Pascuas sangrientas: Navidad más triste de Cuba

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pascuas sangrientas 1El pueblo holguinero rinde homenaje a los 23 jóvenes asesinados de las Pascuas Sangrientas. Fotos: TorralbasNavidad es sinónimo de paz, fiesta, celebraciones. Unas religiones las practican y otras no; sin embargo, para estas fechas de diciembre la familia y amigos se reúnen como señal de bendición y buenos augurios.
 
Las tradiciones varían de país a país, aunque es usual el intercambio de presentes a medianoche. En Cuba, hace 61 años, el coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del Regimiento Militar de Holguín, obsequió al pueblo el inolvidable: “Regalo de Navidad”.

El “agasajo” duró del 23 al 26 de diciembre de 1956 y fue el más rojo, cruel e inhumano de los obsequios. Durante esos días asesinaron a 23 jóvenes de Holguín y Las Tunas, como intento para desequilibrar al Movimiento 26 de Julio y al Partido Socialista Popular.

Fotos: TorralbasEn el Parque de los Mártires cada año se recuerdan a los valerosos jóvenes que lucharon por la libertad de su Patria.La luna, como expresó Nicolás Guillén, en su poema dedicado a estos actos, fue testigo de la masacre; el sol descubrió los cuerpos maltratados, llenos de sangre, golpeados, baleados, tirados en calles, zanjas y colgados de árboles.

A más de seis décadas de la Navidad más triste de Cuba, familiares, amigos y una generación que exclama presente 23 veces en la misma fecha, recordó en la intersección de las céntricas calles Frexes y Carbó, en el Parque de los Mártires, el actuar de tan valerosos cubanos amantes de una Patria libre, como la soñó José Martí.

Antonio asiste cada año a este acto como una forma más de homenajear la memoria de su hermano mayor, Pedro Díaz Coello: “Éramos pobres y nuestros padres hicieron el esfuerzo, para que uno de nosotros pudiera superarse y sacar a la familia adelante, ese fue Pedro…

“Le teníamos mucho respeto y lo admirábamos, porque se dedicó a amar a la Revolución y eso nos lo inculcó. Contribuyó mucho con nuestra educación patriótica y revolucionaria. Él iba a la finquita donde vivíamos en el campo y en varias ocasiones nos hacía entrenamiento con armas y de defensa personal”, rememora orgulloso hermano del mártir con el dolor reflejado en el rostro.

“Su muerte fue una consternación, yo tenía 17 años. Unos tíos que teníamos aquí nos avisaron. Fueron ellos quienes recuperaron su cuerpo. ¡Lo habían colgado después de muerto!”, las mejillas de Antonio se humedecen por el recuerdo de aquellos días.

Quedamente murmulla: “En su sepelio hubo mucha asistencia del pueblo que ocupó lado a lado las calles por donde su féretro iba a pasar. Uno de sus profesores dio el discurso del duelo y dijo palabras que le dolieron a los esbirros. ¡Claro!, Eso después tuvo su consecuencia, la tiranía lo castigó como era habitual en ese tiempo”.

Al parquecito que tributa el coraje de quienes dieron su vida por lo que tenemos hoy, acude también Pedro Roberto Vega, compañero de lucha clandestina y de la Escuela de Comercio de Pedro y de Luis Peña Martínez.
“Pedro Díaz Coello tenía una entereza de carácter enorme, ¡era un loco!, porque decía con valor lo que otros ocultaban con temor.

Fotos: TorralbasFamiliares y compañeros de lucha de los mártires de la lucha clandestina en Holguín. Fotos: Torralbas“Mi primera Historia me Absolverá me la regaló Pedro, era un sténcil, una forma primitiva de hacer copias. Esa fue mi biblia. Luis Peña fue otro grande, un duro. Esos jóvenes no les temían a nada”, rememora Vega, quien fuera al triunfo revolucionario el Director de la CMKO de su entrañable amigo Manuel Angulo Farrán, asesinado el 9 de diciembre de 1957.

Recordar una vez al año no basta para retribuirles a esos muchachos su consagración a un ideal, al sueño por una Cuba libre.

Hay que honrar su memoria, su sacrificio. Estudiar y trabajar con integridad y dedicación en los centros que hoy llevan su nombre es una de las formas para hacerlo. No olvidar nuestra Historia nos ayuda a ser mejores cubanos, patriotas, revolucionarios. Y así, sí los hacemos presentes del futuro por el cual lucharon.

Ellos le dieron a Cuba, a la Revolución, el regalo más preciado y caro de una Navidad: la vida.

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