Una Revolución con Carácter

“Las Termópilas cubanas, así calificó el Comandante en Jefe al terreno de guerra de la Ciénaga de Zapata, escenario de la victoria de Playa Girón. Abel Diéguez y Tomás Vidal son dos holguineros que estuvieron en combate en aquel abril de 1961. Ambos derramaron su sangre para que el Imperialismo no destruyera la Revolución .“

Aniversario tras aniversario, crece el significado de lo ocurrido en 1961, durante la primera derrota del Imperialismo en el continente americano. Girón tiene de pólvora y morteros, de dientes de perro y ciénaga.

Una operación enemiga con nombre de personaje de Disney (Pluto), creada por la CIA y con la anuencia del gobierno estadounidense, trató de echar abajo la Revolución. Exbatistianos, terratenientes, burgueses y personajes antisociales se insertaron en el contingente mercenario, entrenado en distintos sitios, incluso por militares del Ejército yanqui.

Abel Diéguez y Tomás Vidal tenían solo 20 años por esa época y se conocían de la zona de Las Minas de Melones, actualmente municipio de Rafael Freyre. Ambos pertenecían a fuerzas revolucionarias que participaron en la defensa del territorio nacional, agredido desde el mismo 15 de abril, cuando aviones terroristas bombardearon objetivos nuestros, a fin de eliminar la reducida técnica aérea de la Isla.

Asalto suicida

Diéguez, combatiente del Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria, que dirigían Efigenio Amejeiras y Samuel Rodiles, estaba emplazado en La Habana. Por los hechos que estaban ocurriendo y el alistamiento que iban recibiendo los mercenarios, se preveía una invasión. El Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, ya había alertado en la ONU de la inminencia de un ataque fraguado desde Washington.

“Fidel, el 16, declara el Carácter Socialista de la Revolución y yo estaba acuartelado esperando órdenes. Lo que no se sabía por dónde era el desembarco. El 17, durante el desembarque enemigo, esperamos, y al otro día, se reúne el Batallón completo en el Castillo de Atarés y nos entregan armamentos y municiones. En esa misma jornada, el Comandante Efigenio le habla a la tropa y plantea que, por órdenes del Comandante en Jefe, debíamos dirigirnos hacia la Ciénaga de Zapata, donde no se le podía dar tregua al enemigo, porque este quería instalar un gobierno provisional que favoreciera la intervención más directa de EE.UU.”, narra.

Abel giron1

Agrega que “en rastras fuimos hasta la zona de combate, encabezada la compañía por el capitán Roberto Sotomayor”. En la tarde, estaban ya en la Comandancia, en el central Australia. Pararon allí, y los jefes sostienen una reunión con el puesto de mando. Se plantea que avanzarían en la noche, acercándose lo más posible a Playa Girón. Adelantaron y a las 10:00 pm se posicionaron como a cuatro o cinco kilómetros de esta.

“Al amanecer –rememora–, un avión nos ametralla, mas este cae en el central Australia, abatido por nuestra artillería. Por la parte de la ciénaga y el terraplén nuevo empezamos a tener bajas desde las 9:00 am, más o menos. Entablamos un duro combate dos horas después. Con nosotros también intervinieron efectivos del Ejército Rebelde y batallones de las milicias. Cayó en esa lucha el capitán Carbó, uno de los nuestros”.

Cruzando la carretera tuvieron unos cuantos muertos y heridos, pero ya se veían las edificaciones de Playa Girón. Una explosión de mortero lo levantó en peso (echó sangre por los oídos) y mató a un miliciano. A las tres o cuatro de la tarde observaron en Playa Girón las barcazas y los barquitos en desbandada. A las 5:10 pm, se informa, en un parte, la derrota del Imperialismo.
“En Playa Girón, me mojé los pies y hasta la cara me lavé. Nuestro Batallón fue bastante osado y los jefes tomaron aquello como un asalto suicida, con mucho valor, incluso reconocido por los propios mercenarios, quienes creían que éramos rusos o chinos. Fueron alrededor de 30 fallecidos y más de 80 heridos en nuestra fuerza”, recuerda.

Mis piernas sangraban

Tomás Vidal pertenecía a la Columna Uno especial de combate José Martí –formada por jóvenes combatientes–, la cual era dirigida por el Comandante en Jefe, personalmente. Estaban preparados esos hombres para cualquier tipo de acción y fueron equipados con fusiles belgas FAL, de muy buena calidad. En ese abril, partieron desde Cojímar hacia la zona de combate. El 17, se les impartió la orden de tomar por asalto Playa Larga, punto de resistencia enemiga.

“En Pálpite, se ubicó la artillería. Esa noche, y al amanecer del 18, avanzamos a Playa Larga, por una carretera rodeada de dientes de perro y ciénaga, detrás de los tanques. Comenzamos a pie y terminamos así. Los tanques nos acompañaron, yo iba en la primera compañía, pero a uno le dieron un cañonazo que le arrancó la estera. Y al segundo otro disparo le llevó la torreta. Un tercero nos ayudó y al frente de Playa Larga pudimos desplegarnos. Ahí, se produce un momento donde se silencian las armas. Ya habíamos formado una línea de combate. Sentimos cuando los mercenarios se iban retirando. Harold Ferrer era mi jefe”, añade Vidal.

vidal giron2

Un cuarto tanque traía la orden de Fidel para cortarle la retirada al enemigo. Respiraban el olor a metralla y mar. “Vimos a los civiles que salían del área de combate y nos confirmaron la huida mercenaria. En la carretera de Pálpite a Playa Larga perdimos 17 compañeros, entre los días 17 y 18. Regresamos al central Australia y hasta la aviación nos atacó. Mis piernas sangraban, estaban lastimadas por el diente de perro (sus compañeros pensaban que lo había alcanzado un proyectil), y me llevaron a curarme. Luego se nos asigna la misión de proteger al Comandante en Jefe, en los movimientos que este realizaba en la zona de guerra; creábamos prácticamente un anillo alrededor de donde se movía, tal vez ni él sabía que lo hacíamos”, relata.

Reforzaron al Batallón de la Policía para la batalla de Girón. En la tarde del 19, se trasladan al Helechal con Fidel y de allí empiezan a salir los tanques para el asalto final, cuando el enemigo se reembarcaba. En Playa Girón, se encontraron con la fuga enemiga, integrada por grupos enteros rindiéndose y escondiéndose: “Hicimos varios prisioneros, hasta rodeamos a algunos en una casa. El mismo Fidel entrevistó a invasores en los predios de combate. Un Quinto Batallón mercenario estaba intacto en la Ciénaga y lo capturamos completo el día 20. Retornamos dos o tres días después a La Habana”.

Tanto Diéguez como Vidal ratifican que las historias de Bahía de Cochinos no quedaron sobre las arenas o escritas solamente, son lecciones de lo que es capaz de hacer un pueblo tras ver amenazada y atacada su soberanía, su Carácter Socialista. Han pasado 58 años de aquellos hechos, cuyo honor merece ser recordado cada abril.

 

Créditos:


Periodista: Nelson Rodríguez Roque

Fotografía : Elder Leyva y Archivo

Infografía : Adrian Fernández Cuba

Video :Juan Pablo Aguilera Torralbas

Edición: Yani Martínez Peña 

Desarrolladora web: Yeni Nogueira

 

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Comentarios  

# Nelson Alejandro 19-04-2019 16:25
Una victoria también de ¡ahora! por llevar a multimedia este acontecimiento de 1961.
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