Reynaldo Duarte Guerra: un adiós con la puntualidad de un narrador
- Por Luis Lamoth Quiala
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Foto: Del autor
El sol de la mañana apenas comenzaba a iluminar las calles de Mayarí cuando la voz que durante décadas narró las hazañas deportivas del municipio se apagó para siempre. Como en sus transmisiones, con la precisión de quien conoce el valor del tiempo, se realizó el sepelio de Reynaldo Duarte Guerra, narrador y comentarista deportivo jubilado de Radio Mayarí, en el cementerio San Gregorio.
El adiós congregó a familiares, amigos y colegas que despidieron a un hombre que convirtió el deporte en su razón de ser. Duarte Guerra, quien nació en Santiago de Cuba, pero llegó a Mayarí siendo apenas un recién nacido, construyó allí su vida y su leyenda en el periodismo deportivo .
Su historia comenzó en 1969, cuando con solo 12 años fue seleccionado entre un grupo de estudiantes de la secundaria básica para realizar pruebas en la recién inaugurada Radio Mayarí. La asesora radial Mirian Pinto buscaba voces y encontró en el joven Reynaldo un talento que marcaría época . Desde entonces, su voz se convirtió en la banda sonora de los eventos deportivos del territorio.
En el programa "Cosas de Joven", Duarte Guerra comenzó como corresponsal voluntario y se especializó en la temática deportiva, narrando béisbol, baloncesto, fútbol y boxeo . Fue testigo y cronista de los hitos del deporte holguinero: fundador de los Juegos Caroni en Nicaro, narrador en el Torneo Internacional de Boxeo Giraldo Córdoba Cardin en Holguín (1980) y enviado especial a los XI Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en La Habana (1982) .
Dos veces Vanguardia Nacional como corresponsal voluntario de la radio y cinco veces a nivel provincial en una época dorada del periodismo deportivo aficionado. Su dedicación le valió, entre otros reconocimientos, las medallas 8 de Octubre, Félix Varela y Mártires de Barbados .
Pero Papo fue más que una voz. Se graduó como Licenciado en Deportes, fue comisionado municipal de béisbol y profesor de la disciplina. Su mayor orgullo: dirigir al equipo de béisbol de Mayarí en la Serie Provincial .
Ya jubilado, con más tiempo para la vida hogareña junto a su esposa Flor Vargas, quien lo acompañó siempre en su incansable labor, Duarte Guerra mantuvo esa obstinada modestia que lo caracterizaba . Aquella inquietud por el acontecer deportivo no se apagó del todo, aunque en los últimos tiempos su presencia en las transmisiones comenzó a extrañarse.
En el cementerio San Gregorio, entre las flores y el recuerdo de los suyos, la noticia de su partida se extendió como un parte de última hora que nadie quiso confirmar. Allí, en la tierra que lo acogió desde niño, quedó para siempre el hombre que convirtió cada juego en una epopeya y cada narración en un acto de pasión.
