El orgullo de ser mujer

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DiadelaMujerNació entre tules rosa, ropones con motivos florales y cintas en la cabecita pelada a la que luego adornaron unos zarcillos, “para que no la confundan”, había dicho la abuela. Era una niña, ya lo había asegurado el ultrasonido.
 
La recién nacida es de la generación 00. Para cuando llegó al mundo ya habíamos superado las amenazas apocalípticas del nuevo milenio y se habían librado por ella, sin que lo hubiera pedido, cientos de batallas para obtener garantías que hoy da por sentado y ve como un derecho natural de cualquier ser humano.
 
Ya han pasado la revolución sexual y el mayo francés. Simone de Beauvoir ha escrito El segundo sexo. Hasta ha chocado contra la playa de la postmodernidad la tercera ola del movimiento feminista.
 
La pequeña abrió los ojos en un país donde las estadísticas parecen favorecerla en puestos de trabajo, formación y nivel escolar. Donde se permite el aborto, entendido como un derecho de cada gestante. Donde la emancipación femenina es, desde hace casi seis décadas, voluntad de Estado, aunque algunos aún no se enteren.
 
Como este marzo cumple 18 años se cree una mujer con todas sus letras y en mayúscula sin saber que no está en su edad el llamarse de este modo. Podrá ser adulta ante la ley, pero no hay ninguna que diga eres hombre o mujer.
Aún debe aprender que serlo no radica en atributos anatómicos, en conjugaciones, en su carnet ni su mayor o menor femineidad. Quizás necesita leer a la filósofa francesa que dijo “no se nace mujer, se llega a serlo”, para enterarse de que lo entendido por mujer no es más que una construcción social, un producto de la cultura al que colgamos atributos para configurar un concepto.
 
Necesita aprender más sobre sí misma para descubrir algo que de tan simple se torna complicado de adecuar a lo cotidiano, más allá del intelectual acto de racionalización. Esa verdad densa y enorme como el Everest, de que no la puede definir, ser madre, esposa, hija, hermana, ni una marca de género otorgada por la gramática y su búsqueda de la concordancia, sino su criterio. Debe resemantizar el añejo concepto para hacerlo más suyo, la apropiación del mismo a través de una búsqueda interior que la conduzca a la conquista definitiva de su propia identidad.
 
Después de esto solo se puede estar en paz con una misma. Si se quiere ser feminista militante, bienvenida, sin que ello represente ser una gladiadora o una insulsa damita, ni enfrentar las masculinidades desde un despótico matriarcado que salde con garrote las cuentas por todos los desmanes sufridos hasta hoy por las féminas.
 
La lucha de ahora es otra, por el respeto a la diferencia y la tolerancia, por la búsqueda no del consenso absoluto, sino del espacio para coexistir en criterio, cuerpo y alma, de la felicidad con quien eres, más allá de las identidades de género. Y para eso no importa el siglo o los años que se cumplan nunca es demasiado temprano o tarde.
Liset Prego Díaz.
Author: Liset Prego Díaz.
Yo vivo de preguntar… porque saber no puede ser lujo. Esta periodista muestra la cotidiana realidad, como la percibe o la siente, trastocada quizá por un vicio de graficar las vivencias como vistas con unos particulares lentes
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