Baudilio Castellanos: fidelista y moncadista por ley
- Por Flabio Gutiérrez Delgado
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Fotos: ArchivoA Baudilio Juan Castellanos García el destino lo acercó a Fidel Castro Ruz desde la infancia. Sus padres, farmacéuticos de profesión, mantenían una estrecha amistad con la familia Castro Ruz, pues eran los suministradores de medicamentos de casi todos los habitantes de Birán y Marcané, entre otros territorios del país.
Un año menor que Fidel, Bilito, como lo nombraban familiares y amigos, conocía perfectamente el camino desde su casa en Marcané hasta el hogar de don Ángel Castro y Lina Ruz, en Birán, aunque la mayoría de sus visitas las hacía junto a sus progenitores mediante el camino real.
Resultaba frecuente verlos jugando juntos, probando suerte en la cacería con los fusiles marca Cráquer y Winchester 44 o, tal vez, en los enfrentamientos de béisbol, cuando Fidel se encaramaba en el box para lanzar y su amigo desde el rústico escenario lo apoyaba.
Bilito y Agustina Castro Ruz, hermana de Fidel, se conocían del colegio internacional de El Cristo, en Santiago de Cuba, donde fueron enviados por sus padres, gracias a la recomendación de un pastor bautista que recorría los caminos con sus convincentes tertulias.
La amistad de Fidel y Bilito se consagró mientras cursaban la especialidad de Derecho, en la Universidad de La Habana, periodo en el que florecieron sentimientos políticos que los convirtieron en fervientes protestantes contra las injusticias del gobierno imperante.
El hijo de Baudilio Castellanos y Juana García mostró cualidades como líder, pues presidió durante tres años la Asociación de Alumnos en la Facultad de Derecho y participó en múltiples luchas como dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), entre las cuales se destacan la protesta ante la Embajada de los Estados Unidos en Cuba, por la profanación de los marines estadounidenses a la estatua del Apóstol José Martí.
Resultó el séptimo expediente al terminar la especialidad en 1951, mérito que le permitió obtener el premio Dols, por el cual le otorgaron una plaza como abogado en Santiago de Cuba y fue designado profesor de Derecho Mercantil en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Oriente.
Cuando se producen los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, Bilito se encontraba en su casa y conoció la noticia a través de la radio, mediante la cual se informaba que tropas mercenarias internacionales, al mando de Fidel, habían atacado las instituciones militares.
El Doctor en Derecho y Licenciado en Ciencias Sociales y Economía, explicó en una entrevista al periódico Juventud Rebelde, en 1972, que la noticia alarmó terriblemente a su familia, por la vinculación que existía con Fidel y su gente.
Narró el intelectual jurista que en esas jornadas no tenían una información exacta de lo que había ocurrido, ni los implicados, pero dos días más tarde, en el periódico Prensa Universal, apareció una fotografía, en primera plana, en la cual aparecía Raúl Castro tras las rejas.
Cuando leyó la noticia de que estaban presos en el Vivac, emprendió viaje en su máquina, con el periódico en la mano, para entrevistarse con los detenidos y brindarles protección jurídica.
Baudilio asumió la defensa de 47 de los asaltantes, entre ellos, se encontraban Raúl Castro, Haydée Santamaría, Ramiro Valdés, Jesús Montané, Juan Almeida, Oscar Alcalde, Reynaldo Benítez, Pedro Miret, su amigo Fidel Castro, entre otros.
Bajo el ambiente de tensión que existía en la ciudad de Santiago de Cuba, Bilito se presentó frente a las autoridades de la prisión de Boniato, a quienes solicitó dialogar con Raúl, pues a Fidel lo tenían apartado, en vigilancia extrema.
Junto a Raúl, indagó sobre los sucesos y preparó una estrategia de defensa con argumentos sólidos, ante un ente acusatorio desorganizado y ávido de aplastar a cuantos comunistas visualizaran, desespero que aprovecharon muy bien para incluir en una lista “salvavidas” a todo el que se pudo.

El proceso judicial comenzó el 21 de septiembre en la Sala del Pleno de la Audiencia de Oriente y culminó el 16 de octubre en la salita de las enfermeras del hospital Saturnino Lora, con la defensa de Fidel y el atacante Abelardo Crespo, quién se encontraba hospitalizado, porque tenía una bala alojada en el pulmón.
Rememora Bilito, abogado de oficio de Fidel hasta que este asume su propia defensa, que le impresionó la serenidad del líder revolucionario en aquella sala, donde los más presionados eran los guardias armados.
“Llegó muy sereno, fuerte moralmente, con ese optimismo de victoria que lo caracteriza, se sentó a mi lado y me dijo: Lo peor ha pasado, frase que solo un hombre como él podía comprender en esas circunstancias”, atestiguó Bilito en la entrevista.
El Moncada se convirtió en una victoria moral que dejó en tela de juicios a un gobierno corrupto que temblaba ante un grupo de jóvenes rebeldes, dispuestos a ofrendar su vida por una Patria libre.
Con todo ese apoyo a los moncadistas y una demostrada posición contra el ejército batistiano y la colonia yanqui, Bilito en el año 1955 forma parte de la dirección del Movimiento 26 de julio, en la provincia de Oriente, donde también estaban Frank País, María Antonia Figueroa y otros compañeros.
Junto a María Antonia, ayudó a salir del país, desde el Aeropuerto de Santiago de Cuba con destino a México, a varios compañeros, entre los que se encontraban Ñico López, René Bendias, Jesús Montané, Melba Hernández, Pedro Miret y otros.
En diciembre de 1956, Bilito, junto a Regino Bolti, también profesor de la universidad, fue apresado y conducido al buró de investigaciones en la capital e interrogado por Orlando Piedra.
Fue liberado al tercer día de cautiverio, aunque a la familia le informaron que su vida corría peligro, porque el jefe del servicio de inteligencia naval, el asesino Laurent, estaba muy irritado con él, debido a que había llevado a cabo una acusación privada contra el capitán Playón, por el asesinato del capitán Escalona.
Durante toda la dictadura hasta 1957, defendió como abogado a compañeros revolucionarios. Unos meses más tarde, con la autorización del Movimiento 26 de Julio, partió para el exilio hacia Jamaica, con el propósito de conseguir una visa hacia Estados Unidos, para después regresar a la Sierra Maestra.
Esa visa le fue denegada porque sus actividades estudiantiles en la Universidad de La Habana, fueron calificadas de comunista por el FBI y quedó sujeto a las prescripciones de la ley Mc. Carran. Esto imposibilitó su regreso a Cuba durante esa etapa.
Por ello se vio obligado a viajar a Canadá, donde estudió durante un año Teoría Económica en la Universidad de Toronto. Allí formó un Comité Pro 26 de julio, que recaudaba fondos para el Movimiento y realizaba propagandas en los periódicos. Estas actividades fueron similares a las realizadas en Jamaica.
Después de viajar a México y cumpliendo órdenes de Haydée Santamaría fue coordinador del movimiento 26 de Julio en el exilio, realizando propaganda y recaudando fondos para enviar armas a la Sierra Maestra.

Al triunfar la Revolución, regresó a Cuba en la primera decena del mes de enero de 1959, para trabajar como magistrado del Tribunal de Cuentas, organismo que se disolvió luego por órdenes de Fidel.
Después pasó a fundar el Instituto Nacional de Industria Turística, la dirigió y realizó intervenciones de hoteles, restaurantes, cafeterías, entre otras acciones. También participó haciendo públicas las playas privadas y convirtiendo los clubes particulares en círculos sociales.
Cuando el ataque a Playa Girón, en plena campaña de alfabetización, fue uno de los dirigentes, junto a Mario Díaz y Jesús Montané, que estuvo al frente del campamento de Varadero, donde alojaron 100 mil alfabetizadores y desde allí salían hacía diferentes puntos de Cuba.
En 1963 fundó la Comisión para el Desarrollo de la Industria Alimentaria, conocida como (CODIAC) y aunque al principio carecían de presupuesto, no fue impedimento para que se crearan productos como el sofrito en conserva, la salsa Vita Nuova, el dulce de piña, entre otros.
Fue embajador de Francia desde 1966 hasta 1973 y al volver, lo situaron como inversionista en la ronera de Santa Cruz, con la tarea de modernizarla completamente.
En 1975 ingresó en la Escuela Nacional de Dirección de la Economía, con vistas a prepararse para ocupar el cargo de director de la Empresa de Productos Industriales del Caucho, es allí donde obtiene la militancia del Partido Comunista de Cuba, en la Escuela Superior del Partido Ñico López.
Ingresó posteriormente en el Ministerio de la Industria Química como asesor del viceministro Eliseo Gavilán y después pasó a la tarea de exportaciones, al constituirse el Ministerio de la Industria Básica.
Aunque nació en Holguín, residió más de 40 años en La Habana y sus funciones al servicio del Gobierno revolucionario, lo hicieron partícipe de la creación de grandes obras económicas, sociales y culturales, tales como la creación del Gran Parque Almendares, hoy parque Metropolitano, la nacionalización del Río Cristal, la Playa Guanabo y otras.
Participó en la creación del Gran Circo Nacional y contactó al científico francés André Voisin, gran conocedor de la genética ganadera, quien vino a Cuba y se entrevistó con Fidel.
Contribuyó en la búsqueda y localización en Tahití de dos sobrevivientes de la guerrilla del Che, los cuales pudieron llegar allí gracias a las gestiones del doctor Salvador Allende. Creó el torneo nacional e internacional de pesca que se celebra cada año para honrar al escritor Ernest Hemingway.
La muerte lo sorprendió el 14 de abril de 2002, mientras ocupaba funciones de alta responsabilidad en el Ministerio de la Industria Básica, con el orgullo ser un hombre fidelista y moncadista por ley.
Fuentes de información: María Pupo Castellanos (familiar), Antonio López Herrera (historiador), Katiuska Blanco (“Todo el tiempo de los Cedros”) y entrevista publicada por el periodista Lázaro Barredo en el periódico Granma, realizada anteriormente en el periódico Juventud Rebelde.
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