Martí y yo
- Por Rubén Rodríguez González
- Visto: 2079
- +
Los balbuceos eslavos sobre un osito que caía de un tablón y se daba un chapuzón no cuentan. Tampoco las nanas de nuestra inolvidable Encarnación: "Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan...". Tenía cuatro años cuando aprendí la primera poesía: "Los dos príncipes", y la recité flamante en el anfiteatro de mi pueblo, de short negro, camisa blanca y lacito.