De Perseverancia y Amor
- Por Carlos Velázquez Álvarez./ Colaborador
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Para Oslaidi Cruz (al centro) la discapacidad es " un llamado a no rendirse, sonreír, llenar el mundo de colores y echarle un brazo encima a quienes creen que no se puede".
La Vicepresidenta Provincial de la Asociación de Personas con Discapacidad Físico Motora (ACLIFIM) Oslaidi Cruz, siembra sonrisas donde antes había tristeza al trabajar y ser una mujer de bien con altos valores humanos y políticos.
Es carismática, apacible, solidaria y exigente consigo misma. Con palabras sabias y dulces y un carácter alegre y sensible guía, enseña, corrige y anima a sus seres queridos y a quienes tienen la oportunidad de conocerla.
Desde pequeña aprendió a mirar más allá del dolor hacia un futuro lleno de luz y esperanza. Su crecimiento espiritual es fruto de levantarse donde otros caen, sonreírle a la vida y seguir adelante en las circunstancias difíciles.

Osli, como cariñosamente le dicen, nació en cueto en 1981 de un embarazo de 26 semanas con un acortamiento en el tendón miembro inferior derecho, una parálisis cerebral infantil y un grupo de trastornos neurológicos que afectaron el movimiento y la coordinación muscular durante los primeros años de vida. A los 6 meses su mamá falleció. Su padre no aceptaba que su niña había nacido con una discapacidad.
“El cuento de mi vida es similar al de Hans Christian Anderson en el cuento del patito feo que se convirtió en un gran cisne. Las primeras barreras para desarrollarme y tener una vida plena estaban en mi propia casa. Mi papá veía a una persona que tenía mi misma discapacidad y siempre la estaba comparando porque su operación no fue un éxito”. refiere Osli.

“Para mi dicha mi abuela siempre fue mi mejor abogada y nunca permitió que me excluyeran. Me llevó para operarme en el Hospital William Soler en la Habana y a los tres meses mi papá me trajo para Holguín. Pero, mi abuela realizó las gestiones y en menos de 10 días ya estaba operada. A los 7 años caminé por primera vez”. agrega con una mirada serena.
Aún caminaba con la puntica del pie y era objeto de burla. Sin embargo, la sonrisa nunca desapareció de su rostro. Mientras otros niños corrían y saltaban, a Osli le gustaba mucho leer, por lo cual participaba en círculos de interés y talleres literarios. Aunque en la secundaria su papá le entregó los certificados a la Comisión Médica para que no participara en las etapas de la escuela al campo, disfrutó esa experiencia maravillosa. Cuando se quiere se puede si hay voluntad. Su discapacidad era en las piernas y no en los brazos.

“Por la vida que me había tocado vivir tenía bien definido que quería ser maestra. Al ingresar en el Instituto Pre Vocacional de Ciencias Pedagógicas empecé a demostrar mi capacidad intelectual y dejaron de mirar mi discapacidad física, por lo cual terminé mi 12 grado. Cuando iba a estudiar Historia Marxismo mi papá falleció. Debía trabajar y opté por bibliotecología, una carrera de ciclo corto que me hacía feliz”. Destaca Oslaidi Cruz con la convicción de que perseverar con humildad significa vencer.
Inició su vida laboral en la escuela especial de Cueto como una obra de sublime amor. Para Osli esa biblioteca escolar era como un santuario de luz y paz. En ella transformaba la información en conocimiento al guiar a los estudiantes por los caminos del saber, de tal manera que hubieron ganadores nacionales del concurso Leer a Martí. Después trabajó durante 10 cursos como metodóloga del sistema de bibliotecas con la convicción de que la persona más preparada e integral debe ser el bibliotecario.

Entonces la vida la sorprendió con un hermoso regalo, estaba embarazada. Con una sonrisa que ilumina su rostro cuenta que en dos ocasiones disfrutó el proceso de maternidad, al cuidar a sus hijas con amor.
¿Pero cómo se convirtió Oslaidi en una activista incansable de los derechos? Pues promueve la inclusión y el desarrollo integral, así como el conocimiento del código de trabajo y el protocolo de actuación para el enfrentamiento a cualquier manifestación discriminatoria, de violencia o acoso en el ámbito laboral.
Comenta que en el 2004 la propusieron como Vicepresidenta de Organización de la ACLIFIM y al mirar otras discapacidades más severas y complejas, se dio cuenta que su vida era un hermoso cuento.

“Asumí la presidencia con 26 años hasta llegar hacer Vicepresidenta Provincial. Para muchos la discapacidad puede significar limitación, desafíos y días de tristeza, pero para mí es una oportunidad de demostrar que sí se puede. El llamado es no rendirse, sonreír, llenar el mundo de colores y echarle un brazo encima a quienes creen que no se puede”. Destaca Oslaidi.
Tener una vida plena y feliz no significa escapar de los problemas o nunca llorar, sino creer, soñar y mirar la vida con los ojos del amor.
