La prevención, carta de triunfo ante la hepatitis

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La hepatitis es una enfermedad muy contagiosa que ataca al hígado y es una de las más antiguas conocidas por la humanidad, con una distribución universal y aunque presenta grandes diferencias en su distribución geográfica en cuanto a su prevalencia, se puede comportar con grandes brotes epidémicos, con casos esporádicos y también con pequeñas apariciones, pero siempre su epidemiología está basada en dos pilares fundamentales: la transmisión fecal oral y la inmunidad permanente que produce una vez pasada la infección.

Esta explicación de la epidemióloga Yanelis Calviño Vega sobre esa infección, causada entre otros virus por la hepatitis A, tiene como objetivo esencial insistir en su prevención por las implicaciones que tiene este padecimiento en la salud.

La hepatitis A es una infección autolimitada típica de la infancia, cuya propagación es favorecida por las condiciones medioambientales desfavorables, como el hacinamiento y la falta de higiene.

Factores estos que pueden evitarse si proporcionamos contextos sanos, consumimos agua clorada, hacemos correcta disposición de la basura y las excretas, lavamos frecuentemente las manos, sobre todo después de ir al sanitario, así como higienizamos las frutas y los vegetales antes de ingerirlos.

Estas y otras medidas extremas de higiene son importantes para cortar la trasmisión del virus, porque este permanece por largo tiempo en el medio ambiente, es resistente a los procesos de producción de alimentos que se utilizan habitualmente para inactivar o controlar los patógenos bacterianos.

Los síntomas de esta enfermedad son principalmente cansancio, debilidad, nauseas, vómitos y hay pacientes que señalan dolor abdominal, sobre todo en la parte superior derecha debajo de las costillas; las heces fecales cambian su coloración, hay pérdida del apetito y puede presentarse fiebre baja, no es usual que una persona refiera temperaturas de 39 o más.

Además, la orina se torna oscura, aparece el color amarillo en la piel y los ojos y hay pacientes que presentan picazón intensa; síntomas y signos que suelen ser relativamente leves y deben desaparecer de una semana a uno o dos meses.

La especialista alertó que “en raras ocasiones ocurren hepatitis fulminante. La Organización Mundial de la Salud estima que en todo el mundo se registra el 0,5 de fallecidos por esta causa”.

Esta enfermedad no requiere tratamiento, pero si el malestar es mayor y la persona no evoluciona favorablemente debe volver al médico, profesional indicado para orientar qué conducta a seguir, nunca automedicarse; evitar el consumo de bebidas alcohólicas, de alimentos procesados y ricos en sodio y los dulces.

El paciente debe descansar, pues la cura de la hepatitis es el reposo, de ser posible, absoluto. La prevención es la mayor carta de triunfo.


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