Bastión de soberanía

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himno cuba

Cada 20 de octubre en todo nuestro verde caimán se celebra el Día de la Cultura Cubana, como homenaje al momento histórico e insurrecto cuando, en 1868, el pueblo de Bayamo entonó por primera vez La Bayamesa, con letra de Perucho Figueredo, transformando un canto de guerra en el símbolo fundacional de la identidad nacional.

Ese acto, nacido al calor de la liberación de la ciudad, estableció un vínculo indisoluble entre soberanía política y creación cultural. En la actualidad, cuando las presiones globales y los embates económicos amenazan con erosionar las bases de lo nacional, defender la cultura y la entidad de los pueblos se convierte en una urgencia vital.

En Holguín la jornada por la Cultura Cubana tiene  rostros tangibles en cada institución que rememora la fecha y en eventos como la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, cuyo programa se diversifica en diferentes escenarios. En esta XXXII edición la Fiesta se realiza del 24 al 30 de este mes de octubre y se dedica a la enseñanza artística. 

Durante la jornada las instituciones culturales de los catorce municipios holguineros despliegan  programaciones que incluyen desde presentaciones artísticas en las calles hasta concursos para promover el talento aficionado, demostrando que la cultura holguinera se sostiene tanto en la virtuosidad profesional como en la participación comunitaria.

La importancia de este esfuerzo trasciende la festividad. En los momentos actuales, la cultura funciona como bastión de la soberanía frente a la homogeneización que imponen los mercados y las industrias culturales hegemónicas, fenómenos conocidos como colonización cultural o transculturación, intensificados con el acceso a internet y las redes sociales. 

Ejemplos propagados son las celebraciones de Haloween, el día de acción de gracias y la proliferación de tribus urbanas. 

Esta introducción de prácticas foráneas, especialmente de origen estadounidense, ha generado debates sobre su impacto en la identidad nacional, pues resulta alarmante su expansión y el desplazamiento de maneras propias de disfrutar nuestra cultura, tradiciones y modo de vida. Intelectuales como Abel Prieto han advertido sobre cómo la industria hegemónica del entretenimiento puede inocular un sentido de inferioridad hacia lo propio.

El etnógrafo cubano Fernando Ortiz, advirtió desde el pasado siglo -febrero de 1024- que “en Cuba, más que otros pueblos, defender la cultura es salvar la libertad”.

Cuando un pueblo pierde el dominio sobre sus narrativas, sus símbolos y su memoria, pierde también la capacidad de decidir su futuro. Salvaguardar la identidad de los pueblos implica proteger ese acervo intangible que distingue a una comunidad de otra, evitando que se convierta en un apéndice mimético de modelos ajenos.

En Holguín y toda Cuba, cada 20 de octubre se traduce en un acto de resistencia y defensa de la identidad y la soberanía. Mientras el mundo tiende a una uniformidad hegemónica, Cuba reafirma y defiende su derecho a contar su propia historia a través del arte.

La cultura no puede verse como un adorno de la sociedad, sino como su sistema nervioso, si se debilita, el cuerpo social pierde reflejos y capacidad de reacción. Preservar la identidad en tiempos de crisis es garantizar que, pase lo que pase, nuestro Himno Nacional se entone siempre con el mismo sentido de pertenencia y dignidad que aquella primera vez en Bayamo.


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