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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 24 Jun 2017 - 14:18

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Gramática de mujer

“Mujer es un vocablo chico para tanta grandeza, endeble para tanta fuerza, escueto ante tanta delicadeza”... Pudiera ser esta la forma de iniciar un comentario sobre nosotras mismas, para no abandonar la poesía con que los románticos nos asocian y porque, en el fondo, nos creemos “lo máximo”.

En acto de egocentrismo, si de terminologías se trata, para nosotras cinco letras no son suficientes. El alfabeto se queda corto y la prosodia, ortografía y sintaxis no describen nuestra gramática de la vida. Por solo recurrir al lenguaje.

Pero es broma, “descarga” por aquel a quien se le ocurrió poner ejemplos idiomáticos en nuestra contra. Partiendo de acepciones en el diccionario, el Zorro siempre será el justiciero; el perro, el mejor amigo del hombre; el aventurero, valiente y arriesgado; cualquier, será un fulano; hombrezuelo, los pequeños; y callejero, un caminante. Sin embargo, todas las conjugaciones en femenino: zorra, perra, aventurera, cualquiera, mujerzuela y callejera conducen a p...erdición.

Tampoco falta el “símil” que nos dice ser como las hormigas, porque si no estamos bravas somos “locas”.

Por suerte, algunos ponen la degradación como ejemplos incorrectos. Muestra de silogismo errado sería: Premisa mayor: el hombre por naturaleza es inteligente.
Premisa menor: las mujeres no son hombres.
Conclusión: las mujeres por naturaleza no son inteligentes.

No obstante, nosotras nos hemos encargado de demostrar intelecto y valores, sin tomar en cuenta simples locuciones de Academia.

Claro, siempre están los que en plan “limpieza” ejemplifican la “catarsis” con ideas asociadas a que cualquier cosa en nuestras manos se hará fabulosa: de la esperma daremos un bebé; de la casa, un hogar; de alimentos, comida; y de una sonrisa, hasta el corazón.

Como absolutizar no es productivo, mejor no hablamos de que “todos los hombres son iguales”, pues ellos dicen lo mismo de nosotras y ese es campo vedado, al final ninguno sabe vivir sin el otro.

Ah...eso sí, un hombre solo es una variante sui géneris. Por eso, en aras de conquistar, lo mismo se encuentra el que enamora prometiendo “hacer la ensalada”, el que presume de buen “lavatín” como el que dice “planchar hasta los calzoncillos”. Siempre asociado a quehaceres hogareños, ¿por qué será?

Pero de ese tema mejor no dialogar, las comparaciones quedan descartadas, pues hoy nos toca a nosotras, y sabemos que sin los hombres tampoco es lo mismo y menos igual. Aunque, como dice Arjona, “si habitáramos la luna habría más astronautas que arenas en el mar”.

Pero volviendo al Español, siempre se marcan los incisos con “X”, las incógnitas suelen plantearse bajo la pregunta “X”, y por el proto-sinaítico sabemos que “X” es “soporte”, como pedestal, otro punto a favor del cromosoma. En fin, que además de madre, esposa, profesional...la mujer, por sí sola, puede ser sustantivo, sintagma, vocativo, sujeto... Quién sabe si hasta onomatopeya de buenos momentos.

Con nuestra fama de “parlanchinas” y “críticas” especializadas, ponernos a escribir de nosotras mismas es un asalto a la gramática.


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