Una finca sin nombre. Una calle que conduce a un embarcadero. Mucha tierra, pocos miedos. Unas lomas que adornan una mañana nublada. El hombre, los hombres, allí no descansan, sudan, van de frente. Estamos en Banes, justo en el lugar que hace más feliz a Rigo. Llegamos a su finca, y la recorremos, de punta a cabo. Nos perdemos entre los cultivos de plátano, para sentir, oler y hasta probar de su cosecha.