Ejercicio de memoria

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la coubre
 
Han pasado muchos años, lo sé, pero intentemos recordar. La mañana, invernal. La Habana, atractiva como siempre. El ir y venir de los automóviles por la avenida. El olor a mar.
 
En el horizonte se perfila la silueta de un buque. Atraviesa la bahía con la elegancia que distingue a los transportes marítimos, hasta que atraca en el puerto. Es un vapor francés. “La Coubre”, se pronuncia, arrastrando la erre. Dicen que trae 31 toneladas de granadas y 44 de municiones, para defender el país en caso de un ataque. En 1960 los ataques son bastante comunes.

No es sencillo descargar una mercancía como esa. Piénselo. Un error y puede pasar lo peor. Los directivos del puerto, los estibadores y braceros, los de la Compañía Trasatlántica y los marinos franceses, los inspectores de aduana, los oficiales de la policía marítima y del Ejército Rebelde… todos están conscientes del peligro y tomaron las medidas pertinentes.

Pero a las 3:10 de la tarde pasó lo peor y no pudieron evitarlo. Escuche la explosión, brutal. Sienta el pavimento temblar bajo sus pies. Vea esa columna de humo, gigantesca, ese hongo negro que donde aparece, usted lo sabe, anuncia la muerte. Corra a ponerse a salvo bajo techo, porque del cielo caen trozos de hierro, metralla y otros fragmentos. Es el caos.

El tendido eléctrico en el piso. Estructuras sin techo. Vigas de acero retorcidas. La popa del buque, deforme. La proa, encajada en un almacén. El mástil fracturado en pedazos. El fuego propagándose con una rapidez increíble sobre todo y sobre todos.

En el buque, el muelle y aún en lugares más lejanos, gente o lo que quedó de ella. No aparte la vista, espantado, mareada. Mire cómo yacen, cómo mueren o cómo sobreviven. Escuche los quejidos de los mutilados, el auxilio que piden los heridos con gritos despavoridos o con el últimoaliento. Sienta los olores del fuego sobre las cosas y las personas que sangran, arden, duelen.

Algunos recuperan el conocimiento. Soportando el dolor, buscan a los compañeros. Intentan socorrerlos. Nadie quisiera estar allí, es espeluznante, pero vienen ya la policía, el ejército, los bomberos, las ambulancias de la Cruz Roja, los trabajadores y los vecinos de las cercanías.

Desafían el fuego. Priorizan a los heridos. Extraen cuerpos sin vida, restos humanos por doquier. Recuperan parte de la mercancía. Y entonces, una segunda explosión.

Por suerte, ni usted ni yo estuvimos allí. La onda expansiva no nos alcanzó. Ni respiramos el humo del hongo negro. No pudimos percatarnos aquel 4 de marzo de lo vulnerable que son nuestros cuerpos. Por suerte, usted y yo solo podemos recordar.

De hecho, estamos en el deber de recordar, por el centenar de muertos (34 de ellos desaparecidos), por los 400 heridos (decenas de ellos incapacitados de por vida), por los más de 80 huérfanos. Porque las pruebas demostraron que no fue accidental, sino un sabotaje premeditado para debilitar la Revolución, y el dossier completo de la investigación se encuentra en la caja fuerte de una fundación marítima francesa, con prohibición de comunicar fijada a 150 años.

¿Recuerda el 17 de diciembre del 2014? El eventual restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos puso de relieve lainconveniencia de vivir en el pasado.

Pero la desmemoria equivale a la renuncia de quiénes somos, a la insensibilidad, a errores repetidos. La verdadera inconveniencia radica en el rencor. Nuestro deber, en la dignidad.
 
 

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