Muchas veces caemos en cuenta de algunos de los más importantes desafíos de nuestra sociedad, cuando enfrentamos situaciones que nos hacen reflexionar. Recientemente viví una de esas experiencias que nos hacen pensar en las pequeñas cosas que no debemos pasar por alto, y nos definen como nación. Junto a otros miembros de la familia compartíamos el inicio de la vida escolar de nuestra pequeña. Fue realmente enternecedor verla con su uniforme por primera vez y la emoción que en ella despertaba la significación del momento. Todo listo para el gran día. La llegada a la escuela junto a sus compañeros no recibió la atención que esperábamos: el recibimiento a los nuevos ingresos por sus maestros, como debía ser. No obstante, ninguna indelicadeza nos quitaría la alegría del momento. En medio del desorden se da la voz de atención para entonar las notas de nuestro Himno Nacional…y ahí, la magia se esfumó. Fue inenarrable.