Mantenimiento

  • Por Maribel Flamand Sánchez
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Fue en 2017 cuando el tramo de carretera que inicia en el puente sobre el río Milagrito, en las proximidades de la Placita de Pueblo y se extiende hasta el legendario Valle de Mayabe en esta ciudad de Holguín recibió una reparación de alta magnitud que costó unos dos millones de pesos y requirió de objetos de obras complejas, como un drenaje pluvial de alrededor de 362 metros.

Abrazar con la mirada

  • Por Darianna Mendoza Lobaina
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Los cubanos distinguen en el mundo por su hospitalidad, su carácter afable, ruidoso, espléndido. Por decirle “mi amor” a la señora de la bodega, al cochero, al chofer de la guagua o al portero de la tienda. Por tener la capacidad de socializar en cuestiones de segundos con un desconocido y entablar una conversación, que puede ir desde la Serie Nacional de Béisbol hasta los conflictos de la novela de turno en la televisión.

La impronta escrita de la Prensa en Holguín

  • Por Calixto González Betancourt
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La prensa escrita en Holguín tiene una larga y profusa historia. La fundación del primer periódico holguinero ocurrió el 29 de marzo de 1862, con la aparición de La Luz, dirigido por José Antonio Nápoles Fajardo, hermano del Cucalambé (Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, relevante figura de la poesía cubana, que nació en Las Tunas el 1 de julio de 1929), pero ayudado decisivamente por José Viralles.

Lázaro Peña, una semilla

  • Por Maribel Flamand Sánchez
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Con frecuencia paso frente a aquel cartel lumínico, que muestra su imagen siempre sonriente. Cuentan que tal fue su carácter, jovial, afable. Sin embargo poseyó bastante de corajudo. Tuvo que serlo para asumir la dirección del movimiento obrero cubano (entonces Confederación de Trabajadores de Cuba) durante los dos gobiernos más sanguinarios de la Cuba pre revolucionaria, Gerardo Machado y Fulgencio Batista, además de militar en las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

En el centro del pueblo de Holguín

  • Por Rosana Rivero Ricardo
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Cuando regresaba de pase, las primeras horas en la beca preuniversitaria podían ser una dulce tortura. Dulce, porque disfrutaba escuchar las historias de mis amigas sobre sus paseos de noche por la ciudad. Tortura, porque no podía acompañarlas.