Abrazado a la Pediatría
- Por Lourdes Pichs Rodríguez
- Hits: 118
Fotos: Ariel M. Nico
Cuando llegó la propuesta de asumir la dirección del Programa de Atención Materno Infantil (Pami) en la provincia de Holguín, a pesar de que sabía muy bien la responsabilidad que caía sobre sus hombros, solo puso una condición: no perder el vínculo con la asistencia médica y, sobre todo, seguir haciendo su guardia en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital pediátrico Octavio de la Concepción de la Pedraja.
Así ha sido desde hace cerca de un lustro. Precisamente, el Dr.C. Alberto Rubén Piriz Assa, especialista de segundo grado en medicina intensiva y emergencia, accedió a conversar una de estas mañanas de postguardia. Sus ojos verdes azul apenas se le veían, eran una pequeña rayita, al hacer la observación, solo atinó a responder: “Fue una noche muy difícil, con varios pacientes muy delicados”.
Es de imaginar lo que en sus pocas palabras quiso expresar, porque en una la Unidad de Terapia Intensiva es sí o sí junto al paciente, mucho más en una pediátrica, como en la de Holguín, donde ingresan en sus 15 camas niños de toda la provincia y también de otras de la zona oriental de Cuba.
Este banense de nacimiento, graduado de doctor en Medicina en 1992, tuvo su primera experiencia laboral en Antilla, pequeño municipio que lo acogió por unos ocho años.
Como médico general integral certificado llevó el programa de medicamentos y asistencia médica, pero como había demostrado habilidades y algunas preferencias hacia la especialidad de Pediatría lo mandaron al hospital infantil provincial a realizar una pasantía de seis meses…
¿Era la especialidad que más le gustaba?
Sí, por eso en 1999 decidí venir para Holguín a hacer la especialidad. A los seis meses fuimos convocados a hacer Medicina Intensiva, que en ese tiempo no existía la pediátrica. Por ejemplo, mi título dice solo Medicina Intensiva, pero como la hice en un área de pediatría, y llevo trabajando todos estos años a los niños… Después alcancé el segundo grado en medicina intensiva pediátrica.
¿Cuándo entró a la sala de terapia intensiva estaba el Profesor Luis Rodríguez, su fundador?
Exactamente, fue un gran profesor. La mayor parte de lo que sé de la medicina intensiva se lo debo al doctor Luisito. Le agradezco también la empatía que tenía conmigo, porque logré conocer muchas terapias intensivas del país gracias a él. Debido a sus problemas familiares, me mandaba a representarlo en reuniones fuera de provincia, por eso tuve la oportunidad de conocer otras salas similares a la nuestra.
¿Fue usted uno de los primeros doctores en ciencia de la provincia?
Hice el doctorado propio de la especialidad, con un tema de derrame pleural complicado, alrededor del cual hemos desarrollado varios proyectos. A propósito, tengo que mencionar, un segundo profesor del pediátrico, al que agradezco mucho, al Dr.Cs. Rafael Trinchet. Cuando quise emprender este trabajo doctoral, nunca me dijo no se puede, por el contrario me animó y contestó: “lo vamos hacer”.
Era joven, tenía unos 29 años cuando empecé y lo terminamos en 2010, con mucho esfuerzo, porque lo hicimos en la Universidad de Santiago de Cuba. En ese momento la nuestra no era institución autorizada. Junto a la cirujana Yanet Hidalgo Marrero materializamos este empeño en esa hermana provincia.
En el área puramente de pediatría, sí fui el primero en la región oriental, después se comenzó en la quirúrgica y así, sucesivamente, hasta hoy estar unos cuantos colegas con ese título.
Para ser justo siempre agradezco a muchos otros profesionales que nos animaron y ayudaron en el empeño. Un dato curioso, la primera vez que inauguramos la formación doctoral en el hospital, nos acompañó el actual Presidente de nuestro país, el que nos apoyó en el proyecto que tuvimos y permitió cerrar con un alto número de doctores en ciencias.

Describa un día que parezca normal en la UTI…
La terapia intensiva comienza cuando llega un paciente al hospital. Muchas veces las primeras acciones las hemos tenido que hacer en el cuerpo de guardia, en la zona roja del hospital, aunque también hay que empezar en el municipio donde vamos a rescatar al paciente.
Siempre llegábamos y el doctor Luis Rodríguez nos distribuía un médico por cama, evolucionábamos al paciente, que no pocas veces incluía hasta el propio baño del niño cuando tenía una serie de tubos y de procedimientos artificiales y de tecnología. Ayudábamos a la enfermera, lo bañábamos, asistíamos, examinábamos y tomábamos una conducta.
Alrededor de las 10 de la mañana había una discusión de caso. En mi primer año, yo era muy joven, presentaba el paciente y las conductas las proponía muy ligeramente para dejar que Luis Rodríguez y el doctor Ricardo Gutiérrez, Jorge Rodríguez o Purón, con un poquito más de experiencia, decidieran la conducta a seguir y entre todos acordábamos cómo tratar al paciente.
Cada vez que la sala estaba enredada, me llamaban e iba. Fueron más las veces que me quedaba a las que regresaba. Esto hizo que lograra una serie de habilidades que me fueron colocando con ventaja para la vida profesional. De manera general, esa rutina de trabajo se ha mantenido, han cambiado algunos detalles, pues los tiempos, situaciones hasta características de pacientes no son las mismas, pero sí puedo asegurar que ese lugar allí es una escuela donde se salvan muchísimas vidas y han formado decenas y decenas de excelentes profesionales.
Llevó al unísono asistencia médica y la superación profesional…
Exacto, gracias a varios proyectos empecé a cursar algunos talleres y diplomados fuera de la provincia. Dos de ellos los cursé en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq) y el hospital en el Juan Manuel Márquez. A través de uno de esos programas de superación llegamos a traer la Academia Americana de Pediatría a Cuba. Gracias al doctor Trinchet, se pudo financiar y asistir nuestros profesores. Pudimos formar, en ese momento, dos anestesiólogos por provincia, dos intensivistas en Apoyos para la Vida de un Niño (APLS), para la Vida Pediátrica.
Hubo una segunda edición, con buenos dividendos también. Y en esa, cinco del curso, nos hicimos profesores de la Academia Americana de Pediatría de APLS. Esto permitió pudiéramos realizar proyectos y talleres a nivel de país con esa categoría. Posteriormente quedé presidente del capítulo de Medicina Intensiva en la provincia, que abarca adulto y niño, no tiene diferencia. También fui seleccionado miembro de la Junta Nacional hasta ahora y quedé seleccionado director de la revista cubana Medicina Intensiva y Emergencia.
¿Cómo llega a la dirección del Pami?
La decisión, tiene como antecedente otra solicitud. La directora de atención médica en ese momento en la provincia, doctora Catherine Chibás, me dijo en 2019: ¿te atreves a ser miembro de un grupo que estamos armando en el país para atender la COVID-19?, le respondí que me diera un tiempo para estudiar, pues ya había estado en Santiago de Cuba trabajando. Fui para La Habana, donde hice entrenamiento en el IPK con otro compañero de Holguín.
A mediados de febrero 2020 nos incorporamos a trabajar en el hospital militar Fermín Valdés Domínguez en un cubículo de terapia intensiva habilitado para pediatría. A finales de marzo cae el primer caso con el SARS-CoV-2 y empezamos a atender niños y a crear una base de datos, que al percatarnos de cómo la cifra iba subiendo de manera exponencial, alertamos de la necesidad de ampliar capacidades para atender a los niños y se convirtió la Eide en centro hospitalario para la niñez de las provincias orientales con COVID-19.
Tenía sala observación, entrega de guardia, sistema estadístico, pase de visita y funcionó por tres meses, con la participación de cerca de 35 enfermeras, más el personal de apoyo de servicio, guardia administrativa encabezada por personal de deporte, cuya labor fue muy valiosa.
Con este antecedente, más los resultados de un proyecto emprendido con la UNICEF para atender los accidentes de la niñez, convierten a Holguín en líder de esta actividad, además de cursos que había pasado de atención a la materna crítica en el “Enrique Cabrera”, en fin, volvió la doctora Catherine con otra nueva pregunta: “¿Te atreverías a dirigir el PAMI en la provincia?, a lo que respondí que me permitiera medirme en 15 días, en la práctica.
Consulté con el doctor Córdova, jefe de la UCI, que dijo no había problemas y solicité ir por las mañanas a la UCI y en la tarde a la Dirección General de Salud y vi que podía y aquí estoy.
La familia, ¿entiende su ritmo de trabajo?
Mi esposa es pediatra en el policlínico Mario Gutiérrez y su trabajo también requiere de mucha consagración, pero ambos asumimos lo que hacemos con mucho amor. Hemos tratado que la casa sea un hogar feliz, con nuestras cuatro hijas. Los domingos tratamos de hacer una vida social en familia, compartiendo todas las tareas.
¿Satisfacciones?
Haber podido contribuir a devolverles la salud a muchos niños y adolescentes. Guardo incontables recuerdos de agradecimientos de familias enteras, padres que siempre me recuerdan, pero también de pacientes que en la calle me reconocen y dicen, ese fue el médico que me salvó la vida.
