesarse por determinado problema y termina acompañando a esa familia durante meses. Esa perseverancia es lo que hace diferente el trabajo comunitario de la FMC."

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En ese empeño menciona el acompañamiento a familias con adolescentes vinculados al consumo de drogas, atendidos por especialistas de las Casas de Orientación a las Mujeres y las Familias; a madres de niños con enfermedades crónicas; a adolescentes embarazadas de bajos ingresos que reciben ayuda con canastillas; y a personas mayores solas o con discapacidad.

Todo ese esfuerzo moviliza a decenas de mujeres que ocupan responsabilidades dentro de la FMC en Holguín y que conocen el precio cotidiano de entregar una parte significativa de su tiempo a los demás. "Detrás de cada dirigente de la FMC hay una mujer con una familia, con preocupaciones, con cansancio, con responsabilidades y también con sueños".

Las dirigentes de la FMC no viven al margen de la realidad de las federadas. También tienen hogares, hijos, padres, preocupaciones y jornadas difíciles. Solo que han asumido la responsabilidad adicional de acompañar a otras mujeres. "Muchas veces ese trabajo es silencioso. No aparece en una estadística. No siempre recibe un reconocimiento".

Por eso Elizabeth aprovecha para agradecer a quienes sostienen desde la base el funcionamiento de la Federación: dirigentes y activistas, trabajadoras de la organización, integrantes de los secretariados municipales y equipos de cuadros y, de manera especial, al equipo provincial que la acompaña. Su gratitud no parece protocolar. Habla desde la experiencia compartida:

"No siempre podemos hacer todo lo que quisiéramos, pero cada gesto cuenta. Cada mujer que ayudamos, cada familia que acompañamos y cada joven que logramos orientar hacen que valga la pena el esfuerzo. La FMC también se sostiene sobre esos pequeños sacrificios cotidianos que no todos ven".

Sesenta y seis años después de aquel momento fundacional, considera que el mejor homenaje a Vilma Espín y a las mujeres que levantaron la organización es impedir que la FMC se convierta solamente en memoria. Mantenerla viva significa hacerla útil. Cercana a los barrios. Capaz de escuchar. Comprometida con las necesidades concretas de las mujeres. "Que ninguna dificultad nos haga perder la solidaridad. Que ningún problema nos haga olvidar que juntas somos más fuertes", afirma Elizabeth.

Y lo dice ella que, cuando termina la jornada y el cargo deja de figurar en primer plano, continúa siendo madre, hija, compañera; la mujer que vuelve a un hogar donde también la esperan afectos, preocupaciones y responsabilidades. Esa dimensión íntima permite comprender mejor el costo de una entrega que rara vez cabe en estadísticas.

Hay firmeza en ella, pero también ternura. Hay carácter, pero no distancia. Quizás porque dirigir una organización de mujeres en tiempos como estos supone justamente reunir ambas cosas: la capacidad de resistir y la sensibilidad para reconocer cuándo alguien necesita una mano.

Durante años, Elizabeth ha debido compartir con miles de holguineras un tiempo que también pertenece a los suyos, poner por momentos en segundo plano ese universo familiar que constituye su mayor tesoro y asumir como propios dolores, preocupaciones y esperanzas ajenas.

Lo hace convencida de una idea que atraviesa toda la conversación y que probablemente resuma también la razón de ser de la organización que direge: "Cuando una mujer avanza, avanza su familia; cuando las mujeres se unen, avanza la comunidad; y cuando las mujeres participan, avanza Holguín".

Yani Martínez Peña
Author: Yani Martínez Peña
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"Periodista desde chiquitica, profesora por predisposición genética, MADRE y después solo madre."

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