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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 23 Ago 2017 - 13:58

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La creación literaria carpenteriana

La Habana vio nacer en 1904 a Alejo Carpentier, quien es considerado por la crítica como uno de los más ilustres novelistas contemporáneos de la lengua española.

El ambiente familiar en que se educó le proporcionó un acercamiento al saber humano: un padre francés que quiso ser músico antes que arquitecto y una madre rusa que realizó estudios de medicina y se desempeñó como profesora de idiomas. Empezó a leer precozmente, pero sus lecturas no se diferenciaban de las de cualquier otro niño de su edad: Salgari, Verne, Dumas. A los doce años comenzó a escribir cuentos y novelas que contribuyeron al desarrollo de su estilo. Más tarde realizó estudios musicales y de bachillerato, a los que siguieron los de arquitectura no terminados por razones personales.

En la década del 20, dotado de una amplia cultura, se dedica al periodismo. Se sintió atraído por aquellos sectores que propugnaban una ruptura con las vetustas concepciones del momento. Estuvo ligado, desde su fundación en 1923, al Grupo Minorista, en el que se aunaban voluntades de cambio y esfuerzo. Por sus ideas estuvo preso. En la cárcel escribió Ecué-Yamba-O. Al salir de prisión tuvo que marchar al extranjero.

Viajó a Francia, donde tuvo contacto con los escritores surrealistas. Sin embargo, la relación con el surrealismo no lo desvió de su peocupación por lo americano. Él mismo expresó: “América se me presentaba como una enorme nebulosa, que yo trataba de entender porque tenía la oscura intuición de que mi obra se iba a desarrollar aquí, que iba a ser profundamente americana”.

En 1943, publicó Los pasos perdidos, novela que tuvo como referente un viaje que realizó a Venezuela, donde recorrió el Alto Orinoco y convivió un mes con las tribus más elementales de América.

En ese mismo año, viajó a Haití. Entre los lugares en que estuvo se pueden mencionar la casa de Paulina Bonaparte, Sans-Souci, y la Citadelle La Ferriére. La experiencia recibida fue decisiva porque coincidía con su pleno vigor creativo. Surgió así, la idea de El reino de este mundo, que se publicaría en 1949, para darle fama universal.

Viajó a México, donde se le propuso escribir una historia de la música en Cuba. La aceptó. Entonces escribió su aún no superada La música en Cuba, que apareció en 1946.

Su fama aumentó cuando se publicaron los relatos de Guerra en el tiempo (1956) y la novela corta El acoso (1858).

En julio de 1959 regresa definitivamente a Cuba para asistir al primer 26 de Julio. Traía en su maleta una nueva novela: El siglo de las luces, la que se publicaría en 1962.

Vivió intensamente el triunfo de la Revolución, pues se entregó por entero al quehacer cultural y revolucionario. Fue Subdirector General de Cultura; Vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; catedrático en la Universidad de La Habana, en la rama de Historia de la Cultura; director de dos revistas; director de la Editora Nacional y agregado cultural de Cuba en Francia.

En la década del setenta impactó al público con las obras: El recurso del método y Concierto barroco (1974), La consagración de la primavera (1978) y El arpa y la sombra (1979).

Murió en París, el 24 de abril de 1980, mientras desempeñaba el cargo de Ministro Consejero de la Embajada de Cuba en Francia. Al ocurrir su deceso era miembro del Partido Comunista de Cuba y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Recibió innumerables premios y reconocimientos nacionales y extranjeros, entre los que pueden citarse: el Premio Internacional Alfonso Reyes en Ciencia y Literatura (México, 1975); el título de Doctor Honoris Causa (1975), otorgado por la Universidad de La Habana y el Premio Miguel de Cervantes (España, 1978).

La crítica literaria ha mostrado especial interés por el estudio de los más altos valores de la obra carpenteriana. Como puntos esenciales, en este sentido, deben considerarse las valoraciones en torno al lenguaje barroco del escritor, su tratamiento estético, que determina la utilización de recursos narrativos, que posibilitan la existencia de su teoría de lo real – maravilloso, explicitada en el prólogo al Reino de este mundo por el propio autor, cuando afirmó que: “(…) lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”.

En las obras de este cubano transpira un estilo sobrio, rico en ideas e imágenes, expresiones llenas de naturalismo que responden a una finalidad estética. Esta es la mejor herencia literaria que la literatura francesa dejó a Carpentier. Su estilo barroco está en función de explicar elementos desconocidos por otras culturas.

Leonardo Padura Fuentes, al referirse a la narrativa carpenteriana expresó que lo “real-maravilloso” como noción teórica y traducción estética distintiva de la realidad americana, es un concepto en evolución dentro de la obra del escritor y destaca cuatro estados o momentos diferenciables entre sí: antecedentes, estado de formulación y reafirmación, estado de la Épica contextual y lo insólito cotidiano; y enmarca sus diferentes novelas dentro de estos cuatro estadíos.

La vida y la obra de Alejo Carpentier constituyen un ejemplo de dedicación, entrega y dignidad. Su obra está centrada en la preocupación por el hombre y su acción en el mundo; sin descuidar el elemento estético, con su teoría de lo real-maravilloso, que le sirve de vehículo para comunicarse con el lector. Se sintió cubano y latinoamericano. Tal parece que su actuar estuvo signado por la máxima martiana: “Sin fin no hay estilo. Escribir es sentir”. / Por Laritza Vega, Bárbara Cruz y Roxana Finalés


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