“Chivo” de tinta negra

  • Hits: 852
Secundaria 1Fotos: Juventud Rebelde y blog edumundowordpress
 
“Y así, el 22 de diciembre de 1961, concluyó la Campaña de Alfabetización. Nuestro país fue declarado como Territorio Libre de Analfabetismo”, explicaba mi profe de Historia en aquellos días donde mi pantalón teñía de amarillo y mis ojos prestaban más atención a aquella chica de pelo rubio.

La recuerdo porque jamás la olvidaré: la fecha, la del 22 de diciembre; de la muchacha solo me acuerdo de su cabello, preferí olvidarla porque nunca la conquisté. Ahora me conformo con que me lea y sepa quién soy.

El día antes del motivo de mi artículo, del sueño intranquilo, del terror de algunos estudiantes: el examen; me dispuse a responder la guía de objetivos, porque era la etapa cuando lo hacía, les recuerdo que era la vez de mi pantalón amarillo.Mis compañeros vestían como yo, pero no todos tenían el mismo sueño, mucho menos ser periodistas.

Tenía que aprenderme tres hojas escritas a ambos lados, todas de memoria, ya no existía tiempo para analizar, ni tampoco para investigar,¿por qué la Enmienda Platt era tan injusta o por qué Tomás Estrada Palma traicionó al Partido revolucionario Cubano? Debía repasar tres aspectos de cada hecho,y ya.

Las horas pasaban y no conseguía memorizar las fechas, la pregunta del “ordena cronológicamente” me preocupaba cada vez más. Decidí, con dudas, porque nunca lo había hecho, a escribir en un papel, tan pequeño como pude recortarlo, para que ninguna de las fechas importantes se me quedara.

Al día siguiente sentía nervios, temor, aún más cuando el profesor entregaba los exámenes y decía que estaban difíciles.El aula parecía un espionaje, murmullos, señas, mensajes pasados de mano en mano, además de algún celular encendido.

secundaria 2
 
Traté de olvidar a los otros, pero me era imposible, un socio –no un amigo– me repetía constantemente que le dijera el “ordena”. ¿Cómo podía decírselo? Ni siquiera había iniciado. Allí estaba yo, rodeado de inmensas estafas, alumnos que no tenían vergüenza, se “fijaban” a toda costa.

Logré desenvolverme en las otras preguntas, a mi entender, de buena manera. Solo quedaba la uno, la de las fechas. Pensé en el orden de los objetivos que apenas estudié, de esa forma organicé los sucesos. El inciso “a” fue mi tortura, parecía que él sabía de mi mal, como un enemigo que encuentra tu punto débil. Debía decir cuándo finalizó la campaña de alfabetización.

Llegó el momento de decidir si sacaba mi “chivo de tinta negra”. Recuerdo que se situaba en el bolsillo derecho del pantalón. No podían agarrarme, ¿qué pensaría papá?, siempre ha confiado en mí y me dijo que nunca lo hiciera. El profesor me miraba y yo a él. Esperaba el momento exacto, una mínima distracción para ver aquel papel de letras pequeñas y comprimidas.

Ya lo tengo en la mano. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué el profesor viene hacia mí? ¿Se habrá dado cuenta de mi intención?... Increíble, me ha dicho la respuesta. No solo fue hasta mí, recurrió a los demás. Incluso, hubo instantes en que lo llamaban con desesperación.

Me había quedado perplejo. Por el susto, jamás volví a usar algo como lo que traía en el bolsillo. Tampoco podía admitir que ese hombre tan serio fuera capaz de ir, mesapor mesa, a aclarar las dudas, “según él”.Dudaba si concebirlo como un amigo. Si hubiese sido así, tuve algunos“profes amigos”.

El resto de mi etapa en la Secundaria Básica, en lo que a exámenes se refiere, fue estupenda, estudié, pero no me preocupé por preguntas rebuscadas. Tampoco me aprendí todas las efemérides, ni analicé profundamente las causas del inicio de la guerra del 68. En cambio, conocí a muchos colegas que no tenían la misma suerte. Yo pensé que era un afortunado.

Así llegué al Pre Universitario. Mi nuevo profesor de Historia, desafortunadamente, no era un “profe amigo”. Me ayudó a que nunca olvidara que el 19 de abril de 1961 fue la victoria en Playa Girón o que el 26 de julio de 1953 fue el asalto al Cuartel Moncada.

Le agradezco que siempre me inculcaraque no hiciera un “chivo de tinta negra”. Le hice caso. También le doy las gracias, porque sin sus enseñanzas, no hubiese alcanzado periodismo y nadie habría leído esta crónica.

Escribir un comentario