El paraguas colectivo

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Alguien, muy competente en Derecho, me dijo que las constituciones son una especie de paraguas colectivo, debajo del cual debe ampararse toda la sociedad perfectible, con sus virtudes y sus defectos, con sus matices del negro al blanco, pasando por la múltiple gama de los grises.

Todos, personas naturales y jurídicas, deben saber los límites de esa enorme sombrilla para no sacar un pie fuera de ella y por eso la Carta Magna de un país no alberga detalles sino fundamentos que establecen la demarcación, o sea, desde dónde va un asunto y hasta dónde llega.

Faltan solo 42 días para que cada ciudadano cubano con derecho al voto pueda decir Si o No a la nueva Ley de Leyes, que pasó por un importante proceso de consulta popular, enriquecedor y sabio como el pueblo mismo, y cuya versión definitiva tuvo, recientemente, la aprobación de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Este nuevo texto constitucional busca responder a la realidad de nuestro país, parecerse más a sus caminos y sus avatares, es amplio e integrador, como para no tener que hacerle enmiendas cada cierto tiempo, pues se trata de que la realidad jurídica de la nación se asemeje más a su entorno cotidiano.

Tan solo saber que existe la garantía constitucional de que Cuba es un estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos y justo esa soberanía reside, intransferiblemente, en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado, bien vale el voto positivo.

Se hace más meritorio el nuevo texto si analizamos los capítulos relacionados con los derechos, donde se reconoce y garantiza a las personas el goce y el ejercicio irrenunciable, imprescriptible, indivisible, universal e interdependiente de los derechos humanos, en correspondencia con los principios de progresividad, igualdad y no discriminación.

Bien valen una misa, como diría mi abuela, los acápites referidos a que todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial, o cualquier otra condición o circunstancia personal que implique diferencia.

No hay que olvidar que esta es la octava constitución realizada en Cuba, hubo varias durante la gesta mambisa, la de 1901, la de 1940, muy avanzada para su tiempo y la de 1976, a la cual se le hicieron cambios en 1978, 1994 y 2002.

Esta nueva constitución es un ejemplo de cubanía y protección de los derechos civiles. Tiene implícito un mensaje claro: aquí existe apego a la legalidad y nuestra ley primera siempre será, como lo pidió Martí, el culto de todos los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Porque para mí la Constitución es, ante todo, un instrumento de defensa de los derechos ciudadanos y una brújula para los deberes personales e institucionales, aun cuando prefiero o no en el texto alguna palabra o idea, este 24 de febrero, yo votaré Si, pues una partícula no es razón suficiente para contener un río de bondades y, como la mayoría, también quiero un espacio en este inmenso paraguas colectivo.
 

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