Sin sueños no hay paraíso

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entrevista ingenieroFoto: Cortesía Entrevistado
 
Lo haría de traje y corbata, a pesar del calor del verano. Aquel momento marcaría la consumación de una pasión de más de seis años en la que pocos habían creído. Ella le había robado el sueño y los fines de semana. Juntos atravesaron momentos difíciles que casi los llevan a separarse.

Ahora estaba más tenso que el Quijote en un parque eólico, pero después de la discusión de la tesis, no habría nada que se interpusiera entre él y su carrera de Ingeniería Civil. Finalmente, a los 56 años, Joel Armando recibiría su título universitario.
Cuando tomó el puntero láser para empezar la exposición, se agolparon en él los recuerdos de aquella tarde en que decidió, 30 años después, cumplir el sueño de sus padres:

“En octubre de 2011, encontré en el periódico una nota del Ministerio de Educación Superior que convocaba a los interesados en estudiar una carrera universitaria, sin límite de edad, a matricular en los cursos de preparación para las pruebas de ingreso.

“Había perdido a mi mamá a los 15 años y mi papá a los 19, por lo que no pude hacer la carrera de Matemática de Computación en la entonces Unión Soviética. Tampoco terminé la Licenciatura en Matemática en el Pedagógico de Holguín por la cual opté cuando él enfermó para estar cerca.

“La vida se complicó. Tuve que trabajar. Después me casé, tuve dos hijos y me dediqué por completo a ellos. El mayor se había graduado de Cultura Física en 2009 con título de oro y el pequeño comenzaría la carrera de Medicina. Creí que era un buen momento para iniciar la carrera los dos juntos.

“El primero en saber mis intenciones fue mi amigo Miguel Feliciano, profesor de Matemática del Pedagógico. Necesitaba saber si contaba con su ayuda, pues dejé la universidad con 19 años y en ese momento tenía 49. O sea, hacía 30 años que no cogía ni un libro ni una libreta en mis manos. Le dije: ¿tú te atreverías a repasarme para hacer las pruebas de ingreso? Él se rió y me dijo: ‘Armando, tú eres mi hermano. No te puedo decir que no’.

“En la casa todos dijeron que estaba loco, pero el 11 de octubre a las seis de la tarde, arranqué con mi curso de preparación para los exámenes de ingreso. La primera clase fue de Matemática. Estaba tenso, pero todo lo entendía. La matrícula inicial era próxima a los 50 alumnos y terminamos cinco.

“Fueron seis meses y medio de cuero y candela. Era con los profesores de Matemática, Español e Historia de lunes a jueves. Los sábados repasaba con Feliciano de tres a cuatro horas. Me dejaba una tanda de ejercicios abismal. Yo era custodio en la Casa del Educador y en el trabajo empezaba a hacer esas tareas a las 10 de la noche y cuando veía el reloj eran las cinco. Yo mismo me decía, ‘Armando, tú estás loco’.

“Así mismo me preparé en Español e Historia. En Matemática me esforcé más, porque es el terror de todo el mundo. La prueba de esta asignatura fue el 3 de mayo de 2012. Era el mayor de los que estaban haciendo el examen. Empecé a contestar aquella prueba, pero con el rabo del ojo veía a la profesora que nos cuidaba mirándome, como impresionada por mi edad. Cuando fui a entregar le dije: ‘eso tiene más de 80’. Saqué 87 en Matemática e Historia y 76 en Español, porque con las letras soy malo”.

Universidad: a donde va uno a ver si da…

“Mi hijo menor y yo empezamos las carreras al mismo tiempo, ambas de seis años. Él se fue a la Universidad de Ciencias Médicas y yo a la “Oscar Lucero” en Ingeniería Civil por Curso Para Trabajadores.

“Empecé mi carrera en septiembre del 2012. La matrícula era de 22 alumnos, 18 jóvenes y cuatro, entre los 40 y 50 años.A inicios del tercer año de ese grupo de 22, solo quedábamos siete.

“Desde el inicio improvisé en mi casa un aulita donde repasábamos mis compañeros y yo. Por ahí pasó el 70 por ciento de los profesores de la carrera.

“Tuve un primer año muy bueno, pero después afronté dos momentos difíciles.El primero fue la Física I en el segundo año. Desaprobé las dos pruebas parciales. Tuve que hacer un coloquio para ir a la prueba Final del Semestre y la desaprobé también.

“Pensé en dejar la Universidad, pero hay cuatro muchachitas que son mis hijas, que gracias a ellas estoy haciendo el cuento: Elizabeth, Sara, Misladis y Rosario. Desde el primer año se unieron a mí. Cuando dije ‘llegué hasta aquí’, me convencieron de que podía seguir. Me preparé con su ayuda y la de dos profesores y logré sacar el extraordinario.

“El segundo momento fue mucho más difícil y aún lo es. Cuando faltaban tres días para el comienzo del tercer año de la carrera, falleció mi hijo mayor. Ese es el golpe más duro que puede recibir un ser humano.

“Las clases comenzaban el 6 de septiembre del 2014 y ese primer encuentro los compañeros del aula no asistieron, se me mudaron para mi casa.

“Yo no iba a seguir estudiando y me enfrentaba a la situación de que mi hijo pequeño tampoco quería continuar su carrera. Pero hubo un amigo que me dijo, ‘Armando, párate frente a la foto de Jesucristo y pídele que el espíritu de Antonio Maceo y Grajales reencarne en ti, porque tienes que volverte Maceo para resolver esta situación.No puedes permitir que tu hijo pierda la carrera.

“Créeme que Antonio Maceo reencarnó en mí. Me tuve que convertir en un león y sentarme con mi hijo y decirle que mientras yo estuviera vivo, con un poquito de fuerza y aliento, tenía que seguir estudiando. No quedaba otra opción y el único camino era demostrar que sí se podía.

“Yo también me decía que tenía que seguir para darle el ejemplo a mi hijo. Él tenía que ver que su padre no renunció a su carrera. Esa era la única forma de darle aliento. Gracias a Dios, el día 10 hace la prueba final de su carrera y se me gradúa el 21 de julio. Ahora en la pared de la sala de la casa el título de mi hijo mayor, no estará más solo.

“Los compañeros míos siguieron empujándome y mis cuatro niñas, que fueron esenciales en mi vida me decían: ‘Sí se puede’. Nunca me dejaron solo. Con su ayuda y la de los profesores, logré vencer”.

Sin tesis no hay paraíso…

“Comencé a exponer sin ese gran nerviosismo, porque me había preparado bien con la ayuda de mis excelentes tutores. El tema fue Estrategia de Gestión de Ciencia, Tecnología e Innovación en el sector de la construcción, específicamente en las empresas productoras y comercializadoras de materiales de construcción.

“Tuve un momento en que perdí el hilo, porque que metí un ‘deazo’ mal en el mando del proyector y se me fue una diapositiva. Me pasé casi un minuto buscándola, pero todo el mundo me dio aliento. Recobré mi diapositiva y seguí por ahí pa’ allá.

“Lo único que siento es que le voy a echar tremendo menos a la universidad cuando llegue septiembre y no tenga nada que hacer los fines de semana. Por ahora pienso trabajar como ingeniero en mi especialidad y a pie de obra, que es lo que me gusta”.

56 años no es nada…

“Alguien me dijo que el cerebro humano alcanzaba su capacidad plena entre los 45 y 55 años. Con esa filosofía estudié. Alguna asignatura me dio trabajo, como a cualquier estudiante, pero tampoco me fue tan difícil como pensé cuando comencé la carrera.

“Nosotros dimos 52 asignaturas, 11 las terminé con tres, 11 con cuatro y 30 con cinco. Soy un alumno normal, solo que le puso amor a lo suyo”.
 
Rosana Rivero Ricardo
Author: Rosana Rivero Ricardo
Rosana Rivero Ricardo. Periodista 25 horas al día. Amante de las lenguas... extranjeras, por supuesto. Escribo de todo, porque “la cultura no tiene momento fijo
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Comentarios  

# Niurka 09-07-2018 10:18
Lindo artículo y muchas felicidades para Joel Armando
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# Dj Yan 10-07-2018 14:05
Muuuuy bien, como dice un amigo...nunca es tarde si la pincha es buena jj, comparto las emociones ya que con 38 curso una carrera universitaria y para nada creo que la edad influya mucho, lo que si influye son las ganas de llegar a la meta aun cuando la pista esta falta de mantenimiento jjjj...saludosss
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# Alexander Fernández Pérez 12-07-2018 17:50
Felicidades estimado Armando por su logro profesional, personal y familiar. Recibirá este domingo 15 de julio el título de Ingeniero Civil, por el cual realizó no pocos sacrificios, sorteando además muchos obstáculos, algunos de los cuales conocí, supo poner en alto la entereza de los estudiantes de curso para trabajadores.
Sé que fue un reto para Ud. distribuir su tiempo en ser padre, esposo, obrero.... y además dedicarle parte a sus estudios. Hoy ese reto está cumplido, logrando marcar la diferencia.
Una vez más mi hermano Armando Felicidades para Ud. y su bella familia
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# luna 22-07-2018 20:26
Increíble! Mis respetos al señor Joel Armando. No lo conozco pero realmente es admirable su esfuerzo y dedicación. Es una historia inspiradora para todo aquel que renuncia a sus sueños así no más porque el camino parece difícil, siempre hay a qué aferrarse en los peores momentos para seguir adelante. El límite es cl cielo.......
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