Mi familia funciona, ¡y bien!
Hay cosas que no se olvidan, como la de aquella tarde. Pasan los años y miro con indulgencia la niña que fui, sentada en la primera mesa del aula, con todos los datos pedidos por la maestra aprendidos de memoria. Saberlos era tan importante como asumir, finalmente, la responsabilidad de la llave de la casa.
- Por Rosana Rivero Ricardo
- Categoría: Opinión
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