La ciudad de las golondrinas
- Por Rubén Rodríguez González
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Hasta marzo, fue un misterio; techos de pizarra vistos al vuelo desde los puentes elevados, que los ómnibus rebasan en minutos. Antes y después, a través de las ventanillas, la sabana inmensa, como en un cuento de Ray Bradbury. Esta vez, yerba reseca que se prendía como yesca, como en un texto de Juan Rulfo: el llano en llamas.