El nasobuco llegó para quedarse

  • Por Lourdes Pichs Rodríguez
  • Visto: 6029
 
Tiene diversas denominaciones en el mundo: tapaboca, cubreboca, mascarilla, respirador o nasobuco. Hay desechables, profesionales, modernos, cómicos, originales hasta caseros; sin embargo, no importa cómo se les llame o de qué estén confeccionados, lo importante es su uso- rectifico- su buen uso.

Privilegiado universal

  • Por Maribel Flamand Sánchez
  • Visto: 1759
 
La aseveración de que en Cuba lo más importante es el hombre y dentro de cualquier proceso inversionista el trabajador, no es mera difusión de ideas e información favorables al sistema social imperante. Lo refrenda la Constitución de la República que establece el derecho al trabajo y a obtener empleo seguro, consagra que todas las personas, sin discriminación de ninguna índole, reciben igual salario por igual labor y designa al Estado como garante de la seguridad y salud en cada puesto de trabajo.

Conciencia

  • Por Hilda Pupo Salazar
  • Visto: 10405
 
Un joven va por una calle con un nasobuco puesto, pero incorrectamente, para poder fumar, un representante de la autoridad lo requiere, él ofrece disculpa y se lo coloca bien, espera a que el representante del orden desaparezca y vuelve a ponérselo de igual forma.

Reto al sentido común

  • Por Liset Prego Díaz
  • Visto: 2883

Sí que somos complejas las personas. Mírala a ella. Ahora es anciana, ahora millenial, ahora hombre, ahora cinéfila, ahora bibliófila, ahora lleva turbante, ahora parece vivir frente a la pantalla, si tenemos en cuenta la cantidad de series que ha visto. ¿No entiendes, crees que es bipolar? No. Ha sido retada y si la Covid se propagó con rapidez, más lo hicieron los retos en las redes sociales durante estos meses: ya cuentan millones de casos positivos y los contactos crecen por segundo.

Sobre el recuerdo más bien enorme de Eliseo Diego

  • Por Rubén Rodríguez González
  • Visto: 3202

El mayor tesoro de mi pueblo era la biblioteca. Allí me dejaban husmear entre los libros, incluso aquellos que me estaban vedados por mi edad. Entre los volúmenes, descubrí uno particularmente atractivo. Estaba ilustrado con grabados antiguos y hasta su título atrapaba: Muestrario del mundo o libro de las maravillas de Boloña. Como a ojear y hojear solo les diferencia una letra muda, leí: