Ella, campesina, madre y abuela

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Fotos Elder LeyvaFotos Elder Leyva
 
Ella es de donde hubo un río y júcaros frondosos. Creció junto a sus abuelos, rodeada de primos; entre inocentes “maldades”, cuentos de aparecidos, pájaros de colores y guayabas maduras. Con esa vida hermosa y simple del campo cubano, que actúa como coraza ante la hipocresía y le da a su gente una mirada límpida y una lengua sin dobleces.
 
Ella se llama Marisely Verdecia Valdés, pero le dicen Chela, es campesina, madre y abuela. Nació en Güirabo y vive hoy en el poblado de Jucarón, en el municipio de Holguín y pertenece a la cooperativa Ñico López. Ella sonríe y está orgullosa hasta la médula, de su vida y su trabajo.
 
Sus abuelos sembraban diferentes cultivos, incluso rosas, pero ahora, como el agua tiene mucha salinidad y los suelos se han compactado, no prosperan estos cultivos. Antes llovía, pero hoy la sequía es intensa y solo en estos últimos días ha llovido como solía hacerlo en los mayos de su niñez.
 
Dice que le encanta la crianza de ganado y junto a su esposo tiene dos caballerías para el desarrollo de ganado mayor y ovino- caprinos. Ella es propietaria y el marido usufructuario. Sobre cumplen los planes de entrega de leche y están propuestos para vanguardias nacionales del sector.
 
Ama su trabajo, sobre todo esos momentos del pastoreo, la alimentación y la época de partos, pues las hembras de su rebaño paren con solo pocos días de diferencia, por lo que este asunto deviene odisea familiar dos veces al año.
 
Sueña y está a la espera de un proyecto de cooperación, porque pertenece a la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) que le permita incrementar las producciones. Quiere tener los medicamentos para sus animales cuando los necesita y hacer un biogás, para humanizar algunas labores y aumentar la cría con otras especies como los cerdos.
 
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Como mujer, madre, esposa e hija, pide salud para ella y para los suyos. Aspira mejorar las condiciones de su casa. Sabe que todo depende del trabajo, del esfuerzo y por eso no se cansa. Desea prosperidad para su país y buenaventura para la Revolución, que le dio derecho de ser propietaria, derecho que heredó de padres y abuelos, gente pobre beneficiada con la reforma agraria.
 
Es militante del Partido Comunista de Cuba y por estos meses, en medio de la jornada de celebración del Día del Campesino, desarrollada en toda la provincia, ha participado en trabajos voluntarios, encuentros con los jóvenes, inauguraciones de obras y conversatorios con aquellos que asistieron al Congreso Campesino en Armas, entre otras actividades.
 
Estará presente este 15 de mayo en la localidad de Yuraguana, en la celebración del acto provincial por la efeméride, porque la guía de la Anap es vital para el desarrollo de cualquier tarea encargada a los campesinos, según confiesa esta mujer, que valora el trabajo integrado, entre todos los actores sociales, como la mejor solución a los problemas en las comunidades campesinas.
 
Ella es una guerrera, que se levanta antes del alba para sacarle el máximo al día, cuida de su madre enferma, su hijo de 11 años, su esposo, su finca y tiene tiempo para trabajar en las brigadas FMC-Anap, donde comparten experiencias y conforman una red de apoyo envidiable entre mujeres rurales.
 
La hija mayor hace cuatro meses le ha hecho un regalo: una nieta, un premio mayor, una preocupación constante, alegría y orgullo que no pueden definirse con palabras. Tal vez, en silencio, añora un tiempo como el suyo para su nena, con un río, una loma o un hermoso y simple nido hecho de caña y de maíz.
 
El varón aún vive a su lado y se perfila como heredero de las tradiciones campesinas de esta familia. Ella, le ha dejado que tenga responsabilidad con los animales y con la tierra desde pequeño. Tiene talento el chico para domar terneros, para enseñar caballos y otras tareas de la ganadería.
 
Ella, dice que lo más importante es sentirse útil y saber que aporta a la alimentación del pueblo. Lucha, trabaja, brilla con luz propia, espera el buen tiempo y este 17 de mayo, nuevo aniversario de la fundación de la Anap, cuando se agita al máximo el alma campesina en Cuba, Marisely Verdecia Valdés, Chela, cumple sus 35 años.

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