Transformadores al límite

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 PortadaFotos: Lianne Fonseca e Isis Sánchez

En Mícara, una comunidad del municipio de Frank País, la avería de un transformador mantiene interrumpido el servicio eléctrico desde el 28 de mayo. Es el caso más antiguo entre los pendientes de solución en la provincia, pero no el único. Al momento de realizarse este trabajo, 43 transformadores dañados afectaban a 1 906 clientes holguineros.

Hace exactamente un año, un reportaje publicado en estas mismas páginas advertía sobre el deterioro de estos equipos y explicaba cómo la denominada carga fría o factor de coincidencia podía llevarlos al límite después de cada apagón. Entonces, el llamado principal era a escalonar el consumo cuando regresara la electricidad y evitar el encendido simultáneo de los equipos.

Doce meses después, la recomendación continúa siendo válida, pero la realidad es mucho más compleja. Los apagones son más prolongados, las necesidades domésticas se concentran en períodos de servicio cada vez más breves, aumentaron las nuevas cargas conectadas a la red y las posibilidades de reparar o sustituir los equipos disminuyeron.

Las estadísticas confirman el agravamiento. De enero a junio de 2025 se contabilizaron 187 transformadores dañados en la provincia. En igual período de 2026, la cifra ascendió a 252, 65 equipos más, para un incremento cercano al 35 por ciento.

“La situación ha empeorado. Lo que más ha empeorado es la sobrecarga”, afirma Fabián Vega Genicio, director técnico de la Empresa Eléctrica Provincial.

Cada vez que llega la corriente

transformadores FabiánFabián Vega Genicio, director técnico de la Empresa Eléctrica Provincial.

Durante décadas, el cálculo de las redes de distribución se sustentó en la diversidad de la carga: aunque numerosas viviendas estuvieran conectadas a un mismo transformador, no todos sus equipos funcionarían al mismo tiempo. Unos clientes cocinarían, otros utilizarían el aire acondicionado, algunos estarían fuera de casa y los refrigeradores entrarían y saldrían automáticamente de funcionamiento.

Los apagones prolongados modificaron por completo ese comportamiento.

Después de 20, 30 o incluso 40 horas sin electricidad, la llegada del servicio activa simultáneamente refrigeradores, equipos de climatización, arroceras, cocinas, bombas de agua, cargadores de baterías, inversores y otros dispositivos. Las familias intentan resolver en dos o tres horas todas las necesidades acumuladas durante uno o dos días.

“Cuando llega el servicio, todo el mundo quiere hacerlo todo en las tres horas que va a tener corriente y exponen el transformador al 150, al 200 y, a veces, hasta al 300 por ciento de carga”, explica Aroldo Pupo Hechavarría, especialista principal en Redes y Sistema de la Empresa Eléctrica Provincial.

El fenómeno dejó de estar limitado a los horarios tradicionales de máxima demanda. Antes, los mayores consumos podían identificarse durante la cocción de alimentos o por la noche, con el uso de equipos de climatización. Hoy, el pico aparece a cualquier hora en que se energice un circuito.

Tampoco es exclusivo de las ciudades. En las comunidades rurales, la llegada de la electricidad pone en funcionamiento bombas y turbinas destinadas al riego. Los productores pueden salir de madrugada hacia sus tierras porque de esas pocas horas de servicio depende la supervivencia de sus cultivos.

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A ello se suma la incorporación de equipos que antes no formaban parte de la demanda habitual. Sistemas de respaldo eléctrico, baterías, inversores y estaciones portátiles de energía comienzan a cargarse en cuanto se restablece el servicio. Aunque ofrecen una alternativa individual frente a los apagones, su carga simultánea representa una presión adicional sobre redes que no fueron diseñadas para esa concentración del consumo.

Según Vega Genicio, en la ciudad de Holguín pueden dispararse entre 15 y 20 transformadores cada vez que se restablece un circuito. En determinadas jornadas se han registrado hasta 25 equipos disparados.

El disparo no significa necesariamente que el transformador se haya quemado. Los fusibles actúan para protegerlo cuando la corriente supera determinados valores y, en algunos casos, basta sustituir la protección para devolverlo al servicio. Sin embargo, cada episodio deja consecuencias.

El calentamiento deteriora el aislamiento, provoca pérdidas de aceite y reduce la vida útil del equipo. Un transformador que debía funcionar durante 20 años, advierte Pupo Hechavarría, puede quedar inutilizado en pocos meses bajo condiciones extremas y repetitivas.

Hasta mayo de 2026 se habían identificado 39 transformadores dañados por sobrecarga, frente a 21 en igual período del año anterior. Es casi el doble.

“El mes pasado se nos quemaron 74 transformadores. En un mes normal siempre se nos queman unos 40 o 50 en la provincia”, señala Vega Genicio, quien sitúa el promedio actual en aproximadamente 2,5 equipos dañados cada día.

Esa velocidad supera ampliamente la capacidad de reposición. En los 20 días anteriores a la entrevista, Holguín había recibido alrededor de diez transformadores provenientes de los centros nacionales encargados de producirlos o recuperarlos.

“Cuando uno contrasta eso con los 2,5 que se nos dañan diariamente, no podemos satisfacer la demanda”, reconoce el directivo.

Soluciones que también llegan al límite

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Durante los primeros momentos de la crisis, una de las alternativas utilizadas para proteger el servicio residencial fue retirar transformadores de entidades estatales y trasladarlos hacia comunidades afectadas. La medida permitió devolver la electricidad a numerosos barrios, pero trasladó el problema hacia centros productivos, agrícolas y de servicios que quedaron paralizados.

Hace un año, la Empresa Eléctrica debía 357 transformadores a diferentes sectores de la economía provincial. Actualmente son 530 entre equipos dañados y retirados.

La posibilidad de continuar recurriendo a esa reserva se reduce cada día. Las instalaciones que permanecen en servicio son, en muchos casos, centros esenciales como policlínicos, escuelas, panaderías, estaciones de bombeo y unidades productivas.

“Esa reserva estatal ya se nos agotó, no tenemos de dónde sacar”, asegura Vega Genicio.

Otra alternativa consiste en alimentar provisionalmente a una comunidad desde el transformador de un área vecina. Es lo que los especialistas denominan “puentear” el servicio. La cantidad de transformadores operando bajo esta condición aumentó de 181 hace un año a 221 en la actualidad.

El puenteo solo puede realizarse cuando las redes secundarias están próximas y el transformador que permanece activo tiene capacidad para asumir parte de la carga adicional. Incluso entonces, la solución puede provocar bajo voltaje, mayores pérdidas y un deterioro acelerado del equipo que sostiene a ambas comunidades.

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“A veces la calidad del servicio es pésima, pero por lo menos tienes corriente”, resume Pupo Hechavarría.

No todos los transformadores averiados pueden puentearse. En esos casos, las comunidades ingresan en una lista de espera que se organiza, principalmente, por la antigüedad de la afectación. Antes podía sustituirse un equipo en tres o cuatro días. Ahora existen barrios que acumulan varias semanas y otros, especialmente los que dependen de transformadores de determinados niveles de voltaje, sin una solución inmediata.

Las dificultades no se limitan a la falta de equipos. También escasean las brigadas, los vehículos, el combustible y los recursos para atender las redes.

Durante el año anterior se trabajó sobre la totalidad de los aproximadamente 3 300 puntos críticos de poda identificados en la provincia. En 2026, según Vega Genicio, no se ha logrado atender ni el cinco por ciento, debido principalmente a las limitaciones de combustible de las entidades subcontratadas para esas labores.

Cuando las ramas entran en contacto con los conductores, especialmente durante lluvias o fuertes vientos, provocan cortocircuitos que pueden disparar o dañar los transformadores. A ello se añaden 510 equipos identificados con redes secundarias en mal estado, pendientes de trabajos para los cuales tampoco existen suficientes brigadas y medios.

Un nuevo golpe contra la red

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A las causas técnicas y materiales se suma un fenómeno que hace un año todavía no alcanzaba la dimensión actual: los delitos contra la infraestructura eléctrica.

En lo que va de 2026 se han contabilizado 36 hechos delictivos contra el sistema eléctrico en Holguín. De ellos, 19 corresponden al robo de aceite dieléctrico de los transformadores, precisó Eduardo Felipe Gutiérrez Estrada, Especialista principal de Seguridad y Protección.

Los responsables aprovechan los apagones y la ubicación aislada de algunas instalaciones para subir a los postes, retirar las presillas o perforar directamente los tanques. Después extraen el aceite mediante mangueras y recipientes.

La ausencia del líquido dieléctrico elimina el aislamiento y la refrigeración interna. Si el transformador vuelve a energizarse en esas condiciones, termina destruido.

Los municipios más afectados incluyen a Cueto, Moa, Báguanos, Antilla, Gibara, Urbano Noris y Calixto García.

Entre los casos más graves se encuentra la afectación de tres transformadores de 100 kVA en la planta potabilizadora de Urbano Noris. En Feria 3, el robo de más de mil litros de aceite provocó la pérdida de un transformador de 500 kVA.

Para los talleres eléctricos, la sustracción representa una doble pérdida. El aceite de muchos transformadores dañados puede procesarse y reutilizarse, pero si el equipo llega completamente vacío no existe esa posibilidad.

“Me están dando un doble golpe: me están quemando un transformador y no estoy recibiendo el aceite para poder reutilizarlo”, explica Ulises Fuentes Noris, director de la UEB Centro de Operaciones.

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A los robos de aceite se agrega una modalidad relativamente nueva: la sustracción de las varillas de aterramiento, componentes demandados en el mercado informal para la instalación de sistemas de paneles fotovoltaicos.

Estas varillas permiten conducir hacia tierra las corrientes provocadas por desbalances y descargas atmosféricas. Sin ellas, la electricidad puede circular por el neutro e inducir altos voltajes hacia las viviendas. La ausencia del aterramiento también deja componentes energizados que representan un peligro para cualquier persona que entre en contacto con ellos.

“No es solamente un daño a la infraestructura. Esto ya va contra la vida de las personas”, alerta Vega Genicio.

Desde Holguín, ser solución

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En medio de ese escenario, la provincia transforma su actual Taller de Reparación de Transformadores con el propósito de asumir labores de recuperación profunda.

La instalación, perteneciente a la UEB Centro de Operaciones, posee antecedentes que se remontan a más de dos décadas. Parte de su personal conserva la experiencia de una etapa en la que allí se realizaban trabajos similares a los desarrollados actualmente en el Taller de Manzanillo, que junto al Taller de Villa Clara y la Fábrica de Transformadores Latino, en la capital, son las únicas entidades destinadas a la fabricación o recuperación de estos medios en el país.

Hoy el taller de Holguín atiende transformadores sobrecargados, equipos con pérdidas de aceite, bushings partidos, fallas en los cambia-taps y otros problemas menores. En dependencia de la complejidad y de los recursos disponibles, puede reparar entre cinco y diez unidades mensuales. Sin embargo, una reparación no resuelve los daños más severos.

Cuando una sobrecarga destruye las bobinas o deteriora los componentes activos, es necesario desarmar completamente el transformador, recuperar materiales útiles, fabricar un nuevo devanado y volver a ensamblarlo. Ese es el salto que se pretende dar en Holguín.

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“Estamos preparando nuestro taller para hacer una recuperación más profunda, que viene desde el mismo núcleo, desde la bobina del transformador”, explica Fuentes Noris.

El proyecto comenzó en octubre de 2025, después de una visita técnica a Manzanillo para conocer los equipos, materiales y condiciones necesarios. Desde entonces se incorporaron dos máquinas enrolladoras aportadas por la Fábrica KTP y se recuperaron una prensa, una cizalla y otros medios.

También se trabaja en los aditamentos para el enrollado, la recuperación de tanques y conductores, la creación de reservas de bushings y el acondicionamiento de las diferentes áreas productivas.

Todavía faltan recursos decisivos como papel diamantado, papel crepé, cintas, flejes, aceite dieléctrico y otros materiales especializados. Parte del equipamiento también requiere modificaciones, entre ellas la incorporación de una bomba de vacío, detalla Fuentes Noris.

Por esa razón, no existe una fecha exacta para comenzar la recuperación. Aunque se espera que ocurra durante los próximos meses, la puesta en marcha dependerá del completamiento de los insumos y de condiciones que no están totalmente bajo el control de la provincia.

El taller iniciará con transformadores Latino, de producción nacional. La diversidad de marcas instaladas en las redes holguineras impide asumir, al menos en una primera etapa, todos los equipos dañados.

También será necesario ampliar y preparar el colectivo. Actualmente cuenta con cinco trabajadores, para mantener una cadena productiva estable necesitaría alrededor de diez personas.

Su funcionamiento no eliminará el déficit de transformadores ni las causas que los dañan, pero podría reducir los viajes hacia La Habana y Manzanillo, disminuir el consumo de combustible y acortar la espera para recibir unidades recuperadas.

Actualmente, Holguín debe enviar hacia Manzanillo los cascos de los equipos dañados y esperar una asignación dentro de una producción destinada a varias provincias. Recuperarlos en el territorio permitiría intervenir con mayor rapidez sobre una parte de las averías y aprovechar materiales que hoy deben trasladarse cientos de kilómetros.

“Cuando seamos capaces de recuperar aquí el transformador que estamos bajando de un poste, el impacto hacia la población será mayor, porque los términos de espera de los clientes se minimizarían”, sostiene el directivo de la UEB Centro de Operaciones, quien reconoce la cooperación de otras entidades de la provincia en este empeño así como el acompañamiento permanente de las autoridades holguineras para materializarlo.

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La iniciativa cobra mayor relevancia porque la crisis no es exclusiva de Holguín. Las averías se multiplican en todo el país y los centros existentes no logran responder al ritmo de la demanda. Al cierre de este trabajo, dos brigadas de linieros holguineros se preparaban para partir hacia La Habana y apoyar la solución de interrupciones asociadas a las redes y los transformadores.

Un año atrás, cambiar el factor de coincidencia significaba pedir a la población mayor disciplina al restablecerse el servicio. Hoy continúa siendo necesario evitar, en la medida de lo posible, el encendido simultáneo de todas las cargas. Pero el problema ya no puede explicarse solamente desde el comportamiento de los consumidores.

Los transformadores soportan el peso de apagones más extensos, redes sin el mantenimiento requerido, nuevas demandas, falta de medios de reposición y delitos que destruyen en minutos equipos difíciles de sustituir.

El futuro taller ofrece una posibilidad concreta de alivio. No resolverá por sí solo una crisis acumulada y nacional, pero permitirá recuperar capacidades que Holguín tuvo en el pasado y responder desde el territorio a una de las necesidades más urgentes de su sistema eléctrico.

Mientras tanto, en Mícara y en otras comunidades, la espera continúa. Cada transformador que se daña ya no representa solamente una avería técnica: puede significar semanas sin electricidad para decenas de familias, en un escenario donde las soluciones disponibles también parecen trabajar al límite.

Yani Martínez Peña
Author: Yani Martínez Peña
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"Periodista desde chiquitica, profesora por predisposición genética, MADRE y después solo madre."

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