La Luz, el musgo y la poesía nuestra

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Ediciones La Luz 2
 
¿Saben ustedes qué necesita una planta para germinar y crecer? Ya sé que están pensando en el agua, quizás en la tierra y sus nutrientes, pero yo pienso en La Luz, yo siempre pienso en La Luz, porque bajo su efecto bondadoso la savia nació y viajó de la raíz al tronco, del tronco a las ramas, de las ramas a las hojas, de ellas a la flor y luego al fruto.

También el musgo buscó un día La Luz, un haz delicado y gentil que lo cobijó y lo hizo fecundo. Dice el musgo que brota, ahora asido a los versos y aferrado al color en un libro-sueño. Sí, porque del sueño y seguramente del desvelo del escritor Eldys Baratute nació la idea, genial acaso, de juntar las maneras de mirar el mundo y la niñez preservada en treinta y siete poetas cubanos, nacidos entre 1970 y 1989.

¡Y qué tesoros reunió el escritor en esta entrega! Un polícromo abanico, voces poéticas con registros diversos, cada una con métrica propia. Revelan los autores mundos paralelos que se mueven entre el día a día o imaginarios universos que solo la niñez entiende bien.

Tres décadas abarcan los ilustradores, nacidos en los 90 los más bisoños. Es sin dudas variada su estética, y las técnicas que para alumbrar los versos emplean. Son 15. Tienen mayor o menor experiencia en el mundo de la ilustración para libros destinados al público infantil, pero aportan el cuerpo concreto que no deja asir el verso si está solo en la página en blanco. Y pese a lo heterogéneo de los rasgos, el libro es armónico, de plural belleza que otorgan los recursos expresivos venidos de la plástica y su lenguaje.

Criaturas fantásticas habitan el verdor del Musgo: elfos, güijes, hadas, dragones, brujas y magos. La Luna es motivo, también mamá, papá, el amor, abuela, la noche, como si Exilia Saldaña, jazmín nocturno y oloroso, le susurrara al oído a los poetas. Se perciben además las (pr)esencias constantes y de profunda benevolencia, de Dora Alonso, Eliseo Diego, Mirtha Aguirre, a quienes el compilador ofrenda con las páginas aunadas. Es que los poetas, aunque jóvenes y muy parecidos a su tiempo de digitales urgencias, no desdeñan el legado que aquellos aportaron.

Nacidos en décadas contiguas pero distintos como el trópico y el círculo polar, son los creadores que se unen en Dice el musgo…Les motiva la fauna de una Cuba imaginada y de la isla real: manatíes, lechuzas, pájaros carpinteros; domésticos perros, gatos; lagartijas intrusas.

A menudo saltan entre las páginas, como fugados de sus propios libros, personajes de fábulas o de los cuentos de toda la vida y de todas las vidas. Y no se trata aquí al niño de modo condescendiente o insulso, no abundan apócopes o diminutivos gratuitos que subvaloren la inteligencia infantil, tal vez porque estos escritores piensan como Tagore que: “El niño sabe una infinidad de palabras maravillosas, aunque son tan pocos los que en este mundo entienden lo que él dice.”

Mas el poeta comprende el idioma del niño y el niño, a su vez puede entender fácilmente al poeta, lo sé porque con el Palomar de Dora Alonso conocí, a los cuatro años, el insondable mundo de la poesía y creo en ella como un mantra destinado a salvarnos de la alienación, como un salmo para elevar a un dios, pagano quizás, pero creo en ella, en lo que inyecta en el corazón del infante y cómo insufla en su imaginación o en el inconsciente, la sensibilidad otra y hay que dejarla allí dentro, que se enquiste si quiere, que se vuelva crónica, porque hay demasiados antídotos en el cinismo pedestre de la realidad . Por ello no hará ningún mal dejar que la poesía se aferre y eche raíces “como el musguito en la piedra”, y brote para salvarnos un día, si fuese necesario, de nuestra propia falta de lirismo o incapacidad para el estremecimiento ante lo bello hecho metáfora. Luego no puede más que disfrutarse la lectura como un acto de regresión para el adulto, y de encuentro para el niño. Hágase La Luz sobre cualquier obra que pretenda el reverdecer de la literatura cubana, más allá de la edad de los autores y que siga brotando, bajo su influencia iridiscente, como un manto aterciopelado de esperanza, también el musgo.
 
Liset Prego Díaz.
Author: Liset Prego Díaz.
Yo vivo de preguntar… porque saber no puede ser lujo. Esta periodista muestra la cotidiana realidad, como la percibe o la siente, trastocada quizá por un vicio de graficar las vivencias como vistas con unos particulares lentes
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