Crimen contra el SEN y la población
- Por Maribel Flamand Sánchez
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Foto: Periódico 26.cu
Robar el aceite dieléctrico de un transformador es una sentencia de muerte para el equipo y un golpe directo al sistema eléctrico, un acto reprobable que el Estado cubano tipifica y castiga como sabotaje.
Hace unos días el poblado de Levisa, en el municipio de Mayarí, fue víctima del despojo del aceite dieléctrico de un transformador. Por este hecho no solo se afectaron los residentes en este territorio, sino también los habitantes de las comunidades cercanas de Nicaro y Cabonico.
Días antes, en Moa, uno de estos equipos ubicado en una subestación del lugar sufrió el mismo desfalco. Los delincuentes se llevaron 3 mil litros del lubricante, dejando a alrededor de 2 mil personas imposibilitadas de disfrutar de las apenas tres horas de electricidad que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) puede garantizar, como consecuencia del cerco energético impuesto por el mal vecino del Norte.
Foto: Perfil de Facebook Empresa Eléctrica
En el barrio Las Torres, en el municipio de Urbano Noris, 69 viviendas se vieron afectadas por un suceso similar, en junio pasado. Lo mismo ocurrió en la subestación de Farallones, en mayo y en la subestación Moa Nueva en marzo. Pero de acuerdo con testimonios de Eduardo Felipe Gutiérrez Estrada, especialista principal de Seguridad y Protección en la Empresa Eléctrica de Holguín, estos hechos son cada vez más frecuentes.
Gutiérrez Estrada argumentó que hasta la fecha se reportan en la provincia 28 casos de estos robos, que se han convertido en una especie de epidemia extendida por todo el país, con aparente impunidad, ante la lentitud con que transcurren los procesos judiciales abiertos contra quienes cometen estos graves delitos.
Los municipios con mayores ocurrencias son Moa, con 7 casos; Mayarí con 6, Urbano Noris con 4 y Cueto con igual cantidad. Generalmente los malhechores actúan en zonas alejadas de los poblados, lo que les facilita las fechorías, pero todos los territorios reportan afectaciones de este tipo.
Restablecimiento de cercas perimetrales afectadas, colocación de candados donde lo amerite, sellado de las válvulas de los transformadores e incremento de los recorridos y chequeos a las subestaciones, están entre las medidas establecidas desde la Unión Eléctrica Nacional para prevenir estas acciones vandálicas, que ameritan de una mayor y articulada reacción de rechazo popular ante su impacto. Un solo transformador averiado por la extracción del aceite afecta a comunidades enteras, por periodos prolongados.
Para entender la gravedad del hecho es necesario conocer que el aceite dieléctrico es como el sistema circulatorio del transformador. Fuentes consultadas exponen que el fluido cumple dos funciones vitales: aislar y refrigerar. Actúa como barrera dieléctrica para evitar arcos eléctricos y cortocircuitos entre las bobinas de alto voltaje, al tiempo que evacúa el calor generado por la resistencia de los conductores metálicos.
Despojar a un transformador de este combustible es condenarlo al sobrecalentamiento y la avería irreversible. Sin refrigeración, las bobinas se queman; sin aislamiento, el equipo falla. Un transformador dañado de esta forma no se recupera con solo reponer el líquido; el daño interno es irreparable.
La respuesta judicial ha sido contundente. La extracción de aceite dieléctrico en transformadores está tipificada en el artículo 125, del Código Penal como delito de sabotaje, al afectar infraestructuras críticas del país. Las penas para este delito van de 7 a 15 años de prisión, y pueden llegar hasta los 30 años o cadena perpetua, si el sabotaje causa daños graves o accidentes. De hecho, según publicación de la UNE en redes sociales, entre enero de 2025 y marzo de 2026, el ciento por ciento de los condenados por delitos contra el SEN recibió sentencias superiores a los 10 años de cárcel.
Reynaldo Castellanos Pérez, fiscal jefe del Departamento de Procesos Penales en la Fiscalía Provincial de Holguín, ratificó que los delitos contra la infraestructura del SEN se han incrementado en el territorio, fundamentalmente, el robo de aceite dieléctrico en transformadores. “Por su impacto se procesan con la máxima severidad que establece el Código Penal”, aseguró.
“Los casos de este tipo tienen prioridad y en su mayoría se trabajan por el Órgano Provincial de la Unidad de Delitos contra la seguridad del Estado. El imputado cuenta con todas las garantías procesales y el ciento por ciento de a quienes se le prueba participación en los hechos se les aplica la prisión provisional como medida cautelar.
“Hay casos tipificados como sabotajes, pero cuando tienen elementos de robo con violencia, como cuando se causa lesiones a custodios, por ejemplo, se procesa como robo con violencia, porque el marco sancionador es más grave e implica mayor severidad. Esto significa que se pueden establecer condenas de entre 15 y 30 años o privación perpetua de libertad.
“En estos momentos existen casos de delitos contra el SEN en instrucción, otros para despachos con la Fiscalía y otros en el Tribunal en espera para la realización del juicio oral; en todos los casos con el debido proceso y las garantías procesales correspondientes”, concluyó.
Las autoridades de la provincia convocan a las organizaciones comunitarias y sus miembros a cuidar lo que es de todos, a realizar acciones de rechazo popular. Pero la realidad es alarmante, como los casos de robos de paneles solares, angulares, cables eléctricos y cercas perimetrales de estaciones y subestaciones.
La lentitud con que transcurren los procesos contra los encartados, por estar apegados a las normas, provoca el espejismo de la impunidad, que estimula al delincuente y causa impotencia en la población y descrédito de las instituciones policiales y judiciales.
Cada transformador saboteado no solo prolonga los apagones en una isla sumida ya en una crisis energética, sino que agrava la escasez de equipos en la provincia, que no cuenta con inventarios para repuesto.
El robo de aceite dieléctrico es un crimen contra la infraestructura del SEN, contra la estabilidad de ese sistema y contra cada cubano que se queda a oscuras.
