Katiuska Blanco: "Birán es el Aracataca de Fidel, la raíz de su existencia"

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En el año del Centenario de Fidel Castro Ruz, su figura se agiganta no solo como líder de la Revolución cubana, sino como un fenómeno histórico de dimensión universal. Para entender la grandeza del Comandante, hay que volver a sus orígenes, a las raíces profundas de su ser. Así lo cree firmemente Katiuska Blanco Castiñeira, periodista, ensayista e investigadora que ha dedicado su vida a descifrar las claves de la existencia de Fidel. En una entrevista exclusiva para ¡ahora!, Katiuska comparte sus recuerdos y reflexiones más íntimas, producto de años de investigación y de un vínculo especial con la historia del líder cubano.

Birán: el génesis de un genio

Para Katiuska Blanco, la respuesta a la grandeza de Fidel no se encuentra solo en los libros de historia, sino en el paisaje y la atmósfera de su infancia. "Fidel es un genio político revolucionario de dimensión universal", afirma sin dudar, para luego explicar que los primeros años de vida en ese entorno rural marcaron profundamente su carácter y valores. Pero, ¿dónde reside la esencia de esa formación?

La investigadora revela una analogía poderosa: "Fidel está diciendo que Birán es su Aracataca. Eso significa que Birán es la raíz, es el germen, es el origen de toda su existencia". Con esta comparación, equipara el pueblo natal de Fidel con el pueblo que inspiró la obra literaria de Gabriel García Márquez, subrayando que en ese rincón de la antigua provincia de Oriente hay que encontrar y descifrar las claves de su vida y pensamiento.

Fue durante la primera visita oficial por los setenta años de Fidel, con García Márquez como invitado especial, cuando Blanco pudo atestiguar la profunda emoción del Comandante al recorrer los espacios de su niñez. "Fidel fue como en un viaje a la memoria", recuerda. "Recorrió el ámbito de la casa, recordó mucho las cosas de su papá, de su hermana, de sus hermanos y también la escuelita". Fue en esa pequeña escuela donde, según Blanco, Fidel comenzó a tener "nociones de la patria, de los héroes" y donde empezó a recitar los primeros versos, una experiencia que ella misma califica como "sublime".

La familia: el primer aula de solidaridad

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La formación del líder no puede entenderse sin la influencia de su familia. Katiuska Blanco profundiza en las figuras de Ángel Castro Argiz y Lina Ruz González, describiendo el hogar de Birán como el primer espacio de aprendizaje ético y político.

"La relación de Fidel con Birán parte del amor sublime que sentía hacia sus padres y sus hermanos", explica. Destaca la figura de Lina, la madre, como el pilar de la vida cotidiana, "la persona que los arropaba en la casa, la que estaba pendiente de sus necesidades". Por otro lado, describe a Ángel como el patriarca, "el hombre a quien se respetaba mucho, un ser severo, pero que tenía pequeños gestos en los que se veía el amor tan profundo que sentía por ellos".

Un gesto especialmente significativo, que Fidel heredó, era el de poner la mano en la cabeza de sus hijos, una conexión que la investigadora interpreta como un símbolo de protección transmitido de generación en generación.

Pero más allá del cariño, Blanco enfatiza el ambiente de justicia social que se respiraba en la finca. A pesar de la posición económica holgada de la familia, "en su casa nunca hubo una manera de vivir en la que se tuviera en cuenta algún sentido de exclusión hacia el otro". Los padres de Fidel inculcaron a sus hijos valores esenciales como la cercanía con los trabajadores, aquellos que producen la riqueza. Esa sensibilidad formada en la casa de Birán fue el caldo de cultivo para el líder revolucionario que más tarde emergería.

La influencia se extendía a sus hermanos. Katiuska señala la especial conexión de Fidel con los mayores, Angelita y Ramón, y la relación de cuasi-paternidad que desarrolló con Raúl. Todos ellos, incluyendo a sus hermanas Lidia, Emma, Agustina y Juanita, acompañaron a Fidel y Raúl en el camino revolucionario, con distintos niveles de participación, pero siempre en sintonía con la causa.

El discurso bajo la lluvia y la "sobrevida" de Fidel

Las vivencias compartidas no solo se limitan a la investigación histórica, sino a momentos de una intensidad difícil de olvidar. Blanco evoca el primero de junio de dos mil dos, cuando Fidel ofreció un discurso en Holguín bajo un tremendo aguacero. Katiuska recuerda la mística de aquel día, en el que el líder no aceptó protegerse de la lluvia, mojándose junto a un pueblo que no se movió de su lugar. Pero lo que ella atesora como un momento de gran valor histórico es la anécdota tras bambalinas. Esa noche, desde Holguín, Fidel llamó a su oficina en el Palacio para interesarse por cómo iba el discurso de Hugo Chávez. Blanco recibió el original del discurso de Fidel, un documento que hoy tiene un valor incalculable: "estaba la tinta de las letras como corrida, los bordes así, como que todavía con la marca de la humedad de que se había empapado también el papel". Para ella, esa es una de las fechas excepcionales que atesora.

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Otro momento clave fue el 27 de julio de 2006, cuando Fidel asistió a un acto en Granma y, más tarde, a la inauguración de un grupo electrógeno en Pedernales, sin saber que sería su último gran acto público antes de enfrentar una grave enfermedad. La investigadora lo recuerda como un día de una intensidad sobrehumana: "recuerdo eso mucho, cada vez que él, en la población, siempre agitando las banderitas, y cada vez que yo levantaba la mano y agitaba mi banderita, pues pensaba en cómo era posible que él pudiera mantenerse de pie después de un día particularmente intenso, difícil".

Ese día, Blanco afirma, se convirtió en el punto de partida de lo que ella llama la "sobrevida" de Fidel: una etapa en la que, a pesar de sus limitaciones físicas, trabajó incansablemente, publicó libros y escribió reflexiones con la sabiduría de quien ya veía el futuro. "Hoy extrañamos tanto sus reflexiones", confiesa, "porque realmente era una guía política de los acontecimientos que nosotros debemos hacer en el mundo". Sin embargo, su legado perdura. Como ella misma concluye: "si José Martí ha pasado tantos años y está aquí con nosotros, lo mismo ocurrirá con el Comandante". La obra y el ejemplo de Fidel, su interpretación de la historia y su guía, serán el sostén del pueblo cubano para los desafíos venideros.


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