Red Juvenil Comunitaria: Hacer el futuro

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La historia demuestra que las sociedades que lograron trascender las crisis supieron reconocer en sus jóvenes no un problema, sino la respuesta. Los movimientos juveniles han sido el termómetro del cambio y el motor de la transformación en todas las épocas.

 En Cuba, agobiada por el bloqueo más prolongado de la historia y una crisis económica que no da tregua, la pregunta por el papel que ha de asumir la juventud adquiere una urgencia existencial. Holguín, la provincia más envejecida de la región oriental, se ha convertido en el escenario donde esa interrogante busca respuesta a través de la Red Juvenil Comunitaria, un entramado organizativo que pretende convertir cada barrio en una trinchera de futuro.

Las sociedades más progresistas no han surgido por casualidad, sino porque supieron potenciar el ímpetu transformador de sus juventudes. Este es el prisma a través del cual debe mirarse esta iniciativa. No se trata de un gesto retórico ni de una campaña pasajera, sino de un mecanismo concreto para canalizar el talento, la rebeldía creativa y el idealismo de una generación que, pese a las adversidades, está llamada a ser protagonista.

El peso de los años

Análisis del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), elaborados a partir de datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), ya señalaban que en el Censo de 2012 las personas de 60 años y más representaban el 17,7 % de la población provincial, una proporción superior a la de muchos otros territorios del país. Hoy, esa cifra se ha incrementado de manera sostenida.

La persistente disminución de la fecundidad, el aumento de la esperanza de vida y los flujos migratorios —que han vaciado de jóvenes a numerosas comunidades— han acelerado un proceso demográfico que convierte el envejecimiento en un rasgo estructural del territorio. En este contexto, la pregunta sobre el papel de las nuevas generaciones no es académica: es estratégica. ¿Qué futuro puede construir una provincia donde el peso de los años crece mientras la fuerza de los jóvenes disminuye?

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La Red Juvenil Comunitaria emerge, en parte, como una respuesta a esa pregunta. No es un programa más; es una apuesta por revertir la inercia demográfica desde la base, convenciendo a quienes aún están aquí de que su presencia y su acción son indispensables.

La semilla

La iniciativa nació el pasado 27 de marzo, el Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se reunió con jóvenes destacados de diversos sectores. En ese diálogo, puso énfasis en que, en tiempos difíciles, la comunidad se debía convertir en un escenario crucial para la vida del país, porque las limitaciones han reconfigurado horarios y costumbres de trabajo y estudio.

Esa conversación fue el germen de la Red Juvenil Comunitaria, descrita por sus impulsores como un "entramado organizativo de jóvenes en los territorios" para ejecutar acciones en ejes estratégicos: defensa, producción, comunicación, formación ideológica, cultura y solidaridad. Bajo el lema "Innovar, Crear, Liderar", la Red se articula en siete proyectos que buscan cubrir las necesidades más apremiantes de las comunidades:

Zona Joven Segura (defensa y protección civil).

Voltaje Juvenil (soluciones a la batalla energética)

Tu Aporte Cuenta (producción de alimentos y empleo).

Código Joven (combate a la desinformación y narrativa digital).

Aquí con mi Barrio (solidaridad con adultos mayores, embarazadas y personas vulnerables).

Conciencia Joven (formación ideológica).

Cuba Viva (cultura y deporte como herramientas de identidad y resistencia).

La teoría encuentra el barrio

En Holguín, sus líneas de acción se han traducido en gestos concretos que, aunque pequeños, buscan reconstruir el tejido social desde la cotidianidad.

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En la comunidad de Villa Nueva 3, un grupo de jóvenes visitó los hogares de adultos mayores vulnerables en el marco del proyecto "Aquí con mi Barrio". No llevaban soluciones mágicas, sino caldosa, postales dobladas con cuidado y, sobre todo, la disposición a escuchar. "Nos llenó el corazón escuchar sus historias, compartir risas y tristezas y, sobre todo, recordarles que no están solos", comentó Mélany Quevedo, una de las participantes. Jorge Pichardo, organizador de la actividad, añadió: "De buen corazón les brindamos una rica caldosa y una postal".

En el municipio Mayarí, específicamente en el pueblo de Guatemala, jóvenes y niños se unieron para llevar agua a familias vulnerables. En Moa, el proyecto "El Tin" reunió a jóvenes del sector del Níquel para limpiar el consejo popular de Miraflores. "No somos los mejores, pero somos los más felices. El bloqueo de los EE.UU. nos limita, pero hay algo que no van a bloquear: nuestra cubanía, liderazgo y felicidad", afirmó Raúl Rogelio Izquierdo, secretario de la UJC en la fábrica "Ernesto Che Guevara".

La producción de alimentos, uno de los frentes más sensibles de la economía cubana, también ha recibido el impulso de la Red. Jóvenes del municipio Holguín se sumaron a una jornada de trabajo voluntario en la CCS "Adel Calderón", entendiendo que el país se sostiene también desde el campo. "Son tiempos difíciles. Muy difíciles. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay que hacer algo. Este es nuestro aporte, me hace bien ser parte de la solución", declaró Florentino Reyes, uno de los participantes.

La recuperación del espacio público ha sido otra de las batallas visibles. La Plaza Lenin, conocida popularmente como "Los Chinos", era un símbolo del desorden y la ocupación ilegal. Carretilleros y vendedores informales hacían casi imposible el tránsito en una zona repleta de centros educativos. Hoy, gracias al ordenamiento territorial y al proyecto "Cuba Viva", la plaza ha renacido. Decenas de niños y jóvenes disfrutaron de actividades artísticas y juegos tradicionales. "Esto ha de mantenerse. Todos necesitamos espacios así, para salir de las preocupaciones cotidianas, para reírnos y disfrutar", expresó Yanais Rodríguez Será. "Lo mejor que le ha podido pasar a este lugar", aseguró Arnoldo Matos, ambos vecinos del lugar.

 Cuando todo empuja a estar separados

Sin embargo, el camino de la Red está lleno de espinas. Los organizadores y participantes son conscientes de que la iniciativa no opera en el vacío, sino en un contexto de profundas fracturas sociales.

Gran parte de los adolescentes de hoy son aquellos que durante los años 2020, 2021 y 2022 fueron niños. La época de la COVID-19, con su obligatorio aislamiento y la suspensión de la presencialidad escolar, dejó una huella psicológica profunda. Crecieron en una burbuja de pantallas y distancia física, moldeando una generación que aprendió a convivir con la soledad y la virtualidad, y que ahora debe reaprender el valor del abrazo, la mirada directa y la construcción colectiva en el espacio físico.

A este desafío generacional se suma el reto de la supervivencia diaria. La crisis económica prolongada ha impuesto un lastre adicional: la mente se ocupa, la mayor parte del tiempo, en idear alternativas para generar ingresos y resolver carencias cotidianas. Se dedica más tiempo a pensar en el "yo" que en el "nosotros", erosionando los lazos comunitarios que históricamente caracterizaron al cubano. En ese escenario, la apatía y el individualismo encuentran un caldo de cultivo perfecto, y la tentación de mirar hacia otro lado se vuelve abrumadora.

"El mayor reto de la Red Juvenil Comunitaria es juntarnos cuando todo nos empuja a estar separados", reflexionó Erik Díaz, participante activo de la Red.

Esa frase condensa la esencia del desafío: ¿cómo reedificar la comunidad cuando las condiciones materiales y subjetivas empujan en dirección contraria? La Red no tiene una respuesta definitiva, pero su apuesta es clara: la organización y la esperanza no son opciones, sino necesidades.

Laboratorio de hacer futuro

Más allá de las anécdotas y los gestos solidarios, la Red Juvenil Comunitaria plantea interrogantes de fondo sobre el papel de la juventud en un país en crisis. No se trata de un voluntarismo ingenuo, sino de un intento por recuperar la iniciativa histórica de una generación que, como aquellas que protagonizaron las grandes transformaciones del siglo XX, no puede darse el lujo de ser espectadora.

La Red intenta canalizar esa energía hacia la construcción colectiva. No es una solución mágica ni un remedio inmediato. Es, ante todo, un laboratorio: un espacio donde se ensayan respuestas a problemas que no admiten demora. El envejecimiento poblacional, la migración, la fragmentación social y la crisis económica no esperarán a que las condiciones sean perfectas.


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