"La visita" irrumpe en el Premio Celestino de Cuentos
- Por Alionuska Vilche Blanco
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Foto: de la autora
En el salón Abrirse las Constelaciones, en la sede de Ediciones La Luz, no hay ni una sola butaca vacía. El día transcurre en el marco de la segunda jornada del XXVII Premio Celestino de Cuento y pasadas las 11 y 30 de la mañana, el salón se prepara para un acto inusual dentro de un certamen esencialmente narrativo.
El editor Luis Yuseff, poeta y director de Ediciones La Luz, toma la palabra con un libro en las manos, una pieza teatral. Se titula La Visita, del joven autor Alain Gómez Pérez, y su presentación es algo así como una pequeña ceremonia contra la adversidad.
Alain Gómez Pérez es ingeniero químico de formación, graduado en la Universidad de Matanzas, y actualmente se desempeña como tecnólogo. En su casa siempre se ha leído mucho: su tío, su papá, y sobre todo su abuela, esa figura que aparece una y otra vez en sus confidencias literarias.
La Visita es su primera obra publicada por Ediciones La Luz, y su segunda obra dramatúrgica en total. Surge en el taller de literatura, de Elaine Vilar Madruga —escritora cubana que dirige el proyecto “Laboratorio de Escrituras: Encrucijada”— como un ejercicio de aventuramiento hacia la dramaturgia. Así lo cuenta Alain esta mañana.
La Visita es una pieza breve, estructurada en un solo acto, seis escenas y ocho personajes. Según Rubén Rodríguez, quien presentó el volumen, la obra se mueve entre el realismo psicológico y lo fantástico con una naturalidad que descoloca al lector. La protagonista es una anciana que delira, que extraña a su madre y a sus hermanos muertos, que confunde épocas y habita el umbral entre la memoria y la alucinación. Pero en un momento clave del texto, un personaje ambiguo irrumpe en escena, y el drama familiar se abre hacia otra dimensión: “Lo fantástico irrumpe en el mismo tono reposado y cotidiano que había usado para el dolor realista”, describe Rodríguez en su alocución.
El autor, añade el presentador, no anuncia este giro con efectos especiales ni cambios de registro. Prefiere que el espectador-lector habite la duda, exactamente igual que la protagonista habita su límite o traspasa un umbral. “Esa figura ambigua aparece en dos momentos clave de la vida de la protagonista. Durante el desastre del pasado y en la visita del presente. Acto que, no en vano, da título a la obra”.
¿De qué desastre se trata? Rodríguez lo sugiere sin decirlo del todo: un hecho histórico naval —siglo XX, adelanta— que funciona como disparador de una crítica social sutil, pero certera sobre la emigración entendida como salto al vacío. Pero Gómez Pérez, insiste el presentador, no se detiene en el espectáculo de la catástrofe: “Le interesa el efecto espontáneo o controlado del azar inmarcesible, cuando un desconocido decide quién sobrevive o no con un simple gesto”.
El propio autor lee un fragmento para que el público paladee el tono: “Es extraño como pequeñas cosas o momentos generan una ola de acontecimientos inesperados en nuestras vidas. Un tren que no llega a tiempo, y perdemos la oportunidad de la vida por llegar tarde a un sitio. Un beso que nunca llegó a los labios indicados. Un adiós arrebatado de repente”. Y después, “una carta”, dice el personaje, acariciando una botella en sus manos. Una carta cambió la vida de la familia para siempre.
La peña “Abrirse las Constelaciones”, espacio habitual de la editorial para presentar sus novedades, ha querido dar cabida a este libro de teatro en medio de un programa mayoritariamente narrativo.
En pleno 2026 la crisis de la industria editorial en Cuba es una realidad cotidiana: escasez de papel, dificultades de transporte, carestía de insumos... En este contexto, que La Visita haya llegado impresa a las manos de los lectores —con diseño de cubierta de Robert Ráez, un acabado cuidado y una coherencia gráfica con el resto de la colección— es un hecho que los responsables de la editorial no quieren pasar por alto.
De hecho, Yuseff anuncia que el libro estará disponible también en formato electrónico para la Feria Internacional del Libro, y que la editorial trabaja para que los lectores de toda la isla puedan acceder a él. Pero la emoción del momento está en los ejemplares físicos que reposan sobre una mesa, recién salidos de la imprenta Lugones.
Antes de que el salón se vacíe, Alain toma asiento para firmar ejemplares. El papel de su primera obra impresa huele a tinta fresca y ese aroma es también el olor de la persistencia.
