Otra vez estamos aquí, luego de un año de desvelos. Entre la noche y el día, entre la madrugada cómplice que insiste en la música profunda y cubana. La Plaza da Silva vuelve a ser testigo de canciones, vuelve abrazar el llanto de una guitarra, las voces diversas, un piano que sangra, seduce. Es Gibara, es el mar, es el sueño de Solás.