Crónica de un abrazo que cruzó fronteras
- Por Nelsy Yamirka González Pérez
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A veces el alma se nos llena de preguntas cuando vemos que en nuestra propia tierra, la que nos vio nacer, algunos hermanos han dejado que el odio les nuble la mirada. Duele reconocerlo, pero hay quienes, cegados por rencores sembrados al viento, se han alineado con la vieja mafia que por décadas ha intentado ahogar la dignidad de un pueblo envenenando la verdad.
Pero si el corazón duele por la espina del desencuentro, hoy, desde lo más profundo, quiero contarles otra historia. La que no sale en los titulares del desamor. La que llega en forma de polvo de caminos, de manos cansadas de tanto sostener banderas, de miradas que no necesitan traductor para entender la palabra "hermano".
Porque aquí, en este pedazo de tierra que sigue resistiendo, ocurrió el milagro. Llegó el Convoy Nuestra América. Y no llegaron solos. Llegaron con la frente en alto, con la memoria viva de Martí y el espíritu indómito de quienes saben que la solidaridad no es una moda, sino una razón de vida.

A ustedes, delegación del Convoy, les quiero dar las gracias. Gracias por cada kilómetro recorrido, por cada motor que rugió contra el bloqueo, por cada mirada cómplice que nos devolvió la fe. Gracias por ser la prueba viviente de que hay millones de personas en el mundo —desde el sur profundo hasta cualquier rincón del planeta— que apuestan por la paz, que apuestan por la construcción de puentes, que apuestan por el amor frente al odio.
Ustedes son el espejo donde miramos para no desfallecer. Mientras algunos, desde la comodidad de una mentira repetida mil veces, se ensañan con esta Isla, ustedes deciden poner el cuerpo. Deciden venir a abrazar al cubano, a compartir el pan, a decir sin miedo: "Aquí estamos, porque sabemos que la libertad también se llama justicia".

Por eso, en esta crónica de un día cualquiera que se vuelve histórico, quiero agradecerles. Porque gracias a ustedes, y a todos los que aman a Cuba y a su pueblo con un amor de esos que no se negocian, sabemos que no estamos solos.
Que se escuche lejos: hay millones que apuestan por la paz. Hay millones que, a pesar de las campañas de odio, eligen la ternura revolucionaria, la mano extendida, la caravana que siembra esperanza.
Gracias, Convoy Nuestra América. Gracias, mundo solidario. Porque hoy, en medio de la tormenta, nos recuerdan que el amor siempre será más grande.
