Fonte: más que estética
- Por Yenny Torres
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Fotos de la autora y cortesía de Fonte
Por estos días en la ciudad no ha habido espejos que compitan. Los mejores reflejos: los de una trabajadora de hospital, educación, justicia… que agotada tras el turno, se miró y se redescubrió hermosa. Armando Jacinto Fonte Guerra, trajo a Holguín el primer proyecto de desarrollo local (PDL) cultural dedicado a la Peluquería y Estilo en Cuba: un espacio de belleza donde las beneficiadas no pagan con dinero, sino con sonrisas que valen como la propina.
“Esta es la segunda oportunidad en nuestro territorio. La relación con Cultura viene desde la primera edición, porque el proyecto no solo sirve para pelar, maquillar y pintar pelo, también para dar belleza a las unidades artísticas de las casas de la cultura, componentes del vestuario…La vez anterior estuvieron, sobre todo, instructoras de arte, esta es más abarcadora. Nos fuimos a consejos populares vulnerables y junto al delegado, la Federación, y la trabajadora social, buscamos a niñas que han dejado los estudios, madres que necesitan ganar dinero para sus hijos, y según la disposición de ellas las incorporamos, sin costo, para que aprendan un oficio. No solo lo integraron esas muchachas también mujeres y hombres que se interesaron en el proyecto y sí pagaron una cuota de inscripción”, explica Odalis del Monte Suárez, directora municipal de Cultura en Holguín.
Aunque no ejerció como Licenciado en Historia del Arte, Fonte ha desarrollado otra modalidad artística. “Soy creador de un nuevo método de enseñanza con 43 mil graduados, entre cubanos y extranjeros, 50 libros escritos, más de 100 discos didácticos. Vengo haciendo el trabajo de imagen estética de la población cubana desde hace 40 años. Esta es mi octava gira por Cuba. Estamos un par de meses en cada lugar, impartiendo cursos y yendo a instituciones sociales a practicar”, comenta.
-¿Qué productos utilizan? -Son recetas nuestras, del PDL. Tenemos una fábrica de productos de peluquería que nada más lo cojo para esto. Compramos las materias primas y nosotros mismos hacemos todo en Camagüey: tintes de todos los colores, acondicionador, keratina, detergente para fregar, detergente para lavar, suavizador de ropa, crema para la piel. Entre el proyecto y la cuota de inscripción de los estudiantes se paga el material.
Al conversar con las cursantes nos cuentan que a veces algunas tuvieron que ir con los niños porque no tenían quién los cuidara, pero el ansia de formarse lo supera todo. Las clases fueron en el salón Benny Moré, de lunes a viernes, y 14 prácticas integraron el programa con el que salieron al “terreno” a trabajar y regalar alegría.
Yané Matos es peluquera, pero se incorporó al curso. “Como yo, hubo unas cuantas estudiantes que se graduaron en el proyecto pasado y participaron de nuevo, porque el conocimiento es infinito, uno aprende de los grandes, de los profesores, de otros peluqueros, de las mismas estudiantes y también incorpora técnicas novedosas. Este nuevo título nos sirve como posgrado”.
En cambio, muchachas como María Carla Reyes, quien aprovechó el tiempo de licencia de maternidad para aprender, iniciaron desde cero. “Para los que no sabíamos absolutamente nada de peluquería es una buena base. Estuvimos en práctica constantemente. El profesor habla con términos que entendemos. Es una peluquería adaptada a las condiciones, clientas y cabellos de Cuba”.
Igual le sucedió a Adriana Catellano Ibáñez, gastroenteróloga, quien en sus ratos libres se incorporó al curso. “Desde el primer día salí encantada, nos enseñó a coger la tijera, cómo manejar el cabello, el peine y aquello fue maravilloso”.

Odalis también explica que el PDL surge en Camagüey, pero lo aprobaron en La Habana: “Con él la cultura tiene un método diferente de acercarse a la comunidad, por eso lo insertamos en los programas nuestros. Queremos que se vuelva a repetir, se quedaron muchas personas interesadas. Los lugares que seleccionamos es porque conocemos las características de su trabajo, no tienen tiempo para nada. Y el radio de acción se amplía con la labor en los barrios”.
Del otro lado de la tijera hubo mujeres que llegaron cansadas y se fueron livianas. No es solo el corte, también la conversación, las risas, ese rato en que dejaron de ser “las enfermeras”, “las maestras”’ o “las cuidadoras”, para ser simplemente ellas, las que se miran y se gustan.
“Felicitamos al colectivo. Estamos agradecidas y complacidas. Quedamos hermosas”, comentó Yaimí Céspedes, una de las mujeres atendidas en la fiscalía. Mientras que Iris Roberta, cree que “tener la delicadeza de llegar a instituciones de salud, barrios vulnerables, etc. brindando un servicio gratuito es una heroicidad. En su paso por el Lenin la satisfacción fue enorme”, añadió.
Aunque los números hablan, un proyecto así se mide más que en cifras, en gestos. En la silla que se coloca bajo la sombra de un flamboyán, en el enchufe que se pide prestado, en el espejo de mano que pasa de mujer en mujer como una antorcha de vanidad bien entendida. Luz en días convulsos es el peine en la mano.
