En Boca cerrada no entran esbirros

Hace 50 años, Chino sobrevivió a ocho tiros.
Por aquel entonces tenía 27. Y era lo que se dice un alfeñique, de flaco, de joven, de pantalones anchos.
- Por Claudia Arias Espinosa
- Categoría: Opinión
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Hace 50 años, Chino sobrevivió a ocho tiros.
Por aquel entonces tenía 27. Y era lo que se dice un alfeñique, de flaco, de joven, de pantalones anchos.

Más allá de ser un hombre de cultura y amplia visión política, Carlos Manuel de Céspedes representó, en un momento histórico convulso, el símbolo de la rebeldía nacional. A pesar de que su origen lo ubica en una clase acomodada de terratenientes adinerados, pasó por encima de sus privilegios y encendió la llama en aquel lejano octubre para iniciar el camino libertario, al tañer la campana de La Demajagua bajo la determinación de “Independencia o Muerte”.

Casi frente a la Sala de Rehabilitación una mulata exuberante, con nasobuco amarillo, le dice a su interlocutora: “Conto’ y conto’ (y se refiere a la situación de la pandemia y el aislamiento) la calle está malísima y los delincuentes no paran. A mi hermana, la de la calle Fomento, se le colaron en la terraza y le llevaron la mesa y las cuatro sillas y nadie vio nada”.

Asoman, como sauces llorones en cementerios, las “observaciones” sobre la economía cubana en varias plataformas de comunicación digital a propósito de la apertura a nuevos modelos de gestión, en especial las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), de las cuales 35 (de todo el país) ya “vieron la luz” el pasado miércoles.