Lía Weitzel vino a Cuba, por primera vez, con su padre, llegaba desde Australia, tenía siete años y formaba parte de la Brigada de Solidaridad Cruz del Sur de ese país.
Con el nombre de una constelación, visible solo desde su enorme isla, pretendían traer algo de su cultura, la luz de la amistad entre los pueblos y el apoyo de sus coterráneos, representado por un grupo, que ya por 37 años consecutivos arriba a la mayor de las Antillas para cumplir un variado itinerario por sitios históricos, comunidades e instituciones de interés económico y social.