Realmente mago

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juguetes reyes magos 1
 
La tienda es de ensueños, algunos hasta la han tomado como estudio fotográfico y posan entre los castillos y estantes repletos de mercancía colorida, llamativa e inalcanzable para el bolsillo de “El Papá”, que vino dispuesto a un sacrificio.

No había tenido a Superman sino a Elpidio Valdés, pero con sus hijos, nacidos en otra época donde retomaron protagonismo celebraciones como Navidad y Día de Reyes, hace una excepción.

Aunque su hogar es ateo y su conducta pragmática a ultranza, quiere sostener el sueño de sus muchachos mientras pueda.
 
Ello pese a lo que han dejado en sus respectivas cartas al compañero Papá Noel y la cantidad de hierba que reservan para los camellos de Gaspar, Melchor y Baltazar.

Él sospecha que ni la ayuda celestial alcanzará para costear los obsequios que aguardan las ambiciosas mentes infantiles, ignorantes de términos como presupuesto y deuda externa.

Por algún tiempo consideró que los Reyes, con el sistema premio-castigo, permitirían regular la conducta infantil, bien se sabe que a nadie le gusta recibir carbón por esos días. Error suyo, ni la oscura amenaza de los monarcas contuvo la furia destructora de sus vástagos, solo tuvieron en cuenta para su misiva sus buenas obras.

Un año antes el hijo mayor había reclamado porque no tenía lo que él mismo calificó como: ningún juguete “tecnológico”, y apuntó:

-A tres niños de mi aula les trajeron celulares de juguete.

En ese momento “El Papá” trató de hacer un chiste y calmar los ánimos que revelaban la frustración de aquel que recibió una caja de crayolas.

- Es que los reyes no pueden traer juguetes caros para tantos niños.

La respuesta del pequeño lo dejó mudo

- Papi, dice mi “seño” que esos teléfonos los vendieron en la tienda del semáforo.

No supo si agradecer a la educadora que aclarase el origen de los juguetes y tampoco si el niño creía que en la tienda aceptarían el canje por hierba y agua como lo hacía la real tropa de asaltantes nocturnos. Al parecer, aunque el chico podía entender el origen, elegía el fantástico concepto heredado de la creencia cristiana que, vuelta mito, ubica en la madrugada del 6 de enero a esos tres señores en cada hogar donde haya un niño, sin importar las leyes de la física o la imposibilidad de viajar a la velocidad de la luz. Ergo, la fantasía como la fe no busca la explicación, se trata de creer.

Debió servirle de experiencia que ante una situación similar su sobrino preguntase si los Reyes Magos de aquí eran pobres.
 
Estos niños de hoy hacen de la paternidad un reto cada vez más complejo, se dice, pero como se dividieron los gastos y los abuelos tienen asignada la tarea de Santa Claus, este año El Papá piensa esmerarse y vino a esta tienda con olor a nuevo y luces led.

Le impresiona la cantidad de juguetes de niña y la desproporción entre estos y los supuestamente para varón, le asusta que la mayoría de los que se espera sean usados por estos sean armas de diferentes épocas, algunas con apariencia sobrecogedoramente realista.

Las hembritas a planchar, cocinar, y peinar cabelleras rubias, a unir cuentas para hacerse pulsas, a embutir biberones con leche de mentiritas que se desaparece y aparece, y a maquillarse con productos, vale aclarar, no toxic, como mujercitas en miniatura.

Para los nenes, carritos, herramientas de carpintero allá, al final del mostrador y sobre una pila de figuras de acción, osos, leones, ranas, mapaches, hipoelergénicos y carísimosssssssss.

No sabe qué hacer, por cual decidirse, de los que puede comprar todos le hacen entrar en un conflicto ético: el temor a sembrar con su elección los estereotipos de género, conductas violentas, consumismo; el miedo a romper la ilusión a los niños de casa. ¿Quién es el mejor padre, el que compra o el que no? ¡Ay! Si los Reyes Magos existieran no tendría que enfrentar esta disyuntiva.

Piensa en cosas que ha leído como que el juego es un ensayo del futuro, el modo en que practica para la vida adulta, aunque sigas jugando, ya crecido, de otros modos, se asusta. El Papá no quiere pasarse con sus principios feministas y antibelicistas, no quiere apostar por la teoría de la conspiración, aunque no duda de la influencia del mercado y sus trampas para fechas como esta.

Compra dos set de legos, juguetes para armar, un mundo distinto cada vez, uno por cada niño de casa, porque prefiere verlos construir. Eligió, para ser contracorriente como dicta su naturaleza, celeste para la hembra y rosado para el varón, y listo.

No será de la realeza, pero sí mago, porque comprar juguetes, tan cerca de la famosa fecha, en esa tienda y tener aún presupuesto para el resto de las compras del mes…es un acto de magia.
 
 
Liset Prego Díaz.
Author: Liset Prego Díaz.
Yo vivo de preguntar… porque saber no puede ser lujo. Esta periodista muestra la cotidiana realidad, como la percibe o la siente, trastocada quizá por un vicio de graficar las vivencias como vistas con unos particulares lentes
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