Camino a la Historia

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Siete holguineros integraron la Generación del Centenario: Fidel Castro Ruz y su hermano Raúl, de Birán; Ernesto Tizol Aguilera y Rafael Freyre Torres, de Santa Lucía; y los siempre rebeldes Alejandro, Armelio y Antonio Ferrás Pellicer, de Gibara.
 
No obstante, incluso cuando los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, así como la preparación previa se realizaron en territorios lejanos a la provincia, las acciones combativas por el 26 de Julio de 1953 tuvieron en Holguín otro respaldo importante para continuar la lucha por la definitiva liberación.
 
Lo primero a tomar en cuenta es que la ciudad de Holguín desde su fundación ha sido un nudo de comunicaciones hacía todos los puntos cardinales del oriente cubano. Tal razón permitió que en la década de 1950 por ella transitaran todas las rutas de ómnibus que desde La Habana iban con destino a Banes, Antilla, Mayarí, Manzanillo, Bayamo y Santiago de Cuba.
 
Una de las empresas de ómnibus que tenía agencia y estación aquí era La Cubana; la única que no pasaba ni paraba por el centro de la ciudad radicaba en la denominada Barra de Crespi, al final de la calle Frexes, exactamente donde esta calle entronca con la Carretera Central.
 
En este lugar, entre las 4:00 y 4:25 de la calurosa tarde del 25 de julio de 1953, hicieron escala Ramón Callao Díaz, Gelasio Fernández Martínez, Roberto Galán Betancourt, Gerardo Granados Lara, Fidel Labrador García, Rosendo Menéndez García, José Ponce Díaz, Ismael Ricondo Fernández y Ramiro Valdés Menéndez, de las células de Artemisa; Abelardo García Yllis, Ángel Sánchez Pérez, Jaime Costa Chávez, Alfredo Corcho Cinta, José Ramón Martínez Álvarez y José Francisco Costa Velázquez, de Guanajay. Además, Pedro Miret Prieto y Léster Rodríguez Pérez, santiagueros que estudiaban en la Universidad de La Habana, quienes iban rumbo a Santiago de Cuba convocados por Fidel para acabar con la dictadura de Fulgencio Batista.
 
Durante el trayecto de La Habana a Santiago de Cuba, Ramiro Valdés y José Ponce se encargarían de los compañeros de Artemisa y Guanajay, pues ellos tenían relación con todos. Mientras Pedro Miret y Léster Rodríguez, como eran santiagueros, al llegar a Santiago se ocuparían del hospedaje. (1)
 
La parada obligada que constituía la ciudad permitió que otros revolucionarios que también se trasladaban a Santiago de Cuba en autos y ómnibus, así como los que tenían destino Bayamo, atravesaran, desde el oeste hacia el sur, el municipio de Holguín.
 
De igual forma, luego de los asaltos a los cuarteles, la solidaridad de familias holguineras contribuyó a preservar la vida de algunos jóvenes participantes.
 
Entre ellas estuvo la Batista Lores, residente en Omaja, un pueblecito que, a 50 kilómetros al suroeste de la ciudad de Holguín, habían creado unos norteamericanos, a su estilo, allá por los años 1906 o 1907, cuando compraron tierras baratas, desmontaron montes para llevarse sus maderas preciosas y plantaron algodón, naranja y limón.
 
Los Batista Lores protegieron a Raúl Martínez Ararás, Gerardo Pérez Puelles, Rolando Rodríguez y Ramiro Sánchez, participantes en la acción de Bayamo.
 
A la casa en Omaja, llegaron primero Rolando y Ramiro. “Los trajo mi hijo Luisito antes de comida. Recuerdo que como había una celebración religiosa en el pueblo, los sentó muy cómodamente en el portal de la casa, como si nada hubiera ocurrido –refirió Encarnación Lores (Encarnita).
 
Ramiro rememora que al llegar a esa casa, cuando en el portal el dueño se presentó: “Luis Batista, para servirles”, él le contestó: “Usted es el único Batista bueno”. (2)
 
“Fueron días muy tensos, de peligro -relató Encarnita-. A veces, mi esposo Luis estaba conversando con el juez en el portal y los demás nos manteníamos a la expectativa, con los asaltantes dentro de la casa.
 
“Luisito los había transformado bastante, pero toda preocupación era poca. Hasta les compró sombrero de yarey para que parecieran campesinos. Eso ayudó a evitar sospechas cuando los embarcó en un coche de motor hasta Las Tunas. Después irían por guagua hacía donde debían trasladarse.
 
“Tres días después, Luisito trajo a Raúl y Gerardo. “Por suerte la herida de Gerardo no era profunda y pudimos atenderlo en la misma casa. Me preocupaba su pistola. No sabíamos dónde esconderla. Por fin decidimos enterrarla y poner un hierro encima, para marcar el lugar. En general todo salió bien y ambos fueron sacados como los dos compañeros anteriores”, acotó.
 
 * Fragmentos tomado del libro inédito El 26 de Julio y Holguín, de las autoras María Julia Guerra y Maniana Blanco.
 
Notas:
 
Moncada. Edición homenaje Vigésimo Aniversario del 26 de Julio de 1953. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973. p. 125 y 126.

Pastor Batista Valdés. La Patria se refugió en mi casa. Revista Bohemia, 17 de julio de 2009
Isis Sanchez Galano
Author: Isis Sanchez Galano
Licenciada en Periodismo desde 2013 y puro sentimiento hace más de dos décadas.
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