Primero de Mayo: “a mal tiempo, buena casa”

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Este Primero fue el primero que “me quedo en casa”. Bastó ser pionera, estudiante, joven, mi integración al sindicato, bastó siempre ser cubana para ocupar un píxel de la inmensa imagen de pueblo..
 
Este Primero, parecía ser el primero para nuestro anhelado y ya materializado pulover que dice ¡ahora!; digo grupalmente, porque igual lo fue; junto a los aditamentos propios de la ocasión y una pintadita de labios, libres de creyón hace más de un mes, la selfi también “se pintaba” sola, pues, en definitiva, “¡ahora! es cuando es”.

Este Primero no sería el primero para mi pequeña, pues ya -una vez, una niña, de un año, fue a un “uno” de Mayo, su única vez-; pero sí se vislumbraba cómo el entusiasmo la llevaría a caminar junto a su madre, sin desafiar el inicio de mes desde el “des-Mayamiento” de mis brazos.

Este Primero, la emulación no fue entre bloques, sino entre vecinos, como en barrios que conozco, para ver quién adornaba más la casa con banderas, carteles y cuanta iniciativa aflorara, o lograba la mejor fotografía, que luego sería enviada al Concurso de la CTC. Lo mejor es que la gente, que se pasa el desfile buscando la cámara, pudo pausadamente posar ante ella, incluso, lucir su más agraciado perfil, publicar.

mayo2Fotos: Carlos Rafael
 
Este Primero las redes se colmaron de mensajes, mas, fuera de ellas, no faltaron las iniciativas de aquel como usted o como yo, que no tenemos internet para ver lo que se twitea, pero sí la entereza de hacer lo posible por la Patria y sus conquistas. Aplaudimos por los médicos, enfermeras, policías, dependientes, productores, por la vida.

Este Primero, extrañó el madrugar hasta el más remolón. Se tuvo nostalgia del bullicio, la aglomeración, del encuentro con alguien a quien ves de desfile en desfile, del brindis “metálico o plástico” con la cerveza. Faltó la emoción del instante frente al friso de la plaza. Para quienes ven la mejor parte en el feriado, por una tarde entera para lavar la ropa, el día se hizo demasiado largo.

Sin embargo, como otras veces, la jornada tuvo el mismo matiz de reafirmación revolucionaria y unidad nacional; de denuncia al gobierno de los Estados Unidos, que se empeña en recrudecer medidas e impedirnos el acceso a recursos necesarios para vencer la Covid; de celebración por vivir en un país en el que, en situaciones como las actuales, se le sigue pagando a los trabajadores cuyos motivos de salud, edad o familiares no le permiten laborar.

Este Primero no fue el primero para la unidad, pero sí para estar unidos desde la distancia; no para consignas, pero sí para comprender el mensaje “envuelto” en “Talismán”: “Vivir para vencer”, una canción de actos y humanismo.

Este Primero sentí el valor de la tradición y de esta Cuba, donde a pesar de los pesares, hay mucho que agradecer, reír, festejar. Aunque no hubo el acostumbrado desfile, “a mal tiempo, buena casa”, eso fue lo primero.

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